14.10.12


N° 123
Octubre de 2012

  • El veto 105 El jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, alcanzó los 105 vetos de leyes aprobadas por la Legislatura
  • Boedo volvió a brillar en su semana. Entre el 14 y el 23 de septiembre las instituciones de la Red de Cultura desplegaron sus actividades que tuvieron su centro culminante en la fiesta del domingo 16
  • Los 100 años de La Ideal. Por Mario Bellocchio. En el Día de los Cafés los 100 años de La Ideal
  • Lo que Lanata no “pudo” filmar. Por Horacio Cafferata. Firmes declaraciones de Lanata, aunque susceptibles de virar 180 grados ni bien aparezca una mejor oferta
  • EDITORIAL. “Basura Cero” (La ley y la trampa). El encuentro se llevó a cabo el martes 18 de septiembre organizado por la “Asociación Civil, Cultural, Ambiental Todos por la Plaza de Boedo”. Participaron el diputado del Partido Socialista Auténtico Adrián Rodolfo Camps, y el biólogo Aníbal Seleme.
  • Ver, leer y escuchar. Crítica de publicaciones zonales
  • POEMA: TANGO ROTO (Teresa Vaccaro)
  • Callejeando historia. De cómo se “adecentó” el tango. Por Diego Ruiz
  • Dos partidas. Dos legados. Por María Virginia Ameztoy. El primer día de octubre partieron Eric Hobsbawn y Octavio Getino.
  • El monumento a El aborígen. Por Miguel Ruffo
  • Aída Stamponi, una mujer en el Tango. Por Enrique J. Pietrafesa
  • A 67 años de la jornada de octubre del 45. Las patas en la fuente. SUPLEMENTO ESPECIAL
  • Si se quisiera encontrar, hurgando en nuestra historia del siglo XX, una jornada a la que pudiera adjudicarse el liderazgo en materia de cambio político y social, sería difícil -por no decir imposible- hallar una fecha que supere la importancia del 17 de octubre de 1945.
  • Sobre la muerte del ferrocarril. Por Fernando Sánchez Zinny ...el turco no hizo sino disparar el pistoletazo de gracia sobre un cuerpo exánime, vencido por desmanejos, abandonos y malquerencias (...)
  • AYER & HOY. El nuevo CD de Adrián Placenti. Por Leonardo Busquet
  • Filipiscopio. Por Mario Filipini. Aumento
  • De oficio escritor: Néstor Groppa, el mirón, y León Benarós, el mirador. Por Edgardo Lois
  • Parque de los Patricios. Restauración de la Confitería del Zoo


Boedo volvió a brillar en su semana
Entre el 14 y el 23 de septiembre las instituciones de la Red de Cultura desplegaron sus actividades que tuvieron su centro culminante en la fiesta del domingo 16

Por novena vez consecutiva las instituciones barriales agrupadas en la Red de Cultura produjeron una sucesión de actividades que cubrieron una amplia gama de inquietudes, desde espectáculos musicales, tangueros o deportivos hasta funciones teatrales, muestras artísticas, charlas y talleres... Y, como también sucedió anteriormente, la fiesta central en la avenida Boedo, con el brillo habitual que, esta vez, se extendió hasta bien avanzada la jornada nocturna.¡Se viene la 10a. en el 2013..!•



El veto 105
El jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, alcanzó, con el freno a la norma que regulaba los abortos no punibles en la Ciudad, los 105 vetos a leyes que fueron sancionadas por la Legislatura desde que asumió al frente del Ejecutivo a fines del 2007 y, según analizaron algunos legisladores, marca un récord en la historia de la Ciudad desde su autonomía.
La decisión de invalidar la norma de regulación de abortos no punibles, aprobada por la Legislatura con 30 votos a favor y 29 en contra, fue anunciada a través de un comunicado oficial del Gobierno porteño, en tanto que Macri optó por defender la medida a través de su cuenta en la red social Twitter.
“Hemos decidido vetar el proyecto de la Legislatura porque excede el marco regulatorio de la Corte Suprema de Justicia de la Nación”, escribió. (Télam).•





Los 100 años de La Ideal
Por Mario Bellocchio

El 5 de octubre de 2000 la Legislatura porteña sancionó la Ley 35 que instituye al 26 de octubre –fecha fundacional del Tortoni*- como Día de los Cafés, por considerarlos un rasgo típico de la Ciudad y para apoyar una actividad que desde hace décadas forma parte de la cultura ciudadana. Este necesario marco legal hoy se debate con las amañadas prácticas de las catalogaciones del CAAP (Consejo Asesor de Asuntos Patrimoniales) manejadas arbitrariamente y los hechos consumados de los buitres edilicios.

"Háganse justicia a sí mismos, y no destruyan su historia y su cultura” (Yoko Ono, luego de visitar La Ideal en 1998)

Pocos bares y confiterías de aquel viejo esplendor resisten al acoso del mandato de los negocios. Ahí pena la Richmond entre conservacionistas y zapatilleros de marca. O El Molino, debatiéndose en dispar contienda con las penurias de una sucesión y sus tironeos. O Las Violetas, que emergió de los infiernos con la ayuda de alguien que
le encontró la vuelta productiva sin abandonar la esencia. Y hablamos de los que se hicieron con bolsillo holgado y dispuesto, no de los cafés rantes rescatados del olvido y el deterioro a fuerza de transformaciones for export que caminan por la cornisa del buen gusto, cuando no se descuelgan por el lado kitsch.
Hace 100 años, en 1912, cuando a don Manuel Rosendo Fernández, un próspero comerciante gallego, se le ocurrió abrir La Ideal, la calle Suipacha tenía en su contra no ser la Avenida de Mayo -reino del Tortoni- y la virtud de su discreto encanto céntrico. Así que se decidió por no escatimar gastos y construir algo elegante y lujoso. Granito gris y mármol veteado para la fachada coronada por importantes farolas de bronce y presidida por el óvalo que enmarca la simbólica flor de lis adoptada como símbolo de la empresa. Farolas de tres luces en el salón confitería, en la planta baja, recubierta por una boiserie original de roble de Eslavonia. Mobiliario Thonet, en sillas, sillones, mesitas y percheros. Arañas francesas, sillones checoslovacos, vitrales italianos... Y diez columnas, con estuco marmolado, que pueblan el ámbito coronado por un ignoto palco que balconea en un extremo del salón... 
“En algunas confiterías, como en la llamada Ideal, hay, en un palco flotante, una orquesta de señoritas vestidas con traje de baile. Y tiene un gran público admirador que las mira, como miran al cielo entreabierto las benditas almas del purgatorio...”. Ramón Gómez de la Serna, asentado en Balvanera desde que la Guerra Civil lo expulsara de su Madrid natal, gastó un párrafo para su “ideal” rincón entrañable de Buenos Aires, que lo tendría como huésped hasta su deceso, en 1963.
Por una suntuosa escalera de mármol o un ascensor -que se incorpora como un bello elemento decorativo-, se accede al gran salón del primer piso con la presencia de su magnífica pérgola, protagonista, desde sus orígenes, de las fiestas y reuniones sociales para las que fue concebido.

Es probable que, en un principio, aún sin ser el propósito original, el coqueto salón de té tuviera la marcada afluencia de la comunidad inglesa. La “cup of tea at five o’clock” pasó a ser una costumbre arraigada en la naciente confitería de la década del 10 del siglo pasado. No ajena a esta habitualidad es la “cocarda” que se le atribuye como primer establecimiento en producir sandwiches de miga, originados, según se cuenta, en la solicitud de un grupo de ingenieros ingleses ávidos de volver a saborear el “pan inglés”, materia prima esencial para ese tipo de emparedados.
Casi de inmediato a su nacimiento, La Ideal cobró fama pastelera y confitera. Se llegó a contratar a un
afamado artesano de la elaboración de bombones, un tal Maggione, quien ratificó sus pergaminos con deliciosos bombones decorados, masas y “bombas” de chocolate y crema.
El incomprobable mito barrial certifica que Yrigoyen mandaba a buscar a diario, las clásicas “Palmeritas de la Ideal” y que el Gral. Juan Domingo Perón, durante su mandato, también se hacía llevar el servicio de lunch hasta la Casa de Gobierno.

Las exquisiteces de la confitería dejaron su prestigio pegado, seguramente, a una hoja amarillenta de almanaque. Hoy, sentarse a una mesa de la Ideal combina, en marcado contraste, un efluvio de Chanel N° 5 y las concesiones que hubo que hacer para la supervivencia. El tango y el atractivo turístico de su aprendizaje “in situ” brindan una oportunidad supérstite al viejo salón del primer piso, ausentes ya Juancito Díaz, Roy Granata, los Mariscales, los hermanos Dante, o el pianista Osvaldo Norton, casi un sello de la casa.
En las mesas de la confitería rondan los fantasmas de Witold Gombrowicz, Abelardo Arias, Maurice Chevalier, María Félix, Dolores del Río, Vittorio Gassman, Germaine Damar o aquel Sandrini de cuando “los chicos crecían”..., las mesas, decía, conservan ese hálito por el que Alan Parker eligió el lugar para filmar escenas de su “Evita” y Carlos Saura de “Tango”. Una “locación” de privilegio, de las que quedan pocas. Con clima. Basta panoramizar hacia sus ornamentaciones circulares en relieve o referenciar sus carameleras de dieciséis frascos para oprimir, amorosamente, el “play” de la máquina del tiempo.•

 (*) La fecha -propuesta por la Comisión de Protección y Promoción de los Cafés, Bares, Billares y Confiterías Notables- no es casual: el 26 de octubre de 1894 fue inaugurado el pórtico y frente  –diseñado por Christophersen- de Avenida de Mayo 825 que le dio su característica definitiva al histórico Café Tortoni. La referida Ley es de protección a 54 locales del rubro que son considerados como tales por sus hechos o actividades culturales de significación, su antigüedad, su diseño arquitectónico o la relevancia local. En este marco, han adquirido un importante valor patrimonial. El objetivo perseguido es la promoción de la participación de estos sitios en la actividad cultural y turística porteña, impulsando en ellos actividades artísticas acorde a sus características,  asesorarlos en proyectos de  conservación, rehabilitación o restauración edilicia y mobiliaria con profesionales especializados, como así también subsidiarlos en caso de efectuar arreglos edilicios por necesidad.




Lo que Lanata no “pudo” filmar
Por Horacio Cafferata

Firmes declaraciones de Lanata, aunque tan susceptibles de virar 180 grados -como su posición ante Clarín- ni bien aparezca una mejor oferta

Resulta increíble que ciertos personajes realmente contaminantes sigan desempeñando sus funciones con total normalidad o se les siga otorgando credibilidad luego de los papelones con que día a día quedan colocados frente a la realidad que les pasa por encima. Los diputados Patricia Bullrich y Federico Pinedo fatigaron sus dedos en el hoy reconocido medio de difusión de “pensamiento” denominado Tweeter, contraviniendo disposiciones legales de Venezuela sobre los anticipos extraoficiales de resultados eleccionarios, con falsos “boca de urna” que daban por ganador a Capriles, finalmente holgado perdedor. Por toda explicación, y sin disculpa alguna por el ilícito cometido, expidieron sendos tweets lloricosos y decadentes: Pinedo: “Hay que seguir peleando, felicitaciones a los triunfadores y felicitaciones a Capriles que fue muy valiente”. Bullrich: “Lamento profundamente el resultado de la elección en Venezuela. Dirán que es la democracia, la voluntad popular, la soberanía, es verdad, pero la falta de libertad, la persecución al que piensa distinto, las listas que prohíben a los ciudadanos entrar al Estado porque son opositores, la persecución a la prensa, no me harán decir que debo estar contenta y responder lo políticamente correcto. Tristeza es lo que siento”. En este punto, un recuerdo a célebre frase de plumífera diva: “si querés llorar, llorá”.
Y si de divos hablamos, nadie mejor que el ínclito Jorge Lanata, el showman del periodismo vernáculo, espécimen supérstite de camaleón, oportunista ocupante de la jaula que dejó en el zoológico mediático el inefable Bernardo Neustadt. El bueno de Jorgito llegó llorando su falta de material sensacionalista -como el 100% de todo lo que produce- acusando al Estado venezolano de haberlo detenido con excusas banales y haberle hecho borrar el material grabado. La realidad es que fue a provocar su detención exhibiendo ostentosamente en el aeropuerto una carpeta de los servicios de inteligencia venezolanos.
Según informa Telam -y corroboran diversas agencias internacionales- el embajador argentino en Venezuela, Carlos Cheppi, aclaró la demora producida por las autoridades locales en el aeropuerto de Caracas a un grupo de periodistas argentinos, entre los que se encontraba Jorge Lanata. Cheppi explicó que intervino ante el llamado del propio Lanata, y que de inmediato se puso en contacto con autoridades del Ministerio del Interior venezolano para esclarecer el episodio. Consultado sobre cuánto tiempo duró la demora del equipo de canal 13 en el aeropuerto, el embajador contó que ”entre ese llamado y el último que me hizo la diputada Bullrich agradeciéndome lo rápido que habíamos actuado, habrá pasado una hora y cuarto, no mucho más”. El diplomático recordó que “Lanata pasó los controles con una carpeta de los servicios de inteligencia venezolanos. Eso motivó el alerta de los mismos”, y confirmó que según le informaron las autoridades venezolanas, lo que se hizo fue “un procedimiento de rutina”, y que el periodista “nunca estuvo detenido”.
Asimismo, Cheppi destacó que las autoridades bolivarianas le aseguraron que “no se le borró el material a nadie”, en respuesta a las declaraciones de Lanata que aseguraba haber perdido toda su información. Horas antes, Lanata había denunciado que ”el servicio de inteligencia bolivariano” había retenido a él y a su equipo, y que luego de tenerlos demorados en el aeropuerto durante más de una hora, los habían dejado ir no sin antes borrarles ”los archivos de las computadoras y los teléfonos”.

Firmes declaraciones de Lanata, aunque tan susceptibles de virar 180 grados -como su posición ante Clarín- ni bien aparezca una mejor oferta.•



EDITORIAL
“Basura Cero” (La ley y la trampa)

“Los Angeles recicla el 75% de sus residuos.  Y los residuos que son reciclables los venden a 20 dólares la tonelada a una empresa que se encarga de recuperar los materiales.  Nosotros pagamos 67 dólares para enterrarlos en el CEAMSE.  Los otros cobran, nosotros pagamos.” (Adrián Camps).

Un día ponés la basura en el contenedor. Un día no usas bolsas de plástico. Un día no usas el auto y agarrás la bici”. Estamos hablando de residuos sólidos urbanos y no de gaseosos, líquidos, ni radiaciones, ¿qué corno tiene que hacer el auto y la bici si ninguno de los dos genera residuos sólidos?” (Aníbal Seleme)

La Asociación Civil Cultural Ambiental Todos por la Plaza de Boedo organizó, dentro del marco de las actividades de la Semana de Boedo, un encuentro sobre un puñado de interrogantes vinculados a los problemas que generan los residuos domiciliarios en la ciudad ¿En qué cuerpo normativo se generó la ley “Basura Cero”? ¿Cuáles son sus postulados principales? ¿Qué se cumplió? ¿Qué no? ¿Sería posible cumplir con la ley en el futuro? ¿Qué acciones habría que tomar? ¿Habría que reformularla? ¿Cuáles son las responsabilidades del gobierno, de los gestores ambientales, de los ciudadanos comprometidos con el ambiente? Participaron el diputado del Partido Socialista Auténtico e integrante de la Comisión de Ambiente de la Legislatura porteña, legislador Adrián Rodolfo Camps, y el biólogo Aníbal Seleme miembro de la CD de la Asociación “Todos por la Plaza”.
Trascribimos algunos párrafos de los panelistas:

Aníbal Seleme
(...) La segunda trampa que le veo a esta ley es que habla sólo de residuos sólidos urbanos.  Esos residuos no pueden ser caracterizados como basura. Basura también es -charlaba con Mario Bellocchio quien decía: ¡qué día para tirar a la basura!, por la inclemencia del tiempo- y uno utiliza  a veces la palabra basura en sentido peyorativo..., y es verdad. Cualquier desecho puede ser considerado basura. Pero la basura incluye también contaminantes líquidos y gaseosos que van a los cursos de agua tanto superficiales como profundos o a la atmósfera. Y también incluye radiaciones como la ultravioleta, el sonido y otras radiaciones indeseables que no están legisladas ni tratadas suficientemente. Si nosotros tuviéramos todo ese concepto de basura, o de polución, estaríamos en un camino de sensibilización un poco más correcto.
La tercera trampa que yo le veo a la ley es el famoso cronograma que establece, que después fue reglamentado en el primer decreto. Un programa que establecía fechas y..., ésto es como cuando uno dice el lunes empiezo a hacer gimnasia. Y, bueno... ¿Qué lunes? ¿Cuál lunes?
Acá ya empezaron a pasar las fechas y no se pudieron hacer las cosas. Evidentemente hay un problema grave de voluntad política. Sobre todo la administración actual. Pero no menos cierto es que hay otras trampas…
La cuarta que es que la ciudad de Buenos Aires necesariamente tiene que combinar con otras jurisdicciones para la deposición final. Esto está establecido en el artículo 7° de la ley.  Lo de combinar con otras jurisdicciones es porque la jurisdicción  de la CABA es reducida en tamaño para la disposición final de tanta basura: entre 5 mil y 6 mil toneladas por día.  ¿Con quién va a hacer convenios? ¿Con Jujuy? ¿Con San Juan? No. Es con el Conurbano bonaerense y si no, con el Rio de la Plata. Con la jurisdicción marítima.
No hay muchas más jurisdicciones. Eso de otras jurisdicciones es una suerte de eufemismo. Tiene que convenir, sí o sí, con el Conurbano bonaerense, que ya también es todo un tema.
Porque hay que convenir tantas cosas con el Conurbano bonaerense que ya sería hora de pensar en otra cosa. No tanto convenio y hacer algo más definitivo que seguir conviniendo cosas como transporte, salud, educación, policía, basura y todo lo que venga..., que hay que convenirlo porque forma parte de una unidad casi indivisible. Ahí hay otra trampa porque nos colocamos en un problema de diferencias sociales, políticas, diferencia de criterios abismales entre jurisdicciones y voluntades diferentes. (...)

Adrián Camps
(...) Segunda incoherencia: hay una ley que propone reemplazar las bolsas de supermercado, que son de plástico -que se degradan en 200 años- por biodegradables, que se degradan en 4 meses.  Noble proyecto que aprobó la Legislatura de la CABA.  En la Argentina no existe quien fabrique esas bolsas. Lo estuvieron buscando y no hay nadie ni nadie tiene la capacidad instalada como para hacer semejantes cantidades de bolsas. Entonces dijeron: esto no lo podemos hacer, hagamos bolsas de dos colores. Negras para los residuos normales, verdes para los reciclables. Las hacemos más grandes para que la gente las use en las casas para separar residuos y hacemos la campaña de separación. Bienvenido. Ahora como la reglamentación proviene de una ley que iba a desalentar el uso de bolsas en los supermercados, con el uso de la biodegradable, deciden ponerle precio a la bolsa para desalentar que la gente se la lleve. Y si yo quiero que la gente separe en las casas ¿Por qué desaliento para que se la lleve? No tiene ni pies ni cabeza.
Este tipo de incoherencias absolutas es propio de personas que no tienen claro adonde van. Seguimos con las campañas superficiales. “Don José puso la bolsa en el contenedor”. ¡Mamita! ¿Qué bolsa puso? ¿En qué contenedor? Gastan millones en cosas que no sirven para nada y no utilizan las escuelas, las ONG, los clubes, para fomentar la separación en origen.
Yo tengo a mis dos hijos en escuela pública. Nunca vinieron a mi casa y me dijeron tenés que tener dos bolsas. Quiere decir que nadie hizo una acción desde las escuelas que son las grandes generadoras, a través de las cuales nosotros podemos meternos en las casas de los vecinos. Ni en las escuelas, ni en los clubes, ni en las ONG... Todo superficial. Unos chicos que tocan la guitarra. “La ciudad va a ser más verde si vos estás” ¡Qué se yo!
El otro día hablé en la Legislatura y planteaba el ejemplo de Los Angeles. Los Angeles recicla el 75% de sus residuos.  Y los residuos que son reciclables los venden a 20 dólares la tonelada a una empresa que se encarga de recuperar los materiales.  Nosotros pagamos 67 dólares para enterrarla en el CEAMSE.  Los otros cobran, nosotros pagamos. Por la fracción que es reutilizable...  ¡Y pagamos 67 dólares! Eso habla de la realidad de nuestra gestión de Gobierno en la Ciudad.

El encuentro, que finalizó con un interesante intercambio de conceptos de los panelistas con la concurrencia, se llevó a cabo el martes 18 de septiembre dentro del marco de la Semana de Boedo 2012 bajo el lema “Cultura ambiental”. Mesa debate “Basura cero” (la ley y la trampa) en la Biblioteca popular Athos Mariani de Quintino Bocayuva 1261, organizada por la “Asociación Civil, Cultural, Ambiental Todos por la Plaza de Boedo”.•




Ver, leer y escuchar

RETAZOS DE BARRIO Y OTRAS CUESTIONES
Federico Prestía, Bs. As., 2012.
Un retazo bien puede remitir al saldito por fin de temporada de aquellos que se ofrecían en las tiendas de barrio, cuando vivir implicaba otro ritmo, con menos alarde tecnológico y más humanización. Y uno se daba ciertos lujos: la barra de la esquina en el Café de siempre, la mateada en la vereda, ya de tardecita, en musculosa y con la silla al verres (aunque esa posición cause pánico en el teatro por su tradición de mala suerte); el empedrado lustrado en la noche-madrugada por el cisterna municipal, la garita del vigilante y el otro agente, el tonbo de la esquina que hacía la ronda con el silbado de tonos en clave.
Es inevitable que -así las cosas- entre retazos deshilvanados del pasado y algunas otras cuestiones de la vida y sus alrededores, aparezca la porfiada nostalgia, aderezada con una buena pizca de melancolía.
La nostalgia es el suspiro de la memoria y la melancolía es la fractura del alma que se abre conmovida por aquello que ya no está. Algo así, creo, es lo que propone Federico Prestía, en su nuevo trabajo, “Retazos de barrio y otras cuestiones”.
Dividido en dos partes bien plantadas, el poeta enumera recuerdos y nos invita a transitar sus perplejidades con aroma de barrio. Abre la puerta una cita contundente de Julián Centeya, el hombre gris de Buenos Aires (la nostalgia siempre se pinta de gris). En su primer poema Prestía, apunta directo al corazón: “que jodido es estar nostalgioso…” Sigue la enumeración poética de los amigos, la balconada, el bar (inevitable)… “Y pensar que creía que perdía el tiempo…” Sí, Federico, al Café-Bar se va a perder el tiempo pero con dignidad de porteño al pié. La segunda parte, supone una enumeración general de cuestiones existenciales: “ni la poesía ni el poeta pueden morir de mercado / la poesía es porque sí / un instante de sensibilidad arrojado a la nada...”. Así se presenta el libro de Prestía. Me permito una sutil diferencia, este poemario, atrincherado en nostalgias de ayeres variopintos, está arrojado al corazón del lector. (L.B.)

ARDUA LA VIDA - Dionel Filipigh
Ediciones Nueva Hispanidad, Haedo, Pcia. Bs. As., 2011.
Este libro es una especie de cuaderno de bitácora donde Dionel Filipigh fue anotando meticulosamente  esa suma de “aprenderes” -como él mismo dice-, que fue recogiendo durante los últimos diez años mientras hacía transmisible la verdad del vivir a destajo. Con todo este material caliente de emociones a veces, tibio de ternuras otras, fue amasando “Ardua la vida”, pan entregado en forma de poesía para nutrimiento de sus iguales, que celebran este poemario como propio dada su indiscutible densidad humana. Anoto de un poema: “Quieres que te cuente/ que he dado vueltas tantas hojas/ que la existencia finalmente no ha sido en vano. [...]  La vida pródiga en prodigios/ me ofreció finalmente una red,/  la dificultad fue utilizarla,/ la torpeza fue confundir muchas veces /mojarritas con pirañas.”.
Nuestro poeta nació en Formosa en 1944; hasta donde sé, sólo participó en “La hermana mayor. Perspectivas de una larga revolución”, obra colectiva; recién en el 2011 dio a conocer el volumen que reseñamos, lo que habla a las claras que ha evitado los pecados de juventud que muchos cometimos (a excepción de Rimbaud, claro está), por “apresuramiento poético”; y lo bien que hizo, pues al salvar aquellos escollos, a sus años, nos ha entregado un libro medular. (R.D.)

CARLOS GARDEL* - J. Muñoz y Carlos Sampayo
Zorro Viejo, Bs. As., 2012.
(*) la voz del Río de la Plata.
Los lectores que esperaban encontrar una biografía en clave historietística se sorprenderán porque sus autores anuncian que se trata de “nuestra variación sobre la vida de Carlos Gardel”. Y emprendieron la tarea de forjar una ficción audaz. El binomio Muñoz-Sampayo dio libertad a su creatividad, pero tuvo en cuenta las vacilaciones que siempre se plantearon en torno a Gardel.
El guión de Sampayo exhibe su talento y oficio,y acude a un recurso muy suyo como la de establecer múltiples líneas de lectura sobre una historia. Así, por momentos se lo tilda de políticamente acomodaticio, ya que se codeaba con socialistas -aparece Alfredo Palacios-, y con conservadores deshonestos (en la historieta Gardel canta para Alberto Barceló, intendente de Avellaneda). Pero también asoma un misterioso anciano, Romualdo Merval -en su juventud un burdo imitador de “el morocho del Abasto”-, que declara varias veces a lo largo de la historieta que él mató a Carlos Gardel.
El texto expone, a través de los dos disertantes, continuos interrogantes sobre la conducta de Gardel: “Más de un testimonio hay de que temía la cercanía femenina”; “Honraba a su madre por encima de todo”; “Su pasión por el juego escondía su ambigüedad”. En la historieta se lo observa distante y conflictivo en su noviazgo con Isabel del Valle. Asimismo, se enfatiza su muy especial relación con Azucena Maizani. También se insinúa que hubo un complot tramado por empresarios de EE.UU. para boicotear su proyecto de fundar una productora cinematográfica en nuestro país. 
Muñoz y Sampayo han visto en esta característica huidiza de Gardel un símbolo de la también inasible identidad nacional.
Tal vez lo más atrapante del libro sea pasear por Buenos Aires a través de las aplicaciones de tinta de Muñoz, que ofrece refulgentes figuraciones de blancos y negros que se entrelazan y combinan como proyectando un laberinto. Por último, una hermosa viñeta ilustra una escena con la multitud que acompaña sus restos por la calle Corrientes.
Aconsejamos al lector -si desea emocionarse-, leer los globos de diálogo que exponen parte de las letras inmortales de “Caminito soleado”, “Mano a mano”, “El día que me quieras”, “Rubias de Nueva York”, “Golondrinas”,”Noches de Atenas”, “Volver”, “Soledad”. Y complementar esta lectura escuchando, a la vez, estos discos en la voz de Carlitos. (G. C.)



POEMA
Tango roto

Ayer empedrado y hoy asfalto.
Cordón, vereda, umbral.
Paisaje urbano.
Afuera el tránsito, la vida.
Adentro un tango que se angustia,
roto.
Ya no sos el compadrito seductor de minas.
Ahora te visten reciclado para turistas.
En primera plana, con brillo nuevo.
Mostrás hilacha de origen arrabalero.
Me cantás al oído. Me envolvés en tu dulzura.
Me cercás a cada paso para cobrarme factura.
No sé qué herencia de barrio creés que llevo escondida,
si de tu generación no acompañé la música.
No pretendas que siga tu juego, tu súplica, tu dolor.
¿Perdonarte? ¿Qué me perdones? ¡Tampoco!
Vengo a darte pelea.
No quiero que nadie a mí me diga
que te invade una idea vengativa.
Sin terceros en el medio
hablemos, mano a mano, de igual a igual,
Tal vez lleguemos a un mal arreglo.

                              Teresa Vaccaro




Callejeando historia
De cómo se “adecentó” el tango
Por Diego Ruiz

Andaba el cronista, en su último callejeo, comentando la singularidad del repertorio de Agustín Magaldi y lo calificaba de “excéntrico”, en el buen sentido de la palabra, porque no se ceñía a las corrientes entonces en boga en la letrística: no cantaba en lunfardo, no hablaba de guapos ni de canfinfleros abandonados por la mina, ni de cabareteras o milonguitas..., sus personajes eran populares o proletarios y la mujer era tratada con respeto. Y agregaba el cronista que ese repertorio, mechado con románticos valsecitos o alegres rancheras, eran la locura de nuestras madres o abuelas; aquello que hoy nos parece cursi o kitsch respondía al gusto popular de aquella época -décadas de 1920 y 1930- en las que el tango se había elevado socialmente y masificado. Es cierto que muchos letristas seguían insistiendo con las viejas temáticas, y lo harían por mucho tiempo, pero esta paulatina depuración estaba preparando la irrupción de los grandes nombres de la década de 1940 que darían definitiva estatura literaria a la poética tanguera.
Pero, ¿cómo se había producido esta evolución del tango desde sus orígenes orilleros y prostibularios hasta su aceptación por la mayoría de los sectores populares? El cronista confiesa que siempre le ha sabido a poco aquella explicación de que todo comenzó cuando el barón Demarchi -casado con una de las hijas de Roca- lo hizo bailar en un teatro céntrico para mostrar su belleza coreográfica; o la nunca comprobada demostración del baile ante el Papa Pío X para que dictaminara sobre su inocuidad; o de que su aceptación en Europa, a partir de los viajes de los Gobbi y Villoldo a París para grabar sus primeros discos, trajera de rebote su aceptación por nuestras clases medias. Es posible que alguno de estos factores haya influido, tanto como su divulgación a partir del fonógrafo, del teatro por secciones y, posteriormente, de la radiofonía, pero el cronista estima que todos se inscriben dentro de un proceso más amplio de ascenso de nuestras clases medias que ya ha comentado en mayo, en el artículo Del arrabal al barrio. El tango fue creación y patrimonio de los orilleros, de esas capas semirrurales a las que el crecimiento de la ciudad fue expulsando o domesticando y se desarrolló en los ambientes prostibularios que florecieron al compás de la inmigración de enormes cantidades de hombres solos, que venían a probar fortuna para después llamar a la familia o crearla en el país. Pero cuando ese inmigrante se estableció, puso casa, contribuyó al crecimiento del barrio y mandó a la escuela a sus hijos -es decir, se adecentó- no pudo menos que rechazar esa música para reafirmar su respetabilidad. Ejemplos sobran: el padre de los De Caro, músico él mismo, los echó de la casa cuando descubrió que practicaban el género; y el de Floreal Ruiz, de seguras simpatías libertarias por el nombre dado a su vástago, cuando éste le manifestó sus deseos de dedicarse a cantor hizo lo mismo, manifestándole que “en su casa no cabían los cafishios”, o sea que para el noble progenitor el tango y sus intérpretes eran directo sinónimo de mala vida y trata de blancas... ¡y esto ya en la década de 1930!
Evaristo Carriego, fiel observador y cronista de la primera década del siglo XX porteña, dice en El alma del suburbio “En la calle, la buena gente derrocha/ sus guarangos decires más lisonjeros,/ porque al compás de un tango, que es La morocha/ lucen ágiles cortes dos orilleros”. Pero en El casamiento, uno de sus poemas póstumos, la cosa cambia: “El tío de la novia, que se ha creído/ obligado a fijarse si el baile toma/ buen carácter, afirma, medio ofendido,/ que no se admiten cortes, ni aun en broma./ la modestia a un lado, no se la pega/ ninguno de esos vivos... seguramente./ La casa será pobre, nadie lo niega:/ todo lo que se quiera, pero decente-”. O sea que el baile con corte es cosa de orilleros, algo que no podía ser aceptado en las casas “decentes” por su origen en los bajos fondos. En una escena de la película Así es la vida -basada en la exitosísima obra teatral de Malfatti y De las Llanderas, que estuvo años en cartel- las niñas de la casa bailan a escondidas un tango ejecutado por un organito callejero, y cuando solicitan al tío “calavera” que les enseñe la coreografía, éste advierte que debe ser en el máximo secreto, pues si los padres se enteran...
Por su parte, José Sebastián Tallón, fino poeta recordado por ser el primero que en nuestro medio escribió para niños, pero que también anduvo entreverado en el Grupo Boedo y que había trabado amistad con glorias de la Guardia Vieja como los Greco y los Canaro, escribió un pequeño ensayo publicado póstumamente, El tango en su etapa de música prohibida, donde analiza este proceso de adaptación: “Y si era en una casa de vecindad donde alguien organizaba un baile en el patio, ni qué decir tiene que no hubiese podido realizarse sin ser un baile para todas las familias, no solamente de la casa, sino también para otras del barrio con las que se tenía amistad y compromisos. Y, alegres y bellas, en medio de esta formidable unanimidad de vida del proletariado suburbano danzaban el tango criollo las hermanas de los compadritos (...) Pero entendámoslo bien: quienes más y quienes menos, todos los muchachos del suburbio eran compadritos en esa época (...) Y no llevaron el tango de su casa a la noche, ni el tango de la noche a su casa. Los dos estilos nacieron y se desenvolvieron con entera independencia, y debían por fuerza continuar coexistiendo así, independientemente. Pues cuando se trataba de bailar con las hermanas, atención: eso ya era otra cosa (...)”.

Estos fenómenos de “ascenso” social de bienes culturales son estudiados por la rama de la Antropología llamada Folklore, o Folklorología, y han sido algo común en todas las épocas: una clase social se apropia de elementos originados en las capas subalternas de la sociedad y, al hacerlo, los transforma en mayor o menor medida creando un nuevo bien. Y el cronista piensa que éste debe de haber sido el caso del tango, con la salvedad de que al producirse esta transferencia en las primeras décadas del siglo XX la misma fue favorecida y acelerada por los incipientes medios de consumo masivo, los ya mencionados fonógrafo y radiodifusión. Pero estos medios tienen su propia lógica: para ser exitosos y rentables deben ser la redundancia-masivos..., y la masividad no la garantizaban los “orilleros” ni las capas semirrurales, sino las clases medias urbanas en crecimiento y ascenso, por lo que sus contenidos debían concordar con el imaginario de ese universo de consumidores. Así pues, no nos debe extrañar que Carlos Gardel -que era un inteligentísimo empresario de sí mismo- cambiara muchas letras de su repertorio por considerarlas probablemente ofensivas a la sensibilidad de su público. Ahí está el caso de Oro muerto, también conocido como Jirón porteño, un tango de Juan Raggi y Julio Navarrine (1926) que en su estribillo reza: “El dueño de la casa atiende a las visitas,/ los pibes del convento gritan en derredor/ jugando a la rayuela,/ al rango, a las bolitas,/ mientras un gringo curda/ maldice al Redentor”, al que el Zorzal reemplaza dos líneas: “los pibes alborotan gritando en derredor” y “mientras un gringo alegre se siente payador”. Y así quedó para los posteriores intérpretes, pero la evolución del repertorio de Gardel en este sentido..., merece otro callejeo..•



Dos partidas. Dos legados
Por María Virginia Ameztoy

El primer día de octubre partieron dos investigadores del campo de las ciencias sociales; uno, el decano de los historiadores de occidente, fundamentalmente de la historiografía británica, Eric Hobsbawn; el otro, un intelectual y creador de nuestro país, Octavio Getino.

Eric Hobsbawm
Hobsbawn pertenecía al círculo de historiadores sociales críticos británicos, como Perry Anderson, E. P. Thompson, Christopher Hill y Raymond Williams, para nombrar sólo a algunos de la corriente que se dio en denominar historiografía marxista, una tradición teórica que une historia y sociología concibiendo a la base y a la superestructura yendo más allá del marco teórico meramente economicista, surgiendo el concepto de tratar “la historia desde abajo” y poniendo el énfasis y visibilizando a los sectores populares, los obreros y los campesinos en situación de marginalidad social. En fin, la diálectica de los conflictos de clase y la historia como un proceso en constante transformación. Su pensamiento reinterpretó a los procesos sociales, políticos, económicos y culturales en la dinámica de largos períodos de tiempo, al fin de los cuales las opciones son decididas por los agentes sociales.
Entre sus numerosas obras hay que destacar Rebeldes primitivos, Historia del siglo XX. 1914-1991 y Guerra y paz en el siglo XXI. Y su trilogía La era de la revolución: Europa 1789-1848, La era del capital: 1848 y 1875 y La era del imperio: 1875-1914. Su último libro -Cómo cambiar el mundo- lo publicó en 2011. En su autobiografía, Años interesantes, publicada cuando tenía 85 años, escribió: “Pertenezco a una generación para la que la Revolución de Octubre representó esperanza para el mundo”.

Octavio Getino
Realizador, junto con Pino Solanas de la monumental La hora de los hornos (1968), sobre el neocolonialismo y la violencia institucional ejercida en la Argentina y el resto de América Latina y de los documentales Perón, la revolución justicialista y Perón:
Actualización política y doctrinaria, los documentos audiovisuales más sustanciales de Perón, en los que expone lo fundamental de su pensamiento político. En 1972 escribió y dirigió la película de ficción El familiar.
El Grupo Cine Liberación, del que Getino fue cofundador y teórico, estaba integrado por él, Solanas, Nemesio Juárez y Gerardo Vallejo e integró el movimiento del Tercer Cine, del que formaron parte el Cine de la Base de Raymundo Gleyzer, el Cinema Novo brasileño y el Cine Revolucionario cubano, que concebían al cine como una herramienta medular para el cambio político.
En 1973 fue Director del Ente de Calificación Cinematográfica en 1973 y, entre 1989 y 1990, Director del Instituto Nacional de Cine. Fue además coordinador regional del Observatorio del Cine y el Audiovisual Latinoamericano de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano (OCAL-FNCL). En 1992 estuvo a cargo del primer estudio realizado en América Latina sobre “Dimensión económica y políticas públicas de las industrias culturales”. Entre 2004 y 2007 reguló el Observatorio de Industrias Culturales (OIC) de la Ciudad de Buenos Aires y el Observatorio Mercosur Audiovisual (OMA) de los organismos nacionales de cine de la región. Getino desarrolló su labor docente en cursos de posgrado de FLACSO, filial Buenos Aires y en la Universidad Nacional de Tres de Febrero. Fue además consultor de organismos internacionales (UNESCO, PNUD, FAO y PNUMA) en temas de medio ambiente, comunicación y cultura en varios países de América Latina (Argentina, México, Perú y Costa Rica). Ha publicado numerosos trabajos sobre temas del cine, la cultura y la comunicación latinoamericana y argentina. Entre sus libros más recientes, figuran: “El capital de la cultura: Las industrias culturales en Argentina y en la integración MERCOSUR”, “Cine iberoamericano: los desafíos del nuevo siglo”, “Cine argentino: Entre lo posible y lo deseable”, “Turismo: entre el ocio y el negocio”, y “Chulleca” (cuentos, reedición ampliada).
La historia de la humanidad no sólo está marcada por las aberraciones cometidas por los asesinos y los genocidas, de ser así nuestro pequeño mundo habría acabado hace siglos. Las buenas obras surgidas del pensamiento y las acciones de los creadores y héroes los sobreviven y son asimiladas, sucedidas y perpetuadas por las generaciones siguientes, en un perdurable continuum. •





El monumento a El aborígen
Por Miguel Ruffo

El monumento a “El Aborigen” fue concebido hacia la época del Centenario y es obra del escultor argentino Hernán Cullen Ayerza (1878-1936). En 1912 fue instalado en Plaza Once, de la que fue retirado cuando se emplazó el Mausoleo de Bernardino Rivadavia, para trasladarlo a Plaza Garay en 1928. Tres décadas después fue retirado de ese sitio, tuvo como destino los depósitos municipales y, en 1961, se lo ubicó en Plaza España. “La escultura irradia una gran violencia que trasciende la esfera de lo humano para relacionarse con la naturaleza animal. Coincide su visión con los relatos de los viajeros que en sus crónicas los llamaban ‘bestias feroces o abominables’.” (1)
¿Cómo explicar esta representación? Ante todo señalemos que, en nuestra opinión, el indígena representado es el pampeano. Recordemos que hacia fines del Virreinato la frontera llegaba aproximadamente al río Salado, en la actual provincia de Buenos Aires. La araucanización de la Pampa desde el siglo XVIII le imprimió a la región un fuerte carácter de colisiones y enfrentamientos entre la sociedad hispánica conquistadora (y su heredera la sociedad criolla) y las sociedades indígenas que resistían la asimilación que el español primero, y el estanciero criollo después, querían imponerle.
Los malones, el arreo del ganado vacuno y caballar, las cautivas, los fortines, formaban parte de la sociedad pampeana. Los enfrentamientos se debían a la disputa por la posesión del ganado. Los malones sobre las estancias tenían por finalidad apropiarse del ganado vacuno y caballar, parte de los cuales, cruzados por los pasos cordilleranos del Neuquén, eran luego comercializados en Chile. Los mapuches (llamados araucanos por los españoles) habían incorporado el caballo a su modo de vida. Los caballos modificaron el modo que tenían estos indígenas de relacionarse con el medio geográfico y social. Si antes de la conquista los mapuches eran horticultores, el impacto del caballo modificaría su cultura. Se convirtieron en grandes corredores a través de las llanuras pampeanas en búsqueda de un botín preciado: el ganado, que también los accioneros y estancieros querían para sí. El resultado de la puja por la posesión del ganado fue el conflicto y la guerra. Pero no todo en la frontera era lucha y pelea, también había intercambios comerciales, culturales y diversas formas de sociabilidad. Hubo quienes interpretaron a los grandes malones de fines del siglo XVIII, como estrategias indígenas, destinadas a impedir que las autoridades españolas obstaculizasen las relaciones comerciales entre ambas sociedades. A medida que se consolidó la ganadería bonaerense, se dejó sentir la presión de los estancieros sobre la frontera, para incorporar nuevas tierras para el pastoreo de los animales. De allí la guerra contra el indio. En 1833 Rosas organizó una incursión en profundidad contra el territorio indígena con el objeto de llegar a los ríos Colorado y Negro, batir a las tribus enemigas y acordar con las tribus amigas por medio de pactos, en virtud de los cuales, periódicamente haría entrega de una determinada cantidad de ganado vacuno, caballar y “vicios” (tabaco, yerba, etc.) para tener seguridad en la frontera. Así, al no haber malones, se protegían los intereses de los estancieros. En 1835 aparece un cacique indígena sumamente importante: Calfucurá (Piedra Azul), quien estableció alianzas con Rosas y tras la caída de éste, se vinculó con Urquiza y protagonizó grandes malones contra las estancias del estado de Buenos Aires enfrentado a la Confederación de Urquiza. De allí los dolores de cabeza que tuvo Mitre frente al “emperador del desierto”. Este “Atila de las Pampas” como se lo solía llamar, sería derrotado en la batalla de San Carlos en 1872, falleciendo al año siguiente. Cuando las fuerzas criollas arrebataron  Carhue al indígena, estratégicamente ubicado en el “camino de los chilenos” (por donde se arreaba el ganado que se comercializaba en Chile), la suerte de la “Confederación de las Salinas Grandes” estaba sellada. Luego vino la célebre “Zanja de Alsina”, esa especie de “muralla china” que se quiso establecer entre el territorio de los estancieros y el de los indígenas, para finalmente resolverse el conflicto secular con la campaña de Roca en 1879. Después de este breve pantallazo sobre la historia pampeana y teniendo siempre en cuenta la dimensión conflictiva en la relación entre ambas sociedades, es que podemos comprender la “fiereza” en los rasgos del Aborigen del monumento. Este aborigen era la representación del indio frente al cual había luchado permanentemente la sociedad hispánica primero y la criolla después. Tal vez sea una ironía del destino que el monumento “El Aborigen” en 1961 se lo ubicase en la Plaza España.•

NOTAS:
(1) MAGAZ, María del Carmen; “Escultura y Poder en el espacio público”, Acervo Editora Argentina, Bs. As., 2007, pp. 84-85.




Aída Stamponi, una mujer en el Tango
Por Enrique J. Pietrafesa

“La música es uno de los derechos humanos”

Aída Stamponi nos cuenta anécdotas de personajes ilustres del tango vividas durante su  infancia junto a su padre, el inigualable Héctor “Chupita” Stamponi y además nos  enteramos de su actualidad como pianista y directora de orquesta.

Aída “Maidi” Stamponi es pianista de tango. Nació en el Barrio Norte de la Ciudad de Buenos Aires, hija del maestro Héctor Stamponi y de la cantante lírica Aida Marino, su infancia transcurrió en un hogar de artistas repleto de partituras, libros y long plays visitado por personajes ilustres  como Julio Sosa, Homero Expósito, Cátulo Castillo y Tita Merello, entre otros y de quienes rescata innumerables anécdotas. Esa usina maravillosa alimentó su pasión por la música y desarrolló en ella una fuerte sensibilidad por lo social.
Se inició en el piano y el tango con su padre y luego realizó la carrera de Instrumentista en el Conservatorio Municipal Manuel de Falla, actualmente integra el Ensamble Tango sin Riendas y dirige junto con el maestro Javier Di Sanzo La Orquesta Escuela de Tango Héctor Stamponi, que denominó así en honor a su padre quien además de notable compositor fue un eximio director de orquesta.

-¿Qué recuerdos tenés sobre los “grandes” que visitaban tu casa, Julio Sosa,  Cátulo…?
-Varias personas me han preguntado por Julio Sosa, supongo que lo idealizan como un porteño “canchero”; cuando venía a mi casa me regalaba caramelos Media hora, sin demasiadas vueltas se encerraba a ensayar con mi papá y cuando terminaba, saludaba y se retiraba, un tipo muy serio y profesional. Diferente era mi relación con Cátulo (Castillo); él decía que en mi casa se sentía como en la suya. Recuerdo que le gustaban mucho los perros; si encontraba uno abandonado en la calle se lo llevaba a su casa de Ciudad Evita, le daba de comer, lo curaba y lo adoptaba como propio; tenía más de 25 pichichos. Siempre pensé que vivía en una casa en la provincia para poder tener lugar para todas sus mascotas. Recuerdo a su esposa, Amanda, que era profesora de piano en el conservatorio. Me regaló una hembrita a la que bauticé “Yaquelín”, lo escribíamos así como suena. La Yaquelín era chiquita muy peluda, blanca con las orejas color caramelo y de raza desconocida, como a mi me gusta que sean los perros.  Cuando viajábamos a Mar del Plata o Punta del Este, donde actuaba mi papá, la Yaquelin se quedaba en casa de Cátulo que la cuidaba por varios meses.

-¿De otros famosos, qué historias nos podés contar?
-Siempre recuerdo a Tita Merello que vivía a la vuelta de nuestro departamento y nos visitaba cuando mi papá escribió la música del tango Llamarada Pasional; la letra la había compuesto Tita, venía con Corbata, su famoso chihuahua, ahora diríamos que era una “mascota mediática” (riendo)  porque lo llevaba a todos los programas de televisión donde trabajaba. Le puso ese nombre porque tenía una manchita en el pecho que parecía ser una corbatita blanca. Y ya que estamos hablando de mascotas, quien se paseaba con su perro por el  barrio donde vivía, en las inmediaciones de Sadaic, era Homero Expósito, en los bares “hacían la vista gorda” y lo dejaban entrar con el animalito. Allí, en los bares de su barrio, era donde escribía, quedándose hasta muy tarde, muchas veces no podían cerrar ¡cómo iban a pedirle a Homero que se fuera! Fue como un tío para mí, nació en Zarate y estudió en el mismo conservatorio con mi viejo
que era de Campana.

-Sabemos que vos también forjaste tu propia carrera como pianista y directora de orquesta. ¿Qué nos podes decir de tu actividad?
-Desde el año 2007 integro el Ensamble Tango sin Riendas junto al maestro Sabino López, Diego Larripa y Daniel Resnik. Sabino, quien además de ejecutar el bandoneón es el fundador y director del ensamble, formó parte de la orquesta de José Basso, donde ocupó el puesto de primer bandoneón y trabajó junto a cantores importantísimos como Roberto Goyeneche, Roberto Echagüe y Floreal Ruiz.

-¿Qué repertorio tiene el ensamble y dónde se han presentado?
-Nuestro repertorio incluye tangos tradicionales y también obras muy bonitas de Sabino López. Nos hemos presentado en  La Casa de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, en el Consejo Profesional de Ciencia Económicas y en el Tasso, entre otros lugares. Este año estuvimos en los festejos del Aniversario de la Ciudad de Campana, que para mí representó un hecho de una carga emotiva muy grande porque allí nació mi viejo.

-¿Cómo es el proyecto de la Orquesta Escuela?
-Lo que hacemos, junto al guitarrista Javier Di Sanzo, es una tarea que no tiene nada de académico: la idea es rescatar la música producida en el barrio de Almagro en una reunión de instrumentistas que van aprendiendo el género y a quienes guiamos con nuestra experiencia. La orquesta está abierta a todo el barrio. Tenemos un repertorio que va desde la guardia vieja hasta Piazzolla, además de temas que componen los mismos integrantes del grupo.

-¿Cómo se ingresa a la orquesta?
-Como dijo Violeta De Gainza (pedagoga musical): “la música es uno de los derechos humanos”, por eso para ingresar a la orquesta no tomamos  prueba de admisión y no existen límites de edad, sólo se requiere amor por la música y  ganas de aprender a tocar tango.
Al finalizar la entrevista no quedan dudas  de haber estado con una mujer que ama profundamente lo que hace y que en la actualidad se enorgullece de poder transmitir, mediante la Orquesta escuela, sus conocimientos, su amor por la música, en particular por el tango, a todo aquel que esté dispuesto a recibirlo.•

Foto: Aida Stamponi durante una presentación del Ensamble Tango sin  Riendas en  La Casa de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.




A 67 años de la jornada de octubre del 45
Las patas en la fuente

Si se quisiera encontrar, hurgando en nuestra historia del siglo XX, una jornada a la que pudiera adjudicarse el liderazgo en materia de cambio político y social, sería difícil -por no decir imposible- hallar una fecha que supere la importancia del 17 de octubre de 1945.

A comienzos de octubre de 1945, durante el gobierno de Edelmiro J. Farrel, la creciente popularidad de Juan Domingo Perón cargo de la Secretaría de Trabajo y Previsión-lograda en base a las conquistas sociales que había hecho realidad para la clase trabajadora luego de la prolongada década infame, se produce la renuncia a todos sus cargos públicos y su detención y traslado a la Isla Martín García. A raíz de ello el Comité Central Confederal de la CGT declara una huelga general a partir de la hora cero del 18 de octubre “como medida defensiva de las conquistas sociales amenazadas por la reacción de la oligarquía y el capitalismo”. La iniciativa sindical es, sin embargo, superada por las bases, y desde la tarde del 16 de octubre los obreros comienzan a dejar sus lugares de trabajo. El 17 de octubre miles de trabajadores, principalmente provenientes de la periferia industrial del Gran Buenos Aires, se acercan a la Plaza de Mayo reclamando la presencia de Perón. El gobierno cede finalmente a la presión popular y Perón se traslada a la capital.

Víctor Santa María* analiza las circunstancias previas que desembocarían en la mítica jornada.

 (...) para llegar a ese día hubo una etapa previa de fundamental importancia que nos permite entender las causas que lo hicieron posible.
En 1972, Enrique Silberstein, uno de los más lúcidos analistas de la economía y los economistas que ha tenido el país, sostenía en su libro “Porqué Perón sigue siendo Perón”, que la explicación de la vigencia del líder justicialista, luego de casi dos décadas de exilio, había que buscarla en la gestión de gobierno que desplegó entre 1943 y 1945.
Producido el golpe militar que derrocó al fraudulento régimen presidencial que encabezaba Ramón Castillo, Perón solicitó ser designado en el Departamento Nacional del Trabajo. Pronto, esa oscura y prácticamente inexistente dependencia se convirtió en la Secretaría de Trabajo y Previsión y desde allí se llevó adelante una monumental tarea en materia de legislación laboral, creación de nuevos sindicatos con cientos de miles de afiliaciones, y de una fuerte concientización política a cargo del propio Perón, que se multiplicaba visitando fábricas y talleres para tomar contacto directo con los trabajadores.
Se creó el fuero laboral; se extendió la indemnización por despido a todos los trabajadores; más de dos millones de personas fueron beneficiadas con la jubilación; se sancionó el Estatuto del Peón de Campo, se estableció el pago de un aguinaldo anual y las vacaciones pagas. En 1944 se firmaron 123 convenios colectivos que alcanzaban a más de 1.400.000 obreros y empleados y, en 1945, otros 347 para 2.186.868 trabajadores.
En sólo tres años la Argentina había cambiado de un modo que nadie se hubiera atrevido a imaginar. Por eso, cuando Perón fue detenido por sus enemigos, y los trabajadores vislumbraron que la consecuencia inmediata de ese hecho iba a ser la pérdida de todas las conquistas obtenidas, se movilizaron para reclamar su inmediata liberación. Fue entonces que, el 17 de octubre de 1945, la movilización de la clase trabajadora parió la historia.

(Ya llegarían) ...los años de los gobiernos de Perón y Evita, plasmados en los derechos sociales, en escuelas, hospitales, hoteles, centros de esparcimiento, complejos habitacionales en todos los rincones del país, que todavía hoy testimonian aquel tiempo feliz. En 1954 la participación del sector asalariado en la renta nacional fue de un 56%, revirtiendo la tendencia que se registraba a favor de los sectores patronales hasta comienzos de la década del 40.
“El peronismo redistribuye cerca del 10 por ciento del producto bruto del capital al trabajo. Eso es una de las cosas más radicales que se pueden hacer en el marco del capitalismo. Estoy convencido de que en la Argentina hubo una sola revolución de veras, la revolución peronista”. Esta afirmación, pertenece al historiador Tulio Halperín Donghi, reconocido intelectual que toda su vida ha militado en veredas opuestas a las justicialistas.
El peronismo jamás encajó en los moldes tradicionales de los análisis académicos. Su aparición desacomodó el tablero de un juego hecho a medida de unos pocos. La izquierda se sintió reemplazada, la
oligarquía afectada en sus intereses, la Iglesia cuestionada en su compromiso social, los universitarios invadidos, los Estados Unidos desafiados, los ingleses desplazados. Mientras tanto, millones de argentinos se sintieron dignificados por primera vez, sujetos de derecho, personas. No son pocas razones para explicar la vigencia del movimiento peronista, que ha resistido las pruebas y trances más difíciles. Quizás, porque siempre ha estado más cerca de los hechos que de los mitos.

Sebastián Borro**, un obrero que participó en aquella jornada, produce su conocido relato testimonial que tituló “La gente venía del sur”, publicado en La Opinión Cultural del 15 de octubre de 1972.

El 17 de octubre de 1945 me encuentra cumpliendo tareas en un establecimiento metalúrgico ubicado en Constitución, sobre las calles Luis Sáenz Peña y Pedro Echagüe. Yo tenía entonces 24 años de edad. Mi ocupación era la de oficial tornero mecánico…
En la mañana del 17 de octubre, aproximadamente a las 9, grupos de personas venían desde Avellaneda y Lanús avanzando hacia el centro de la ciudad. Pasaron por la calle Sáenz Peña, observaron que había un taller mecánico (donde trabajaban 130 personas) se acercaron a nosotros y nos dijeron: “Muchachos hay que parar el taller, hay que salir a la calle a rescatar a Perón”.
Las noticias que teníamos en ese momento eran que Perón estaba detenido y que todo lo que se hacía era para rescatarlo. Efectivamente, el taller paró y la gente salió a la calle. Algunos fueron a sus casas. Pero la gran mayoría siguió con los compañeros que venían del sur. Fuimos caminando hacia Plaza de Mayo y habremos llegado aproximadamente a las once y media, porque en el camino íbamos parando los diversos establecimientos de la industria metalúrgica y maderera que había por Constitución.
A esa hora no había tanta gente como la que hubo por la tarde, que cubrió toda la Plaza. En la marcha hacia allí se pintaban sobre los coches, con cal, leyendas como “Queremos a Perón”. También sobre los tranvías. La gente se paraba y reaccionaba a favor de la manifestación que iba a Plaza de Mayo para tratar de cumplir con la idea que tenían los que habían organizado eso. Perón había aplicado leyes nuevas y otras las había ampliado: pago doble por indemnización, preaviso, pago de las ausencias por enfermedad. Eran cosas que antes no se cumplían; hasta ese momento, donde yo trabajaba, no se cumplía ninguna de esas leyes. Le voy a decir más: creo que pocos días antes de su detención, Perón había conseguido un decreto por el que se debían pagar al trabajador los días festivos: 1º de mayo, 12 de octubre, 9 de julio, etcétera. Recuerdo que uno de los patrones nos dijo entonces: vayan a cobrarle a Perón el 12 de octubre (ya estaba detenido). Después del 17 de octubre cobramos ése y muchos días más.
Eran tan reaccionarios los patrones (me aparto un poco del 17 de octubre) que en enero de 1946, estando el capitán Russo en la Secretaría de Trabajo, la empresa en la que yo trabajaba fue citada tres veces. No se había presentado. Tuvo que ser intimado por la fuerza pública a concurrir a la Secretaría de Trabajo, donde algunos de nosotros éramos representantes del personal; no elegidos, porque no había organización gremial, sino porque éramos los más decididos. Uno de los patrones dijo que no tenía tiempo para pagar aguinaldo, vacaciones, a última hora. Le contestaron que la ley 11.729 fue aprobada en 1932. Y que todas las cuentas que no se habían hecho desde entonces habría que hacerlas ahora. Efectivamente, el 1º de febrero de ese año cobramos aguinaldo, pagos por enfermedad y tuvieron vacaciones los que quisieron tomárselas.
Siguiendo con el 17, llegamos a la Plaza; cada vez se hacía más entusiasta; había alegría, fervor. Frente a la Casa Rosada empezaron a armar los altavoces. Hablaron distintas personas, el coronel Mercante, Colom, que fue uno de los últimos oradores. Trataban de ir calmando a la gente: por cada intervención de los oradores, la reacción era más fervorosa a favor de Perón. Se decía que venían trabajadores del interior del país. No lo puedo probar. Recuerdo, sí, que era una tarde muy calurosa y la gente se descalzaba y ponía los pies en las fuentes, muchos por haber caminado tanto. Concretamente lo que yo presencié era la gente que venía del sur. Berisso, Avellaneda, Lanús, Lomas de Zamora. A medida que crecía la cantidad, en la Plaza de Mayo aparecían los carteles. Por primera vez yo observaba algo igual: nunca había visto una asamblea tan extraordinaria. Cuando el coronel Perón apareció en los balcones sentí temblar a la Plaza. Fue un griterío extraordinario que nos emocionó de tal manera. Todo parecía venirse abajo.
Unos días antes se decía que Perón estaba gravemente enfermo. Por los parlantes se había anunciado que el coronel Perón se encontraba bien de salud y que estaba en el Hospital Militar. En un momento, Colom dijo, más o menos: “Quédense que vamos a traer a Perón”. Mucha gente gritaba por Perón á por primera vez-sin tener todavía conciencia clara de su actividad. Porque, además, la gran prensa trataba de desvirtuar la figura de Perón. La gente se enteraba a través de los delegados o los activistas pero no por la prensa, que casi en su totalidad estaba en contra. Aunque él había hablado en distintas oportunidades desde la Secretaría de Trabajo. Y se había hecho carne que era un auténtico defensor de los derechos del trabajador.
Nos causó mucho dolor saber que lo habían detenido pero lo que respecta a mí y un grupo de compañeros- sinceramente nos considerábamos impotentes, porque recién estábamos despertando, después de muchos años, en el país. Para otros, quizá con anterioridad, a partir de ese 17 de octubre despierta la conciencia para nosotros. Se hace carne que al pueblo tiene que respetársele como tal, cosa que Perón proclamaba diariamente. De ahí que, si bien nos sentíamos impotentes, podíamos hacer algo: sacar a Perón de las garras de la oligarquía y colocarlo en el lugar que correspondía para que sea permanente una auténtica justicia. Es decir, ese idealismo que teníamos nunca lo habíamos vivido en el país. No creí que iba a haber tanta gente en la Plaza; lo que sí pensaba era que el agradecimiento del pueblo a Perón tenía que ser auténtico. Pero yo no conocía la reacción de la gente, hasta que la viví.

En 1945, el mítico dirigente peronista Antonio Cafiero tenía 23 años. Era militante cris­tiano en su barrio, San Cristóbal, dirigen­te nacionalista en la Facultad de Ciencias Económicas y empleado de la empresa norteamericana de cajas registradoras National. Cafiero relata su participación en aquella jornada:
“Como militantes, teníamos como re­ferente al doctor Diego Luis Molinari, que había sido senador radical y mante­nía buenos contactos militares y sindica­les. La noche del 16 nos dijo en su casa lo que estaba pasando y lo que sucedería al día siguiente, pero no le creímos. De to­dos modos, la situación era muy atractiva.”
“Pedí licencia en mi trabajo y a eso de las 10 me fui a la Plaza, aunque yo todavía era escéptico...”               ­
“A eso de las dos de la tarde la Plaza empezaba a llenarse. Se decía que el ge­neral estaba en el Hospital Militar. Como no había transporte, nos fuimos hacia allá a pie. Volvimos porque nada aseguraba que Perón estuviera en el hospital. Ahora sí en la Plaza había muchísima gente. De todo. Yo me encontré con un farmacéutico radical y con Andrés Samil, por entonces el principal dirigente de la Federación Universitaria de Buenos Ai­res, que no fue benévolo para calificar la manifestación. Después me enteré por otros testigos de que a pocos metros de donde yo estaba también contemplaba to­do con mirada escéptica Ernesto (el futuro ‘Che’) Guevara.”
“Me impresionó -y es una imagen que llevo viva en mi memoria- la colum­na que llegaba del sur, de los frigoríficos. Gente con su ropa de trabajo sucia. Des­harrapados. Gente así nunca había lle­gado al Centro. De pronto se enfrentaron con la (Policía) Montada, los famosos cosacos. Hubo un momento de tensión, los muchachos avanzaron, y de pronto, ante el estupor general, los cosacos se sacaron los cascos y gritaron: ¡Viva Perón!
“La columna pasó frente a nosotros, que éramos unos diez o quince estudian­tes, y empezaron a gritamos: ¡Alpargatas sí, libros no! Yo traté de explicarles que estábamos apoyando esa manifestación, pero un compañero detuvo un poco el pa­so, me miró serio y me dijo: ’¡Qué carajo me importa!’
“A la noche, y entre crecientes sínto­mas de impaciencia, apareció Perón y mantuvo un imborrable diálogo con el pueblo. Comprendí que había vivido una jornada histórica.”

“El 17 de octubre lo hice yo”
Cipriano Reyes
En su departamento de La Plata, Cipriano Reyes revisa papeles y fotos con una gran lupa y pronuncia una vez más su frase célebre: ”Yo hice el 17 de Octubre”. Al pie de un reloj cucú y frente a montañas de diarios quebradizos y libros con las páginas marcadas (entre ellos, una vieja edición del Esquema de la his­toria universal, de H.G. Wells), Reyes mi­ra con sus ojos sin pestañas el cielo que se nubla y dice: ”Si, el tiempo está enga­ñoso, pero es más engañoso el gobierno que el tiempo”.
Este viejito de 89 años fue contorsio­nista de circo, obrero portuario, mucamo, dirigente sindical, poeta y diputado labo­rista. Además, su imagen está inevitable­mente ligada a todo lo que ocurrió el 17 de octubre, y a la mayoría de sus celebra­ciones posteriores. ”Perón fue un militar, nada más que un militar -dice- Pero cuando ya estábamos cansados de ir pre­sos y de que nos allanaran el sindicato, él nos escuchó”. Fundador del Sindicato Autónomo del Gremio de la carne de Be­risso, que reunió a los trabajadores de los frigoríficas Swift y Armour, Reyes, con un pedido de captura sobre su cabeza, organizó la movilización a Plaza de Mayo exigiendo la libertad de Perón. "La gente no salió a la calle porque sí -dice-. Noso­tros éramos la avanzada gremial e ideológica”. Con aquel sindicato como uno de los movilizadores, la gente se lanzó desde el Gran Buenos Aires a cruzar el Ria­chuelo para llegar a la Capital, a la Plaza de Mayo, para reclamar la presencia de Pe­rón. Reyes, que sufrió cuatro atentados, es­tuvo preso más de diez veces y fue torturado y acusado de pistolero y traidor, to­davía reniega porque para algunos su nombre es una mala palabra y su relato una mentira, pero está tranquilo porque fue fiel al mandato del anarquista catalán que le dijo, en 1918, cuando él era apren­diz vidriero: “Tú tienes que luchar por el que no sabe, por el que no puede y por el que no quiere.”
(Cipriano Reyes, “El 17 lo hice yo”, Clarín, 15 de octubre de 1995)

Discurso de Juan Domingo Perón desde el balcón de la Casa de Gobierno en Plaza de Mayo el 17 de octubre de 1945  

-“Trabajadores: hace casi dos años, desde estos mismos balcones, dije que tenía tres honras en mi vida: la de ser soldado, la de ser un patriota y la de ser el primer trabajador argentino. Hoy a la tarde, el Poder Ejecutivo ha firmado mi solicitud de retiro del servicio activo del ejército. Con ello, he renunciado voluntariamente al más insigne honor a que puede aspirar un soldado: llevar las palmas y laureles de general de la Nación. Lo he hecho porque quiero seguir siendo el coronel Perón, y ponerme con este nombre al servicio integral del auténtico pueblo argentino. Dejo, pues, el sagrado y honroso uniforme que me entregó la patria para vestir la casaca del civil y mezclarme con esa masa sufriente y sudorosa que elabora el trabajo y la grandeza del país. 
Con esto doy mi abrazo final a esa institución, que es el puntal de la patria: el ejército. Y doy también el primer abrazo a esta masa inmensa, que representa la síntesis de un sentimiento que había muerto en la República: la verdadera civilidad del pueblo argentino. Esto es pueblo. Esto es el pueblo sufriente que representa el dolor de la tierra madre, al que hemos de reivindicar. Es el pueblo de la patria, el mismo pueblo que en esta histórica plaza, pidió frente al Cabildo que se respetara su voluntad y su derecho. Es el mismo pueblo que ha de ser inmortal, porque no habrá
perfidia ni maldad humana que pueda someter a esta masa grandiosa en sentimiento y en número. Esta es la verdadera fiesta de la democracia, representada por un pueblo que marcha a pie durante horas para llegar a pedir a sus funcionarios que cumplan con el deber de respetar sus
auténticos derechos.”

-“¿Dónde estuvo? ¿Dónde estuvo?”
-”Muchas veces he asistido a reuniones de trabajadores. Siempre he sentido una enorme satisfacción: pero desde hoy, sentiré un verdadero orgullo de argentino, porque interpreto este movimiento colectivo como el renacimiento de una conciencia de los trabajadores, que es lo único que puede hacer grande e inmortal a la Nación. Hace dos años pedí confianza.
Muchas veces me dijeron que ese pueblo por el que yo sacrificaba mis horas de día y de noche, habría de traicionarme. Que sepan hoy los indignos farsantes que este pueblo no engaña a quien no lo traiciona. Por eso, señores, quiero en esta oportunidad, como simple ciudadano, mezclarme en esta masa sudorosa, estrecharla profundamente a todos contra mi corazón, como lo podría hacer con mi madre. 
Desde esta hora, que será histórica para la República, que sea el coronel Perón el vínculo de unión que haga indestructible la hermandad entre el pueblo, el ejército y la policía. Que sea esta unión eterna e infinita, para que este pueblo crezca en esa unidad espiritual de las verdaderas y auténticas fuerzas de la nacionalidad y del orden, que esa unidad se indestructible e infinita para que nuestro pueblo no solamente posea la felicidad, sino también para defenderla dignamente. Esa unidad la sentimos los verdaderos patriotas, porque amar a la patria no es amar sus campos y sus casas, sino amar a nuestros hermanos. Esa unidad, base de toda felicidad
futura, ha de fundarse en un estrato formidable de este pueblo, que al mostrarse hoy en esta plaza, en número que pasa del medio millón, está indicando al mundo su grandeza espiritual y material.” 

-“¿Dónde estuvo? ¿Dónde estuvo?”  
-“¿Preguntan ustedes dónde estuve? Estuve realizando un sacrificio que lo haría mil veces por ustedes… No quiero terminar sin enviar un recuerdo cariñoso y fraternal a nuestros hermanos del interior, que se mueven y palpitan al unísono con nuestros corazones en todas las extensiones de la patria. A ellos, que representan el dolor de la tierra, vaya nuestro cariño, nuestro recuerdo y nuestra promesa de que en el futuro hemos de trabajar a sol y a sombra para que sean menos desgraciados y puedan disfrutar mejor de la vida.
Y ahora, como siempre, de vuestro secretario de Trabajo y Previsión, que fue y seguirá luchando al lado vuestro por ver coronada la obra que es la ambición de mi vida, la expresión de mi anhelo de que todos los trabajadores sean un poquito más felices.”

-“¿Dónde estuvo? ¿Dónde estuvo?”  
-“Señores: ante tanta insistencia, les pido que no me pregunten ni me recuerden cuestiones que yo ya he olvidado. Porque los hombres que no son capaces de olvidar, no merecen ser queridos ni respetados por sus semejantes. Y yo aspiro a ser querido por ustedes y no quiero empañar este acto con ningún mal recuerdo. 
Ha llegado el momento del consejo. Trabajadores: únanse; sean más hermanos que nunca. Sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse en esta hermosa tierra la unidad de todos los argentinos. Diariamente iremos incorporando a esta enorme masa en movimiento a todos los díscolos y descontentos, para que, junto con nosotros, se confundan en esta masa hermosa y patriota que constituyen ustedes. Pido, también, a todos los trabajadores que reciban con cariño mi inmenso agradecimiento por las preocupaciones que han tenido por este humilde hombre que les habla. Por eso, les dije hace un momento que los abrazaba como abrazaría a mi madre, porque ustedes han tenido por mí l pensamientos y los mismos dolores que mi pobre vieja habrá sufrido estos días. Confiemos en que los días que vengan sean de paz y de construcción para el país. Mantengan la tranquilidad con que siempre han esperado aún las mejoras que nunca llegaban. Tengamos fe en el porvenir y en que las nuevas autoridades han de encaminar la nave del Estado hacia los destinos que aspiramos todos nosotros, simples ciudadanos a su servicio. Sé que se han anunciado movimientos obreros. En este momento ya no existe ninguna causa para ello. Por eso les pido, como un hermano mayor, que retornen tranquilos a su trabajo. Y por esta única vez, ya que nunca lo pude decir como secretario de Trabajo y Previsión, les pido que realicen el día de paro festejando la gloria de esta reunión de hombres de bien y de trabajo, que son la esperanza más pura y más cara de la patria.”

-“¡Mañana es San Perón! ¡Mañana es San Perón!”. 
-“He dejado deliberadamente para lo último, el recomendarles que al abandonar esta magnífica asamblea, lo hagan con mucho cuidado. Recuerden que ustedes, obreros, tienen el deber de proteger aquí y en la vida a las numerosas mujeres obreras que aquí están. Finalmente, les pido
que tengan presente que necesito un descanso, que me tomaré en Chubut, para reponer fuerzas y volver a luchar codo con codo con ustedes, hasta quedar exhausto, si es preciso. 
Y ahora, para compensar los días de sufrimiento que he vivido, yo quiero pedirles que se queden en esta plaza, quince minutos más, para llevar en mi retina el espectáculo grandioso que ofrece el pueblo desde aquí.”

El 17 de octubre de 1945
según Norberto Galasso

(...) A las 6 de la mañana Juan Perón ingresa al Hospital Militar. A las 7, en Brasil y Paseo Colón, la policía dispersa alrededor de mil personas que se dirigían hacia la Casa de Gobierno. A las 8 y 30 es disuelta una manifestación en Independencia y Paseo Colón. A las 9, por Alsina, hacia el oeste, va una columna estimada en 4.000 trabajadores. A las 9 y 30 es dispersada una concentración reunida frente al Puente Pueyrredón de alrededor de 10.000 personas(1). A mitad de mañana, grupos de trabajadores reclaman frente al Hospital Militar exigiendo ver a Perón. Las radios informan que se está generalizando la huelga, no obstante que la CGT declaró el paro para el día 18. Al mediodía, la policía vuelve a dispersar a grupos de manifestantes que se habían concentrado en Plaza de Mayo. FORJA da una declaración donde sostiene que ”en el debate planteado en el seno de la opinión, está
perfectamente deslindado el campo entre la oligarquía y el pueblo..., y , en consecuencia, expresa su decidido apoyo a las masas trabajadoras que organizan la defensa de sus conquistas sociales,(2). Por entonces, el coronel Gemetro le sugiere a Avalos: General, si a esa gente no la para la policía, lo podemos hacer nosotros con unos pocos hombres... ­Quédese tranquilo. No va a pasar nada Avalos. Todo lo que la gente quiere es ver a Perón, saber que está bien. Después, se irán como vinieron,(3).
Después del mediodía, la policía modifica su actitud frente a los manifestantes. ”La crisis del poder liberó los sentimientos de los agentes de la tropa ­Perelman-muchos de ellos provincianos y con bajos sueldos... Los vigilantes se declararon peronistas,(4). Esto es verdad, pero también es cierto que un amigo de Perón, el coronel Filomeno Velazco, controla ya la planta baja del Departamento de Policía y da órdenes a los agentes.
A las 15 y 30, un grupo de sindicalistas mantiene una reunión con Perón en el Hospital Militar. En las primeras horas de la tarde, varias columnas confluyen, en Avellaneda, ante el puente. "Era una muchedumbre de 50.000 personas" -sostiene Cipriano Reyes-(5). Minutos después, las pasarelas del puente comenzaron a bajar y la muchedumbre se lanzó para pasar al otro lado(5).
"Nosotros no participamos del 17 de octubre -recuerda un dirigente gremial del Partido Comunista-. Los metalúrgicos que nosotros controlábamos trabajaron el 17 de octubre. No lo entendimos, no seguimos a la masa y nos costó muy caro(6). Un periodista afirma que a las 13 "el ministerio de marina rechaza un ofrecimiento de dirigentes comunistas para que obreros armados, de esa tendencia, enfrenten a los trabajadores peronistas(7), "Yo estaba avergonzado e indignado. Eso es, indignado y avergonzado", recuerda Jorge Luis Borges (8).
Han pasado ya las 16 horas cuando, ante el crecimiento de la concentración popular, el presidente Farrell envía a algunas personas de su confianza para conversar con Perón y encontrar una salida a la crisis. Así, el brigadier Bartolomé de la Colina y el Gral. Pistarini conversan con Armando Antille, radical irigoyenista que viene colaborando en las tareas de acercamiento.
En un piso alto del Hospital Militar, el coronel, en pijama, recibe información de lo que ocurre y espera el desarrollo de los acontecimientos. "Estábamos allí -recuerda Franklin Lucero- sus amigos de las buenas y malas horas...,  (9). "Las llamadas desde la Casa de Gobierno se sucedían. Farrell quería calmar a la muchedumbre. En determinado momento, Perón me preguntó: ­¿Hay mucha gente? Realmente, ¿hay mucha gente, che?... Nunca me había tuteado. Pero su creciente entusiasmo, se comenzaba a apreciar en su cambio físico y espiritual" (10). Mientras, en la plaza de Mayo, el Gral. Avalos intenta infructuosamente dirigirse a los trabajadores. La respuesta de la plaza es contundente: "Queremos a Perón" (11).
"Se hacía evidente que el gobierno quería parlamentar -testimonia el capitán Russo-. Recuerdo que entonces Perón me dijo textualmente: "Ha llegado el momento de aprovechar la debilidad del enemigo” (12). Poco después, se conviene que el Gral. Avalos se traslade al Hospital Militar, para conversar con Perón. ”Avalos me expresó ­-recuerda Perón- sus deseos de que yo hablara al pueblo para calmarlo e instarlo a que se retirara de la plaza de Mayo” (13). De esta conversación surge la conveniencia de una reunión Farrell-Perón. Mientras tanto, en la Casa Rosada, Vernengo Lima presiona a Farrell para disolver la concentración apelando a la fuerza militar: ”Usted está cometiendo un grave error. Esto hay que disolverlo a balazos y va a ser difícil, hay mucha gente, (14). El presidente se niega a recurrir a la represión: ”El ministro de Marina insiste, explicando que las ametralladores están en el techo: Si tiramos al aire, se van a ir”. Pero el Presidente se mantiene inconmovible: , -"No señor. No se hace ningún disparo. La gente puede morir por el pánico. Yo no autorizo nada"- (15).
Los diarios de la tarde informan acerca de la situación, desde su perspectiva reaccionaria: ”Numerosos grupos, en abierta rebeldía -según ”La Razón”- paralizaron en la zona sur los transportes y obligaron a cerrar fábricas, uniéndose luego en manifestación” (16). Acompaña la noticia con una declaración del Partido Comunista de la Provincia de Buenos Aires donde se denuncian ”los desmanes de elementos peronistas de Cipriano Reyes y demás aventureros a sueldo de la Secretaría de Trabajo que en bandas armadas han ido provocando a la población y obligando a los obreros a hacer abandono de sus trabajos. Tales hechos han sido denunciados al ministro del Interior Gral. Avalos por este comité” (17). ”Crítica”, por su parte, aparece con grandes titulares: ”Grupos aislados que no representan al auténtico proletariado argentino tratan de intimidar a la población... En varias zonas de Buenos Aires, los grupos peronianos cometieron sabotaje y desmanes” (18). Los periódicos informan, además, que el Dr. Juan Alvarez ha visitado la Casa de Gobierno con el listado de los hombres de doble apellido que conformarían el nuevo gabinete.
Desde el Hospital Militar, Perón se aviene a conversar con Farrell, pero pone condiciones: ”Primero, que Vernengo Lima se mande a mudar, segundo, que la Jefatura de Policía la ocupe Velazco, tercero, que lo busquen a Pantín y lo pongan al frente de las fuerzas de mar y que Lucero se haga cargo del Ministerio de Guerra. Además, hay que traer inmediatamente a Urdapilleta, que está en Salta, para que se haga cargo del ministerio del interior. Esas son mis condiciones” (19).
Rato después, Farrell y Perón conversan en la residencia presidencial. "Me dijo Farrell: -Bueno, Perón, ¿qué pasa? Yo le contesté: Mi General, lo que hay que hacer es llamar a elecciones de una vez. ¿Que están esperando? Convocar a elecciones y que las fuerzas políticas se lancen a la lucha... -esto está listo, me contestó y no va a haber problemas. -Bueno, le dije:- Entonces, me voy a mi casa. ­No, déjese de joder, me dijo y me agarró de la mano: Esa gente está exacerbada , ¡nos van a quemar la Casa de Gobierno! (20).
Aproximadamente a las 23 horas, Farrell y Perón ingresan a la Casa Rosada. -“Venga, hable, me dijo Farrell”, recuerda Perón. Minutos después, el coronel ingresa al balcón y se abre ante su mirada un espectáculo majestuoso mientras una ovación atronadora saluda su presencia. En la noche de Buenos Aires, una inmensa muchedumbre, que algunos estiman en trescientos mil, otros en quinientos mil y el diario ”La Epoca” en un millón de personas, vibra coreando su nombre: ¡Perón! ¡Perón! Los diarios encendidos a manera de antorchas resplandecen sobre la negrura nocturna celebrando la victoria popular. Alguien alcanza una bandera hasta el balcón: es una bandera argentina que lleva atada una camisa. El coronel la toma y la hace flamear de un lado a otro, ante la algarabía popular. iAr-gen-ti-na! iAr-gen-ti-na!. Farrell y Perón se abrazan, produciendo un nuevo estallido de júbilo popular. El presidente intenta vanamente dirigirse a los manifestantes, pero el impresionante griterío no se lo permite. Finalmente, pronuncia unas pocas palabras para comunicar que el gobierno no será entregado a la Corte Suprema, que ha renunciado todo el gabinete, que el coronel Mercante será designado Secretario de Trabajo y Previsión y que ”otra vez está junto a ustedes el hombre que por su dedicación y empeño ha sabido ganar el corazón de todos: el Coronel Perón” (21) .
El coronel, profundamente conmovido, se acerca al micrófono. "¡Imagínese -recordar­á años después- ni sabía lo que iba a decir... Tuve que pedir que cantaran el Himno para poder armar un poco las ideas” (22). Concluido el Himno Nacional, el coronel se dirige a la multitud: "Trabajadores. Hace casi dos años, desde estos mismos balcones, dije que tenía tres honras en mi vida: ¡la de ser soldado, la de ser un patriota y la de ser el primer trabajador argentino! Una larga ovación interrumpe el discurso. El coronel comunica al pueblo que ha sido firmada su solicitud de retiro y que esa renuncia a su carrera militar la ha dispuesto "para ponerme al servicio integral del auténtico pueblo argentino. Muchas veces me dijeron que ese pueblo por el que yo sacrificaba mis horas de día y de noche, habría de traicionarme. Que sepan hoy los indignos farsantes que este pueblo no engaña a quien no lo traiciona. Por eso, quiero, en esta oportunidad, como simple ciudadano, mezclado en esta masa sudorosa, estrechar profundamente a todos contra mi corazón, como lo podría hacer con mi madre...".
Su discurso resulta interrumpido, varias veces, por la pregunta que inquieta al pueblo: ¿dónde estuvo? Pero él prefiere no contestar y finalmente le pide al pueblo: ”No me pregunten ni me recuerden cuestiones que yo ya he olvidado. No quiero empañar este acto con ningún mal recuerdo. Luego afirma: ”...Ha llegado el momento del consejo. Trabajadores: únanse, sean hoy más hermanos que nunca... Y les pido que realicen el día de paro festejando la gloria de esta reunión de hombres de bien y de trabajo, que son la esperanza más pura y más cara de la patria”. Desde el gentío, surge la ocurrencia: ¡Mañana es San Perón! ¡Mañana es San Perón! Finalmente, el coronel afirma: ”...AI abandonar esta magnífica asamblea, háganlo con mucho cuidado... Tengan presente, que necesito un descanso que me tomaré en Chubut para reponer fuerzas y volver a luchar, codo a codo con ustedes, hasta quedar exhausto, si es preciso... Y ahora, para compensar los días de sufrimiento que he vivido, quiero pedirles que se queden en esta plaza, quince minutos más, para llevar en mi retina el espectáculo grandioso que ofrece el pueblo desde aquí”(23).
Rato después, la imponente concentración se dispersa lentamente. Los trabajadores fabriles han irrumpido tumultuosamente en la historia argentina y han liberado al coronel, quebrando el poder de la oligarquía.
Al mismo tiempo que la presencia popular en la plaza definía la puja por el poder, el ala nacional del Ejército había cumplido un rol importantísimo. El coronel Filomeno Velazco había logrado controlar la Policía Federal, lo que explica la libertad de movimientos otorgada a los agentes. También el coronel Carlos Mujica se apoderó del regimiento 3 de Infantería. Hacia la noche, Pistarini y Lucero tomaron el Ministerio de Guerra, mientas Estrada y Mercante se ubicaban en la Secretaría de Trabajo. En el interior del país, importantes concentraciones de trabajadores­especialmente en Rosario, Tucumán, Córdoba y Mendoza -se dispersan en orden con la alegría del triunfo. Así ocurre también en Buenos Aires, pero el odio riega de sangre las primeras horas del día 18: una manifestación peronista es tiroteada desde adentro del diario ”Crítica”, provocando la muerte de Darwin Passaponti y Francisco Ramos.
Un nuevo ciclo histórico se inicia en la Argentina.•

NOTAS:
1.  “La Epoca” 17/10/45.
2.  “La Epoca” 17/10/45.
3.  Fermín Chávez, ob. cit. , pág. 51
4.  Angel Perelman, ”como hicimosel17 de octubre”, edit. Coyoacán, Bs. As., 1962, pág. 75/76.
5.  Cipriano Reyes ”Yo hice el17 de octubre”, edit. GS, Bs. As., 1973, págs. 228 y 230.
6.  Eduardo Barainca, revista ”Realidad económica”, N 135, oct./nov. 1995, pág 101.
7.  Hugo Gambini, ”Primera Plana”, 19/10/65.
8.  Borges, declaraciones a la revista ”Che”, 18/10/60.
9.  F. Chávez, ob. cit. ,pág. 54.
10. Raúl Tanco, F. Chavez, ob. cit., pág. 54.
11. F. Chavez, ob. cit., pág. 55.
12. F. Chavez, ob. cit., pág. 54.
13. J. D. Perón, ”Perón, el hombre...”, ob.
cit., pág. 297.
14. ”Perón, el hombre...”, ob. cit. , pág. 297.
15. "Perón, el hombre..", ob. cit., pág. 297.
16. "La Razón" 17/10/45.
17. "La Razón" 17/10/45.
18. "Crítica" 17/10/45.
19. J. D. Perón, "Perón, el hombre...", ob. cit., pág. 299.
20. F. Luna, ob. cit., pág. 247.
21. Farell, E. J. En "Perón, el hombre del destino, ob. cit., tomo " pág. 300.
22. F. Luna, ob. cit., pág. 427.
23. F. Luna, ob. cit., pág. 370.

(“Cuadernos para la Otra Historia”, Norberto Galasso, del Centro Cultural ‘Enrique S. Discépolo’, Buenos Aires, Argentina.) 

(*) Víctor Santa María (11 de diciembre de 1965, Buenos Aires, Argentina) se desempeña actualmente como Secretario General del sindicato Suterh y preside el Congreso del Partido Justicialista porteño, entre otros cargos. Fue el Convencional Constituyente más joven de la Ciudad de Buenos Aires por Nueva Dirigencia. Se desempeñó como Legislador de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, cumpliendo funciones como Vicepresidente del bloque. Actualmente editor general de Caras y Caretas, entre otras funciones.

(**) Sebastian Borro: 1921 – 16 julio 2005. Defendió con sus convicciones a su querido Frigorífico Lisandro de la Torre, luchando contra su entrega a capitales extranjeros. Electo diputado por la Capital Federal en 1962, en elecciones luego anuladas por Arturo Frondizi. Se reunió en La Habana, junto a Jorge Di Pascuale, con el Che Guevara, en misión encargada por el Gral. Perón al poco tiempo de producida la Revolución Cubana. Miembro del Comando Táctico Peronista y ferviente luchador en contra del Vandorismo, integró la CGT de los Argentinos. Concejal entre 1985-1989. Enfrentó públicamente la política entreguista de Carlos Menem.

FOTOGRAFIAS:
Célebre foto periodística de un grupo de manifestantes en la fuente de Plaza de Mayo. Primeras horas de la mañana del 17 en Plaza de Mayo. Tranvía desbordado, auto con altavoces, “17 de octubre” de Ricardo Carpani, Spruille Braden y Perón, Braden o Perón. 




Sobre la muerte del ferrocarril
Por Fernando Sánchez Zinny

...el turco no hizo sino disparar el pistoletazo de gracia sobre un cuerpo exánime,
vencido por desmanejos, abandonos y malquerencias (...)

En “Desde Boedo” de septiembre, para un nuevo aniversario de la inauguración del ferrocarril en nuestro país, boceté la historia de aquellos momentos y sobrevolé el esplendor y el deterioro sobre rieles (“De La Porteña al Sarmiento”). Con Fernando Sánchez Zinny compartimos amistad, más de un escrito de su puño que tengo el honor de publicar y -revelación- un amor “una pizca pueril” -según sus palabras que adopto- por los ferrocarriles. En este romance el desengaño no carga culpas del bien amado quien, en cambio, soporta los vejámenes -puntualizados por Fernando con rigor- de quienes debieron prodigarle su subsistencia y la retacearon por oscuros intereses. (M. B.)

Amigos de Desde Boedo, en especial mi querido Mario Bellocchio: como porfiado -y una pizca pueril- amante de los trenes, no puedo sino felicitarlos por la nota aparecida, que pone de manifiesto, a propósito de la desgraciada cuestión ferroviaria, de qué manera fue perpetrado uno de los mayores crímenes jamás cometidos contra la integridad del patrimonio nacional, cuyas consecuencias limitan hasta quién sabe cuándo posibilidades productivas y mercantiles, a la vez que frustraron, irreversiblemente, planes para un mejor uso del territorio y un más armónico desarrollo social, un día en marcha y hoy mera sombra nostálgica.
Parte esa nota de un punto esencialmente correcto, a saber: había 47.000 kilómetros de líneas ferroviarias en el momento en que la totalidad de la red pasó a jurisdicción estatal (1947), dato que a la sazón contribuía no poco a alimentar nuestro ego, pero concluye con otro que apenas si lo es, por incurrir -quizá por complaciente cortesía- en la clásica injusticia de la simplificación. La culpa, se indica, de haberse perdido ese bien -producto del esfuerzo de argentinos y de extranjeros que trabajaron en esta tierra- fue del doctor Menem, tras la malhadada circunstancia de que ocupara la primera magistratura.
¡Ojalá hubiese sido así, pues entonces tendríamos un malo en el que descargar los pecados de muchos más, tantos que tal culpa casi ronda el carácter de unánime, siquiera en el acotado ámbito de nuestra llorona comunidad! Porque, en rigor, en esa materia el turco no hizo sino disparar el pistoletazo de gracia sobre un cuerpo exánime, vencido por desmanejos, abandonos y malquerencias, unas tilingas y otras interesadas, que se prolongaron durante décadas.
La nacionalización -resistida por Miguel Miranda y posiblemente por el propio Perón- fue, sin duda, un mal negocio. El Estado era ya dueño de unos 20.000 kilómetros de red que se hallaban en condiciones bastante buenas, operativa y financieramente, al cabo de la ejemplar administración del ingeniero Pablo Nougués. A ellos se le agregó en la mencionada fecha el resto, de propiedad casi exclusivamente inglesa o francesa, que asimismo exhibía un buen estado general aunque comenzaba a resultar anticuado, debido a una merma en cuanto a inversiones que se remontaba a tiempo atrás. El primer segmento nació y fue tenido siempre como “de fomento”; el segundo, en cambio, había sido concebido y explotado de acuerdo con criterios comerciales que notoriamente hacían agua hacia esa época.
Ocurría esto por motivos variados. En primer lugar, por supuesto, por el estancamiento que registraban las actividades ganadera y cerealera que había consagrado el inmenso auge ferroviario de comienzos de la centuria,  y también como consecuencia de haber surgido el transporte automotor. Pero nada de eso importaba demasiado porque ahora el conjunto del sistema iba a apuntar, abierta y preferentemente, a constituirse en un gran elemento no de lucro sino de estímulo al quehacer económico y a la integración social. Sesenta y cinco años después se hace muy evidente que el Estado nacional encaminó el cumplimento de ese cometido de manera por demás desmañada y hasta torpe. Es verdad que en un principio se renovaron los equipos tractivos, hubo mejoras en los talleres  y se implantaron servicios de lujo -como el recordado “Marplatense”-, pero, en contrapartida, se detuvieron obras, fueron dejadas de lado conexiones y sistemas de intercambio de cargas, se descuidó la infraestructura, se desdeñaron proyectos de unificación de trochas y de duplicación de rieles, se incrementó desatentadamente la burocracia y fue fijado como centro de atención el transporte de pasajeros, función que nunca es decisiva en la determinación de la utilidad ferroviaria.
Entendidos los prioritarios fines sociales del servicio, no era de extrañar que el déficit creciera, derivado natural que sólo hallaba la relativa contrariedad de no transcurrir entonces una etapa de vacas gordas. Se llegó así a 1961 cuando el presidente Frondizi, anheloso de disponer de  fondos con que financiar su alabado desarrollismo -o quizás influido por sus amigos de la industria del automotor-, compró, con asesoramiento del Banco Mundial, un plan pergeñado por el general estadounidense Thomas Larkin, ingeniero militar y presunto experto en transportes, quien no hizo sino recomendar lo mismo que se había hecho en su patria: suprimir los ramales secundarios, modernizar los subsistentes y achicar la planta de trabajadores. Recetó, en concreto, la supresión de 17.500 kilómetros de vía y la reducción en un tercio del personal ferroviario. Frondizi, con la colaboración de su ministro Alzogaray, aplicó, con empeño y entusiasmo, la terapia preceptuada y obtuvo, como respuesta, una huelga impresionante y multitud de epítetos nada halagüeños. Al cabo de mes y medio de alborotos y sofocones los ramales condenados fueron invadidos por la maleza, la grilla laboral se despobló y la modernización quedó en veremos, para cuando hubiese recursos.
El ferrocarril nunca se repuso de esa amputación, ni del trastorno que la acompañó, palpable origen de la indisciplina gremial que en adelante trabaría persistentemente la operación del sistema: un mecanismo delicado, cuya naturaleza radicaba en la organización y la precisión, de pronto se encontró abocado al abismo de la improvisación, el maltrato, la arbitrariedad y el partidismo. Aparte, el consejo de Larkin revelaba, lo que menos, una profunda ignorancia de la geografía económica local, comprensible en quien lo impartía pero no en quienes lo aceptaban: entre nosotros las líneas troncales eran paralelas a las rutas y enlazaban centros demográficos y administrativos donde no se generaba una parte considerable de la producción agropecuaria, sino que ésta provenía, más bien, de los puntos a los que llegaban los ramales menores. Al suprimírselos muchas localidades decayeron abruptamente, los productores quedaron presos del camión y el lógico efecto fue la caída exponencial en el volumen transportado, sobre todo en la Pampa húmeda. No hubo ya más trenes de “cargas generales” y sólo continuaron en circulación los “en block” y los “a granel”, en ambos casos sólo adecuados para grandes usuarios.
En las ruinas de lo que había sido, actuó, entre 1967 y1971, el general Juan Carlos De Marchi, administrador de Ferrocarriles Argentinos muy eficaz y prudente, según extendido consenso. Rehabilitó algunos ramales, repuso servicios, inició el reemplazo de las viejas locomotoras de vapor, encaró tareas sostenidas de mantenimiento y logró reducir bastante el déficit, todo esto por propia iniciativa y sin que casi reparasen en su tarea las instancias del gobierno.
Fue un efímero respiro. Después retornó el deterioro, enancado en un largo proceso que llevaron de la mano la desidia y el economicismo miope, en un contexto íntimamente relacionado con la simultánea desactivación -a todas luces decretada por los intereses vinculados con el medio automotor- del transporte fluvial: durante toda la segunda mitad del siglo pasado la navegación en nuestros ríos fue disminuyendo hasta llegar a ser, en amplias áreas, una rareza exótica. El eclipse de puertos antaño florecientes como Formosa, Barranqueras, Corrientes, Goya, La Paz, Paraná, Victoria, Gualeguaychú y aun Santa Fe, quitó sentido a las líneas ferroviarias que los servían. Sólo los de la ribera oeste del Paraná desde Rosario hacia abajo, y Concepción del Uruguay mantienen hoy cierto movimiento, restricción que hizo que ya hacia 1980 el Ferrocarril Urquiza pudiese ser considerado como prácticamente extinguido.
A ritmo rápido el deterioro se fue convirtiendo en desguace y después de 1973, en franca hecatombe; a la clausura de ramales siguió, cada vez más, el levantamiento de los rieles, el cierre de estaciones en ramales operativos, la anulación de servicios, los trenes “cancelados” y un descenso abismal en el nivel de las prestaciones, con accidentes cada vez más frecuentes, riesgosas omisiones en los horarios y retrasos abusivos en la entrega de cargas. Inevitable secuela de todo esto fue la marcada deserción de usuarios, para los que el automotor era una opción más cara y, en buena medida, más incómoda pero también más confiable. Una insidiosa propaganda, además, hacía en su favor una defensa con visos de patriótica: el ferrocarril -afirmaba- perdía dinero y su déficit pesaba sobre el erario. El camión y el ómnibus, en cambio, al constituir actividades privadas no tenían por qué afectar con sus quebrantos a las finanzas públicas. Esta argumentación se difundió e impuso, sin que casi nadie se atreviera a exponer su falacia, por demás evidente, pues en la contabilidad ferroviaria lo erogado para el mantenimiento de la red figura en el pasivo, mientras que a las empresas del automotor no se les computa el costo de las obras viales, igualmente solventado con fondos estatales.
Todavía en 1970, De Marchi se ilusionaba con la recuperación de ramales y con la consolidación de la red en una extensión que él calculaba en 41.000 kilómetros. Pero diez años más tarde sólo existían 31.000 y había previsiones para reducirlos a 23.000. La mezcla de ordenancismo y corrupción a que se atuvo la dictadura consiguió el definitivo reemplazo de las viejas locomotoras, estruendosas y asmáticas, generalizó el uso de contenedores y comenzó los trabajos de electrificación de los tramos suburbanos del Roca que finalmente inauguraría Alfonsín: fueron los últimos logros, el canto del cisne de esa enorme masa de chatarra que había llegado a ser la herencia de La Porteña, con una humilde cereza puesta más tarde al helado por el señor Duhalde, quien acondicionó 20 kilómetros de rieles y balasto para llevar veraneantes a Pinamar.
Los años de la recuperación democrática fueron, a la vez, de muy mala suerte ferroviaria: conflictividad gremial, prebendas, acusaciones, juicios siempre perdidosos, cierre de cursos formativos, inundaciones e incapacidad sistemática para afrontar reparaciones, antesalas de recintos en los que habitaban -habitan- verdaderos monstruos como la suciedad repugnante, el delito, las estaciones como antros, terrenos y más terrenos convertidos en basureros, la depredación y la ignominia infamando vagones, los asentamientos establecidos junto a rieles oxidados. No sin razón Neustadt machacaba acerca del millón de dólares diarios que devoraba el sistema, pero ésa no es sino una minucia comparada con lo que hoy es necesario aportar para cubrir sólo el subsidio a los lamentables servicios suburbanos que parten de esta ciudad.
Cuando sobrevino Menem, había en servicio unos 19.000 kilómetros de vías, por los que se transportaba apenas el cinco por ciento de las cargas totales -casi exclusivamente consignadas por Acíndar y Loma Negra- y no más del dos por ciento de los pasajeros de larga distancia. La industria de reposición de material que llevaba un siglo de tradición a cuestas, carecía de pedidos y su único minúsculo-cliente era Subterráneos de Buenos Aires. El hombre de Anillaco, como dijimos, remató al desahuciado y asumió la labor de enterrador.
Se dice que subsisten unos 7000 kilómetros. Es muy difícil, quizás imposible saberlo. Con intermitencias, algunas líneas troncales funcionan. A Tucumán llega un tren de trocha ancha y otro a Mendoza, vía Beazey, eludiendo San Luis. Además, por ciertos ramales ocultos entre yuyales circulan, cada tanto -meses-  trenes temblequeantes, a paso de persona. Se cuentan historias curiosas al respecto y personalmente tuve una mayúscula sorpresa en Venado Tuerto, con un inopinado tren nocturno esperando para poder cruzar la ruta. Es fama que por Pie de Palo (San Juan) cada cuatro o cinco meses traquetea otro con bolsas de azúcar que desde Mendoza se trasladarían en camión a Chile.
No nos engañemos: estamos ante un mundo de espectros. En Santa Rosa encontré una casilla de señales transformada en decorosa casa burguesa: el jefe de familia era mecánico y así lo anunciaba un cartel. ¿Pero usted es ferroviario?, le pregunté. “Todavía cobro. El año pasado hubo un tren para Toay y después regresó.” En otro nivel, más bien marginal, antiguas familias de ferroviarios subsisten en estaciones visiblemente abandonadas y hasta utilizan la antigua zorra manual para llegar al paso a nivel y ahí conseguir un vehículo.
Hoy por hoy, el ferrocarril se reduce a los servicios suburbanos, de los que, a gatas, se vienen salvando los porteños y creo que también los de Resistencia. Desaparecieron impunemente los de Rosario, Córdoba, Tucumán, Bahía Blanca, La Plata. Y una observación que juzgo necesaria: en ciertos playones se acumulan contenedores, pero apenas si a unos pocos los han traído o se los llevarán trenes sino camiones, lo que es fácil de explicar: los concesionarios no son empresarios ferroviarios sino de la “operación de cargas” y utilizan esos sitios como depósitos.

Entre tanto, los ferrocarriles siguen figurando, impertérritos, en la cartografía. Como, en general, la gente se guía por ésta, suele imaginar fantasías con resultados que a veces son absurdos: era el año 2000 y se había firmado un ostentoso tratado de integración ferroviaria con Bolivia. En esos días me tocó andar por Humahuaca y me mostraron la vieja estación. ¿Y los rieles? “Hicimos arriba canteros; están bajo unos treinta centímetros de limo que trajeron las lluvias. Acá hace como veinte años que no pasa el tren…” Por supuesto, los diplomáticos, que van en avión, ignoraban el detalle.•




AYER & HOY
El nuevo CD de Adrián Placenti

Es una buena noticia. Sí que la es. El maestro Adrián Placenti presenta su CD “Ayer & Hoy”. Y no es una presentación más. Adrián es un músico y docente ligado al espíritu boedense. En la escuela pública forma a las nuevas generaciones en esa magia que es la música y es -además- el pianista estable del Café La Poesía desde su reapertura en 2008.
Tanto es así que uno de los temas que presenta en este nuevo trabajo es un tango dedicado a La Poesía. Nadie mejor que él para conocer el espíritu de ese café tradicional de San Telmo. Desde Boedo saluda esta iniciativa porque no es nada fácil emprender la producción de un CD que, como su nombre lo indica, hay temas tradicionales y de los nuevos y de su autoría, porque el maestro es también compositor.
Tres serán las presentaciones del flamante material: el sábado 27 de octubre a las 17:00 en la esquina Homero Manzi de San Juan y Boedo. El viernes 16 de noviembre en la Academia Porteña del Lunfardo, a las 19:00 en EE.UU. 1379 y finalmente, el domingo 2 de diciembre a las 19:00 en el Celta bar de Sarmiento esquina Rodríguez Peña. Todos con entrada libre y gratuita. LB


La 9a. fiesta de Boedo
Algunos aspectos de las actividades desplegadas durante la Semana de Boedo: la muestra “Tinta roja en el gris del ayer” en la Escuela Almafuerte; la charla sobre “Basura Cero” organizada por la Asoc. C.C.A. Todos por la Plaza; y vistas de la gran fiesta del domingo 16 sobre la avenida Boedo con algunas actuaciones destacadas como la del Coro Murga de la Asamblea barrial


Filipiscopio

Por Mario Filipini
Aumento


De oficio escritor:
Néstor Groppa, el mirón, y León Benarós, el mirador
Por Edgardo Lois

Néstor Groppa y León Benarós tuvieron un oficio: la escritura. Oficio de toda la vida. Quiso la historia que me enterara de sus muertes un tiempo después de haber sucedido. De la de Groppa me enteré luego de saber de la muerte de Héctor Tizón (30 /7/12). Pensé en ese momento que Groppa había perdido un amigo más. Busqué información en la red y la sorpresa fue que en la despedida a Tizón, alguien dijo que ahora se iba a reunir con sus amigos muertos, y entre los nombrados aparecía Groppa, que había fallecido el 4 de mayo de 2011. Supe de la muerte de León Benarós mientras caminaba por Estados Unidos, saliendo de Boedo y entrando a San Cristóbal, junto a la poeta Otilia Da Veiga. Fue ella la que me dio el dato, el 25 de agosto había muerto Benarós, y ya estábamos a mitad de septiembre.
Llegué a la escritura de Néstor Groppa, a través del artista plástico Eolo Pons (1914-2009), su amigo de toda la vida. Pons fue amigo de mi viejo. Eolo me regaló el primer libro de Groppa que entró a mi biblioteca, y me abrió una puerta notable, porque la escritura de Groppa lo es, poesía o prosa poética, literatura de ideas, literatura que abre el juego hacia otras lecturas. Inicié contacto epistolar. Groppa, desde San Salvador de Jujuy, me envió sus libros, y yo, desde Boedo, los míos. Me enteré que había vivido en Buenos Aires, aunque ya llevaba casi cincuenta años viviendo en Jujuy. Vivió en Boedo, sobre Carlos Calvo, casi esquina Muñiz, que era, además, la calle sobre la que yo vivía, a menos de dos cuadras. Varias veces me paré frente a la casa donde había vivido Groppa: un lugar histórico. Incluso Desde Boedo tuvo el privilegio de publicar una de sus notas. Groppa estuvo entre los fundadores de la revista Tarja en 1955 (junto a Mario Busignani, Jorge Calvetti, Andrés Fidalgo, y el artista Medardo Pantoja). La revista salió hasta 1960, es un celebrado hito en la historia cultural del noroeste argentino. Fue maestro en Tilcara, bibliotecario en Jujuy, en 1966 fue designado miembro correspondiente de la Academia Argentina de Letras, y durante cuarenta años fue el responsable de la sección literaria del diario Pregón. Con los años dejamos el intercambio por vía correo electrónico. Groppa supo a través de Coca, la viuda de Eolo, que los libros que él le había dedicado a lo largo de la vida a su amigo, los había recibido yo. Los guardo en mi biblioteca.
Conocí a León Benarós allá por el 96, 97. Yo trabajaba tratando de recibirme de librero (de los de antes) en una librería en la calle Corrientes. Había leído su Mirador de Buenos Aires (1994) y lo guardaba, lo guardo, entre los libros que me acompañaron en la fundación de mi Buenos Aires. Pude hablar con él y decírselo. Fue muy agradecido. En mi memoria quedó su imagen bonachona, todo un personaje, y junto a su mujer, una señora producida de punta en blanco como (efectivamente lo era) una dama de otro tiempo. La imagen de la pareja proponía el viaje en el tiempo.
Groppa y Benarós compartieron las páginas de Tarja, y hoy quiero que compartan esta nota sobre los oficios, y entre ellos, el de la escritura. Luego de enterarme de sus muertes, miré, traté de ver, en sus libros. Una especie de ceremonia que practico para festejar la vida. Encontré una punta, una coincidencia. Un texto de Groppa: Un oficio (31-5-69): “El aprendizaje de un oficio es materia penosa y de mucho tiempo. Hay que vivir el oficio. Sus épocas son de privaciones y vocación a prueba. Algunos, logran recompensa; otros, cierto valimento y predicamento parecidos; los más, un desengaño nostalgioso.
El aprendizaje de un oficio es cosa de convicción, suerte y paciencia. Máxime cuando nadie sabe cuál es el tiempo óptimo del aprendizaje. Pueden ser años, desde que se comienza a barrer el taller, como refiere la tradición que ocurría en la casa de los pintores renacentistas italianos. Puede también que nadie termine con las mariposas del oficio, revoloteándole. El oficio más que arte -de artesanía-, es vida. Está el oficio íntimamente signado por la vida. Vale decir: es tiempo. En el tiempo vida se aprende observando. Mirar lleva su tiempo y predisposición. Y aprender a ver, más aún. Y asombra tener que responder a la pregunta: ¿qué oficio tiene usted?, diciendo: mirón.
Y todo el oficio es a veces mirada. Me refiero al de escribir, que además requiere leer cosas sonsas sobre gramática, y otras, entretenidas, sobre historia literaria y otras simplemente sobre la historia y sus ramos secos y otras sobre lo que se masculla acerca de la “problemática contemporánea” y otras y otras y otras.
Y si queda tiempo, mirar.
Volviendo a la vida, el mínimo hecho de aprender a podar, a plantar, a manejar una flor, lleva tiempo. Un tiempo de japonés o de chino de siglo XVI, tiempo que aceptaban sin medirlo ni tenerlo en cuenta mayormente. Este tiempo de aprendizaje suele ser interminable, así como son múltiples y varias las flores y las manos”.
Benarós anotó en el prólogo a Mirador…: “(...) Quien ve, observa, se demora, se regocija, se apasiona por las cosas porteñas, o en el recuerdo de seres que fueron, o en la certidumbre de los que son, tendiendo siempre a subrayarles su esencia significativa. (...) Desde este ilusorio “Mirador” escribimos, verificamos, anotamos, vemos a Buenos Aires en sus entrañas y en sus mañas, en su limpidez o en sus oscuras marañas, en su inocencia y en su picardía, en los huecos y recovecos de su buena y mala vida”. Y en su libro encontré De la punga y otras profesiones liberales: “De entre el lucido gremio de biabistas, pistoleros, escrushantes, empalmadores, jiqueros y otras profesiones liberales al margen de los códigos, la decencia y la tranquilidad, se destaca el delicado oficio de punguista. No es fácil la punga. Requiere mano suave y educada. La profesión abarca el escamoteo inadvertido del reloj o bobo, la cartera, cuero o casimba, y todo lo que se exponga u oculte en el vestir humano.
Se trata de un trabajo a dedo, cuyas delicadas alternativas es imposible aprender por correspondencia. El punguista sigue los cursos del oficio con asiduo fervor. La carrera lo habilita, primero, para los bolsillos más exteriores y fáciles, y le permite, al tiempo del diploma, introducir el anular y el medio en el bolsillo más cerrado, para volver victoriosamente a la luz con envidiable botín. El aprendizaje es largo. El profesor se cubre de sonoros cascabeles y el alumno debe realizar sus clases prácticas sin que suene ni uno de los alborotadores adminículos, bajo pena de reprobación. Tampoco es despreciable la práctica callejera.
El compañero del punguista que va de mirón, sólo por aprender, se denomina tanga. El esparo o sparo es, por lo general, un punguista con fallas en el gran simpático, lo que lo hace ineficaz para la tranquila operación de la punga y lo reduce a secundar con pechazos, abrazos, empujones y otras etapas de la operación a la víctima propiciatoria, con lo que facilita el trabajo principal. Otro efímero participante de la hazaña es el filo, que se hace cargo instantáneamente de lo robado y desaparece como la luz.
Las cualidades del punguista se miden por el bolsillo que es capaz de dar vuelta. Los más meritorios son los grilleros, que se dedican afectuosamente a los bolsillos laterales del pantalón. Cuando alguno de esos bolsillos está “engomado” -abrochado- un eficaz instrumento cortante interviene de modo oportuno y, cortados forro y casimir, la cartera cae dulcemente del bolsillo como una breva madura. Siguen en orden de calidad los sotaneros, aplicados al bolsillo anterior del sobretodo o saco. Se apropian del cuero, música o mushinga en etapas sucesivas, para evitar que el damnificado advierta la parsimoniosa extracción.
Los chiquilineros prefieren para el campo de sus operaciones el bolsillo delantero del pantalón, conocido por “chiquilín”. El fruto de su trabajo es, por lo general, más modesto, y se reduce al bobo o reloj, no siempre en buena marcha, o a la cadena de descorazonante símil oro. Camisulineros son los punguistas especializados en el camisulín o bolsillo del chaleco, que debe su nombre a la circunstancia de encontrarse cerca de la camisa. También el bobo suele ser botín de la operación. Pinche o corbatelli se llama a quien ejerce la liberal profesión reduciéndose habitualmente a coleccionar alfileres de corbata ajenos.
Un diario cerca de las narices del propietario les da ocasión para hacer saltar el adminículo, cuando no se lo llevan con seguro, corbata y todo, merced a un rápido y decisivo tijeretazo. Shuqueros son los más modestos oficiantes del gremio. Son los que, en el período de aprendizaje, aplican sus artes al bolsillo de arriba del saco o sobretodo, bolsillo que llaman shuca o cabalete, y que a lo sumo rinde miserablemente una estilográfica en mal uso, un lápiz de tinta o un pañuelo.
El tango El ciruja nostalgiza el sentimiento de un punguista que añora la época de sus tranquilas hazañas cuando la lanceaba sin temor al mangiamiento, o sea el reconocimiento en rueda de presos por los agentes policiales, para familiarizarse con los personajes por si los volvieran a encontrar en cualquier sitio.
Lanza cabrera, vieja milonga porteña, teatraliza epistolarmente las alternativas de una de estas operaciones. El detenido se dirige a su paica solicitándole gestiones tendientes a solucionar su situación personal.
Se llama lanza a la punga con pinza, instrumento de cuasi cirugía, de ascendencia chilena, que facilita la intervención”.
Hace unos meses que pienso en la escritura (la punga la dejo para otra vida), en la herramienta de contar, que a veces es tan cotidiana, y otras, tan mágica, tan de otro mundo que abre puertas impensadas; una amiga que permite fijar una historia, una memoria del mientras tanto donde nos toca hacer la vida. En ambos escritores la mirada, el intento de aprender a ver para hacerse en el oficio de mirón, o de mirador. De esta manera estos dos habitantes de mi biblioteca terminaban de dar en el mismo clavo que ayuda, o mejor, que permite, la construcción del oficio de la escritura. La mirada como fundamental herramienta de la herramienta, y a ella sumo la respiración, porque una vez amanecida la escritura desde la mirada, desde las lecturas, desde las palabras alumbradas en el aire de la calle cotidiana, el oficio necesita de encontrar su ritmo, su esencia, su identidad, y es, y será, la respiración que proviene desde la profundidad de nuestra experiencia de vida, la que dote al trabajo de la intransferible voz propia con la que contar, al fin, las historias, las ideas, los miedos, las urgencias.
Hay muertes que no hacen más que alentar la emoción de la vida.•




Parque de los Patricios
Restauración de la Confitería del Zoo

El sábado 29 de septiembre, en la avenida Caseros 3250, se produjo la inauguración oficial de la puesta en valor de la “Ex Confitería del Zoo del Sur” y el Proyecto Cultural “Clemente Onelli”.
Después del Instituto Bernasconi, la construcción emblemática de Parque de los Patricios es la “Confitería del Zoo del Sur”, ubicada en el propio parque, por detrás de la Calesita. Formó parte, como Templo de la Fortuna Viril, del Zoo del Sur, que a instancias de Clemente Onelli se instaló en terrenos del viejo Matadero de los Corrales. Allí funcionó como confitería hasta que el propio Onelli trajo aborígenes del Noroeste y organizó su Escuela de Telares. Luego funcionaría en ese lugar el Teatro Infantil Municipal “Manuel de Lavardén” y, muerto Onelli, se instaló el Registro Civil. Posteriormente tuvo otros usos hasta su rescate y restauración actual.

Al acto inaugural asistieron autoridades del Gobierno de la Ciudad presididas por el ministro de Desarrollo Urbano Daniel Chain y representantes culturales barriales a quienes saludó, en la apertura, el ingeniero Manuel Vila, presidente del Foro de la Memoria de Parque de los Patricios, promotor de la inclusión de los temas culturales en el proyecto.
Concurrió una numerosa cantidad de vecinos que a partir de ahora podrán disfrutar de la nutrida programación cultural preparada para el lugar. •