12.8.07







Nº 66
Agosto de 2007




SUMARIO:

MEDIOS BARRIALES EN VÍAS DE EXTINCIÓN


ABRAHAM VIGO, UN “ARTISTA DEL PUEBLO”
Por Carlos Caffarena

LA ESCALERA INMÓVIL
Por Mario Bellocchio

EDUARDO SCHIAFFINO Y EL MUSEO DE BELLAS ARTES
Diego Ruiz y su Callejeando historia

FOTOGRAFÍAS.
Imágenes que perduran en el fondo de una caja.
Por Mónica López Ocón

EL MONUMENTO AL CID CAMPEADOR.
Por Miguel Ruffo

JOSÉ SARAMAGO: TODOS TENEMOS QUE DECIRLO.
Por Javier Correa Correa

¡CON GARDEL, NO!
Por Rubén Derlis

INFORME DE LA COMISIÓN PLAZA
Por Patricia Roselló

EL TIEMPO DE LOS BARES.
Reportaje a Liliana Bustos.
Por Edgardo Lois

POEMA:
Elegía del aljibe
Joaquín Linares

EDITORIAL
Al unísono
Mario Bellocchio

Y la GUÍA DE CULTURA GRATUITA




MEDIOS BARRIALES
A la ausencia de pagos devengados por servicios publicitarios desde diciembre de 2006 —excepto abril, abonado fuera de normas por caja chica—, el GCABA suma la prohibición —contraria a lo reglamentario— de presentar facturación, y ahora —como si todo esto fuera poco para asfixiar dada la precaria situación— la incomprensible actitud de los legisladores de la Comisión de Comunicaciones de la Legislatura empuja hacia la extinción a los medios barriales. Elvio Vitali (Presidente) y Facundo De Filippo, (Secretario) de la citada Comisión, presentan un inconsulto proyecto —para sustituir a la ya desactualizada ley que regla la actividad desde 1997—, plagado de incongruencias y disposiciones cuyo cumplimiento pondría al borde de la desaparición a los medios gráficos y, mucho más aún, a los digitales representados por las páginas Web respectivas. DENUNCIAMOS ANTE LA OPINION PUBLICA ESTA ACTITUD QUE PONE DE MANIFIESTO EL DESINTERES —CUANDO NO EL MALTRATO— A QUIENES PRETENDEMOS EJERCER CON DIGNIDAD EL PERIODISMO INDEPENDIENTE BARRIAL.



Abraham Vigo
un “Artista del Pueblo”


“El hecho de que Boedo tomase como materia prima de sus inquietudes espirituales a la clase trabajadora, no se debió puramente a una determinación estética, sino a que la mayoría de sus componentes procedían de esa clase, y trabajaban o habían trabajado manualmente hasta esa fecha.” Las palabras de Elías Castelnuovo describían con sencillez al “Grupo Boedo”, a los “Artistas del Pueblo”. Hace cincuenta años fallecía el polifacético Abraham Vigo, destacado integrante de ese talentoso conjunto. El Museo de Bellas Artes “Quinquela Martín” organiza una muestra de su obra, testimonio de un tiempo de reivindicaciones sociales en el que nuestro barrio era protagonista.

Grandes acontecimientos nacionales y mundiales enmarcaron la época en que se definieron la personalidad y los caminos que determinarían el futuro de Abraham Regino Vigo, como hombre y como artista.
Nacido en Montevideo en 1893, comienza, con doce años, a trabajar como aprendiz de su padre —pintor y decorador de obras—, en una Buenos Aires que ya se mostraba opulenta y en rápido crecimiento. En 1910 concurre a los cursos nocturnos de la academia que un pintor italiano, de apellido Pollezzi, dirigía en Av. Callao, entre Lavalle y Tucumán.
Por consejo de su maestro se inscribe, dos años después, en la escuela de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, la primera institución artística creada en el país en 1875 por iniciativa de Eduardo Sívori. En 1912 estudia junto a jóvenes con los que Vigo establece una estrecha relación: Santiago Palazzo, José Arato, Adolfo Bellocq, Agustín Riganelli y Guillermo Facio Hebecquer, este último también uruguayo, quien ese mismo año había instalado un taller en Pedro de Mendoza y Patricios.
En 1916 se integran todos ellos al que sería conocido como Grupo o Escuela de Barracas, al tiempo en que Vigo participa también en el segundo Salón Anual de la Sociedad de Acuarelistas, Pastelistas y Aguafuertistas. Posteriormente y junto con otros artistas funda, en 1918, la Sociedad Nacional de Artistas, Pintores y Escultores, de carácter gremial, como oposición a la Academia Nacional, defensora a ultranza de la llamada cultura oficial o “plástica academicista”.
El momento será de gran importancia para el Grupo, ya que inauguran el “Primer Salón Nacional de Artistas Independientes sin jurados y sin premios”, con participación de 31 artistas; comienzan a publicar artículos —como grupo— en el periódico de izquierda La Montaña; Facio traslada su taller al barrio de Parque de los Patricios —desde donde se vincularían con los escritores del Grupo de Boedo—, reducto que pronto se convirtió en una especie de “peña” artística a la que concurrían Benito Quinquela Martín, Juan de Dios Filiberto, un joven Enrique Santos Discépolo y los escritores Juan Palazzo, Elías Castelnuovo, Gustavo Riccio y Enrique González Tuñón.
Su formación intelectual y la realidad en la que conviven contribuyen a unirlos en sus concepciones políticas. Así como las lecturas de las obras de escritores rusos y franceses ejercieron su influencia, la expansión internacional de las ideologías comunista y anarquista —a la que adhirieron— y el contexto social en el país que, desde principios de siglo, daba lugar a la lucha de clases y emergía en sucesos a menudo sangrientos, hicieron las veces de amalgama.
En 1920, en la trastienda de un local ubicado en la avenida Boedo 841, se fue formando una tertulia de escritores, plásticos y gente de teatro vinculada de una u otra forma al barrio. En los fondos del mismo edificio Antonio Zamora instaló, a partir de de 1924, su redacción con talleres, en la vieja imprenta La Internacional, que pasó a llamarse Editorial Claridad.
Elías Castelnuovo, Roberto Mariani, Leónidas Barletta, Nicolás Olivari, Gustavo Riccio, Juan Guijarro y Alvaro Yunque constituyeron el primitivo grupo Boedo, al que se agregaron otros más jóvenes.
La comunión de ideas y proyectos entrecruzó los dos grupos, el literario y el plástico. Castelnuovo define, con maestría, la razón de dicha identidad: “El hecho de que Boedo tomase como materia prima de sus inquietudes espirituales a la clase trabajadora, no se debió puramente a una determinación estética, sino a que la mayoría de sus componentes procedían de esa clase, y trabajaban o habían trabajado manualmente hasta esa fecha. Así, por ejemplo, Agustín Riganelli era tallista; Roberto Arlt, gomero; Nicolás Olivari, peón de almacén; César Tiempo, repartidor de soda; Roberto Mariani, oficinista (...); Abraham R. Vigo, José Portogalo y Antonio Gil, pintores de paredes; y Manuel Rojas, en el momento de ser premiado conmigo en el concurso organizado por 'La Montaña', ocupaba una plaza de linotipista en la editorial donde yo ocupaba otra (...)”.
La Editorial Claridad contó con la colaboración del grupo “de los Cinco”, especialmente Vigo, que desarrollaría a lo largo de los años una importante obra como ilustrador, innovadora en el campo del diseño gráfico.
Mientras tanto, continúa trabajando y exponiendo en el IV Salón Anual de la Sociedad de Acuarelistas, Pastelistas y Aguafuertistas y en el VIII Salón Anual de la Comisión Nacional de Bellas Artes. En 1920 junto a Arato, Facio y Riganelli expone 20 pinturas y 13 grabados en el Salón Costa.
En 1927 el Grupo, ya conocido como “Artistas del Pueblo”, inicia una nueva experiencia al participar en la fundación del primer teatro independiente de la Argentina, Teatro Libre. Sus proyectos se concretarían en el siguiente año cuando, ahora con el nombre de Teatro Experimental de Arte (T.E.A.), ponen en escena en el Ideal la obra de Castelnuovo “En nombre de Cristo”, con la compañía de Angelina Pagano. Vigo diseña y ejecuta los decorados y mobiliario en una faceta de artista-obrero que será una constante en su vida.
Su tarea escenográfica prosigue en los siguientes años tanto en T.E.A. como en el Teatro del Pueblo fundado por Leónidas Barletta; el Teatro Proletario con puestas en escena en los teatros Liceo y Marconi y en distintas salas comerciales. Es que su concepción escenográfica, alejada del naturalismo y cercana al expresionismo, había causado un gran impacto tanto en las puestas como en la Exposición de maquetas y escenografías que realiza, en 1928, en Amigos del Arte.
En los siguientes años continúa su labor como pintor, grabador y escenógrafo e incursiona en el diseño y construcción de juguetes y juegos didácticos. Ya para entonces, el momento histórico que se vivía revestía características de excepción: guerra civil en España; Mussolini en Italia por más de una década, y Hitler que, como canciller de Alemania, ya mostraba sus propósitos de dominio que, en breve, desencadenarían la Segunda Guerra Mundial.
Seguramente por eso, sus grabados muestran el profundo dolor que le provoca los que sufren hambre, miseria y discriminación racial, religiosa o política. Los títulos de las obras nos dan la clave: “La quema”; “Por rojos”; “Por judío”; “Por negro”.
En 1938, razones de salud lo llevan a viajar junto con su familia a Mendoza, donde sigue su trabajo y envía a salones obras que reciben variados premios. Además realiza muestras individuales en distintos puntos del país. Crea un teatro de títeres con el que da funciones en las chacras y, como su vocación gremial se mantiene intacta, prontamente funda una filial de la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos, con la que organiza salones de acuarelistas y grabadores y exposiciones en las provincias cuyanas. Por este tiempo, ante el estallido de la Segunda Guerra Mundial, se afilia al Partido Comunista, del que será candidato a diputado provincial en 1940, tras adoptar la ciudadanía argentina.
Hasta 1947, año en que mejorada su salud regresa a Buenos Aires, sigue exponiendo y obteniendo premios y distinciones, ya volcado casi totalmente al grabado. De esa época son los premiados Campesina, el aguafuerte Faena, la acuarela Pescadores, el aguafuerte Fin de jornada y el aguafuerte Pan y dulce.
Se radica en Banfield y sigue trabajando: participa en más de 30 salones y exposiciones colectivas y realiza siete muestras individuales, obteniendo nuevas distinciones.
En 1957 su vieja enfermedad pulmonar se agrava, pero aún tiene tiempo para exponer en la Galería Julio de Banfield, en el Salón Anual de Santa Fe y en el Teatro Solís de Montevideo, donde realiza una muestra de 56 grabados organizada por la Comisión Nacional de Bellas Artes. Es un artista reconocido en el país e internacionalmente, y existen obras suyas en el Museo de Cultura de Moscú, The Riverside Museum de Nueva York, los Museos de Montevideo, de Budapest en Hungría, de Bucarest en Rumania, de La Habana en Cuba, de Jerusalén y de Tel Aviv en Israel, de Varsovia en Polonia, de Sofía en Bulgaria y de Leipzig, Alemania.
Abraham Regino Vigo, notable cultor de su arte y comprometido militante del campo político y social, fallece el 27 de julio de 1957.
Carlos Caffarena

carcafar@yahoo.com.ar

MUESTRA “UN ARTISTA DEL PUEBLO”
GOBIERNO DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES - MINISTERIO DE EDUCACION
En el 50º aniversario del fallecimiento (28 de julio) se llevó a cabo la inauguración de la muestra en el 2º piso (Sala Victorica), Av. Pedro de Mendoza 1835, Tel: 4 301-1080, La Boca, Buenos Aires. (Permanecerá abierta durante todo el mes de agosto.)





La escalera inmóvil
La parálisis de la escalera mecánica de la estación Boedo del subte “E” amenaza con ser más prolongada que la “eterna” construcción de la propia estación

¿En qué quedamos?: un nuevo cartel ha aparecido frente al vallado de la “escalera inmóvil”: Estamos reparando esta escalera para su comodidad. Disculpe las molestias. ¿Cómo? ¿No era que la escalera estaba en condiciones y sólo la orden judicial la paralizaba? Por lo menos así lo decía el otro cartel convenientemente retirado.
Un nuevo episodio de esta novela por entregas en que se ha transformado el caso de la escalera mecánica de la estación Boedo del subte línea “E” que va, camino avanzado, por su tercer año de inmovilidad.
Las averiguaciones y la colecta de firmas iniciadas por la Asamblea de Boedo proveyeron pormenores del entuerto que incluye idas, venidas y dilaciones de la empresa Metrovías, como la que encabeza este comentario. Pueden ser variados los argumentos que traten de justificar la larga parálisis de escalones. Los contradictorios carteles no ayudan a las excusas. Es más: las tornan, cuando menos, pueriles.
Queda poco terreno para seguir sosteniendo la falta de responsabilidad en la rehabilitación de la cuestionada escalera y más aún si agregamos a esto el texto de este despacho telegráfico del Juzgado:
Despacho telegráfico 16/04/07. Procedencia: Juzgado en lo Correccional Nº 10, Secretaría Nº 76. Destino: Al Sr. Comisario de la División Subterráneos de la P. F. A.
Por orden de Su Señoría, el Dr. Omar Osvaldo Fente, Secretaría Nº 76, tengo el agrado de dirigirme a Ud. en relación a la causa Nº 58.735, en trámite ante este Tribunal, con el objeto de ordenarle que proceda a la entrega definitiva a Metrovías S. A. de la escalera mecánica (A. 5.09.03) clausurada el 14 de enero de 2004 por esa Dependencia; previa habilitación de la escalera mecánica de marras por la autoridad competente. Realizando las correspondientes actuaciones complementarias (sum. pol. 20/04).

Puede colegirse que la cartelería de reciente debut informa sobre alguna imposición de quienes tienen que habilitar técnicamente las reparaciones para cumplir con la orden judicial que añade: previa habilitación de la escalera mecánica de marras por la autoridad competente.
Esperemos que la movilidad de la inmóvil sea a la brevedad. Estaremos detrás de este añejo problema para tratar de impulsar el relanzamiento de la escalera mecánica de la única estación de subte de Buenos Aires (por lo menos las que conoce este cronista, que no son pocas) que cuenta con boletería-shopping.
Mario Bellocchio



Callejeando historia
Eduardo Schiaffino y el Museo de Bellas Artes
Hemos hablado, en anteriores callejeos, del papel cumplido a fines del siglo XIX por la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, con Eduardo Sívori al frente, en la fundación y desarrollo de un arte nacional. En la década de 1880, ya federalizada Buenos Aires, ésta se había convertido en una rica y pujante ciudad, con una clase alta de gran poder económico a la que ya no le bastaba el provincianismo cultural y quería semejarse a los principales países europeos, ocupar un lugar entre las “naciones civilizadas”. Mal o bien, la llamada “generación del 80” tenía un proyecto de país y mandó a su juventud a estudiar a Europa, entre la cual se destacaron aquellos con condiciones artísticas para quienes el gobierno creó becas, lo que denota la importancia que daba al tema. Pero esa misma Buenos Aires no tenía lugares de exposición, galerías, ni menos museos de arte —como no los había, seamos justos, en el resto de América— salvo la única excepción de la Academia Libre de Bellas Artes fundada en 1878 y dependiente de Estímulo, donde se exhibían algunas obras de arte nacionales y extranjeras. Los artistas debían exponer sus obras en tiendas, ópticas, ferreterías, o negocios de materiales pictóricos como Fusoni Hermanos, Bossi, Sommaruga y otros, eso sí ubicados sobre la calle Florida, donde también se vendían cuadros extranjeros. Baste recordar que nuestra primera exposición individual fue la realizada por Cándido López en el club Gimnasia y Esgrima en 1885.
Y aquí es donde interviene nuestro personaje, Eduardo Schiaffino, que había nacido en nuestra ciudad en 1858, realizó sus primeros estudios con el veneciano José Aguyari (uno de los fundadores de Estímulo) y, como tantos de su generación, partió a Italia pensionado por el gobierno. En Venecia fue discípulo de Egisto Lancerotto durante un año y luego pasó a París, donde tuvo por maestros a Puvis de Chavannes y Rafael Collin. Fue seguramente un alumno aventajado, pues en 1889 concurre al Salón y a la Exposición Universal de París, obteniendo una medalla de bronce con una de sus telas más conocidas, Reposo. Pero por esos tiempos había comenzado el movimiento de retorno de los artistas a los que Schiaffino bautizará “Escuela Argentina” y sentarán las bases del arte nacional: entre 1883 y 1893 regresan entre otros Lucio Correa Morales, Angel della Valle, Francisco Cafferata, Reinaldo Giúdici, Augusto Ballerini, Eduardo Sívori, Graciano Mendilaharzu, Ernesto de la Cárcova y el propio Schiaffino. Retoman su pertenencia en Estímulo y muchos de ellos participan en 1892 en la fundación de la segunda gran institución de la época, El Ateneo, bajo la presidencia del poeta Carlos Guido y Spano y cuyo propósito era fomentar no sólo las artes plásticas, sino también la música, la historia, la literatura y las ciencias. Allí Schiaffino, que dirige la sección Pintura, organiza la primera muestra de arte nacional en el salón de El Ateneo —Avenida de Mayo y Piedras— en mayo de 1893, con 106 óleos y 30 esculturas, con gran repercusión de público y prensa y, lo que es de gran importancia, con un relativo éxito de ventas que indica que ya se estaba formando un público de arte, más teniendo en cuenta que, según informa la Revista Nacional, entre esos compradores no se contaban coleccionistas conocidos ni el Estado.
Schiaffino, mientras tanto, desarrollaba una labor como crítico de arte en La Nación, donde colaboraba desde 1883, y en El Diario, donde exponía la necesidad de crear espacios para las manifestaciones artísticas, específicamente de un museo de Bellas Artes. Con este mismo fin organiza también en 1893 una exposición en el palacio Hume (hoy Duhau), donde se exponen óleos, muebles y objetos de coleccionistas como Andrés Lamas, José Guerrico, Adriano Rossi y Aristóbulo del Valle; en 1894 organiza el segundo Salón de El Ateneo en el Nuevo Banco Italiano, en la cual participan diez mujeres y se destacan Sin pan y sin trabajo de Ernesto de la Cárcova y La vuelta del malón de Angel della Valle. Aún realizará, en 1895 y 1896, otros dos salones en el edificio del Bon Marché antes de la inauguración, el 25 de diciembre de este último año, del Museo Nacional de Bellas Artes creado por el presidente José Evaristo Uriburu el 16 de julio de 1895 a instancias de Schiaffino y del ministro de Instrucción Pública Antonio Bermejo. Vale la pena aclarar que una iniciativa anterior del intendente Federico Pinedo en 1894, de crear un museo de arte en Buenos Aires, había fracasado ante la negativa del Concejo Deliberante de aportar fondos y varias e importantes donaciones, como la de Juan Benito Sosa en 1877 o las de José Prudencio Guerrico y Adriano Rossi, esperaban en los depósitos de la Biblioteca Nacional que se cumpliera la condición del legado: la creación de un museo que las albergase.
Ese edificio del Bon Marché, alquilado al efecto y al cual ya nos hemos referido en otras oportunidades, cobijará entonces al Museo sobre su ala de Córdoba-Florida, donde también se instalarán Estímulo con su Academia, El Ateneo, La Colmena Artística y ateliers de artistas como Angel della Valle y Víctor de Pol. Más tarde, recordaría Schiaffino: “Durante diez años de lucha oscura, aquel jefe de repartición, que no tenía un solo empleado bajo su dependencia, tuvo que multiplicarse; él fue su propio secretario, su experto y su restaurador; pronunció discursos en certámenes y banquetes; mantuvo alerta la propaganda periodística. Y el Museo crecía. Ya era un centro de atracción adonde convergían las obras de arte de las colecciones particulares, cuando azares de la vida las llevaban a la subasta pública”.
Como director del Museo, Schiaffino organiza en 1904 el envío argentino a la Exposición Internacional de Saint Louis, Estados Unidos, donde el jurado distingue a Sin pan y sin trabajo y a Schiaffino le concede una medalla de oro por su labor. Viaja luego, en 1906, por toda Europa con 70.000 pesos de esa época para comprar obras que enriquecen, tanto como las numerosas donaciones, el patrimonio de la institución. Sin embargo, en 1907 una decisión administrativa creará obstáculos a su labor: el gobierno reforma la Comisión Nacional de Bellas Artes y pone bajo su superintendencia al Museo y a la Academia de Bellas Artes, lo que motiva la renuncia del director de ésta, De la Cárcova. Dice Schiaffino: “Yo no hice lo mismo porque no era sólo director, como él, sino fundador del Museo, y no quería malbaratar mi obra de tantos años. Esta lucha sorda ha durado tres años y ha sido este el período más estéril por que haya atravesado el Museo”. Agreguemos que califica a la Comisión como “de aficionados (...) donde hay mayoría de médicos y minoría de artistas (...)” con el propósito de “apoderarse del trabajo ajeno”. Así que en 1910, después de la Exposición del Centenario, renunció al cargo para dedicarse al arte, a la literatura y a la diplomacia, desempeñándose como cónsul en varias y principales ciudades europeas hasta su jubilación. Como vemos, no es de nuestro tiempo que las decisiones “políticas” o “administrativas” conspiren contra la obra de los creadores de instituciones.
Si bien no se destacó como artista entre los de su generación, quizá precisamente por sus afanes organizativos, dejó una importante obra plástica y escritos sobre arte entre los que se destacan Apuntes del Arte en Buenos Aires (1883), La evolución del gusto artístico en Buenos Aires (1910) y La Pintura y la Escultura en la Argentina (1933). Falleció en 1935 en nuestra ciudad, que lo había visto nacer y lo recuerda en una calle de dos cuadras que se inicia en la avenida Alvear y termina en la Del Libertador, bordeando el monumento al general Alvear y el antiguo Palais de Glace, a corta distancia del actual emplazamiento del Museo Nacional de Bellas Artes.
Diego Ruiz
mandinga@arnet.com.ar



Fotografías
Mi madre tiene 15 años en la foto sepiada. Está sentada sobre un fondo falso en el que se divisa una foresta lejana, una escalinata engañosa y una columna griega que introduce un ayer aún más lejano en el cartoncito destinado a convertirse en pasado. Aunque contagiada del aire escenográfico del conjunto, la silla en que reposa es verdadera. La niña tiene en sus manos unas flores teatrales que se adivinan con olor a polvo, ya viejas y amarillentas aunque con pretensión de eternidad. Lleva zapatos Guillermina de charol y el óvalo de su cara es tan neto como el óvalo que enmarca la fotografía, un cartón oscuro con arabescos dorados. La foto sepiada pone en pie de igualdad a la escalinata fingida y a la niña verdadera, a la columna pintada y a la silla real. La adolescencia de mi madre adquirió con el tiempo, igual que los recuerdos, la naturaleza de una representación teatral.
Mi padre fue alguna vez este niño vestido de marinero subido a un caballito inmóvil y polvoriento cuyo vientre se presiente apolillado. En el fondo se divisan góndolas. La escena transcurre en una Venecia de cartón con el agua de acuarela. Sus padres, mis abuelos, miran hacia el frente como si aquel niño marinero no existiera. Miran hacia una lejanía supuesta, hacia un futuro hipotético que es también un invento escenográfico. Se trata de un futuro de utilería que no debe de haber llegado nunca. La muerte ronda siempre sobre las fotografías.
Esta niña de piel oscura que se sienta bajo una falsa pérgola atestada de rosas es Luisa. Su paisaje habitual era el tizne de la cocina de carbón de la que avivaba el fuego para ayudar a su madre a preparar la comida de la casa en que servía. Sólo la imaginación desbordada del pintor de telones fotográficos le regaló una geografía imaginaria para mostrarles a sus nietos.
Este Pierrot con un perrito inmóvil es mi tío paterno. Esta Colombina de bucles negros es mi tía. Los personajes de la Comedia del Arte transformaban en pasado aquel presente que se esfumaba para ellos luego del disparo de magnesio y que se preservaba para mí en la inmovilidad de este cartón sepiado. El pasado está hecho de imágenes inmóviles que nos asaltan a veces de forma inesperada.
Las casas de fotografía lo intuían y enmarcaban ese pasado con orlas de cartulina en relieve, con arabescos dorados, con óvalos perfectos como para regalarnos trozos bien diferenciados de lejanía temporal dispuestos a irrumpir en nuestro presente.
Me pregunto qué impulsaba a los pintores de telones fotográficos a pintar falsas góndolas, a evocar carnavales europeos, a construir ruinas griegas en pequeños pueblos de provincia, a confeccionar mares a medida para niños, a hacer escalinatas de mármol con un pincel, a inventar paisajes de cartón con perfume a rosas de utilería para hacer soñar a adolescentes pálidas.
Conocí a través de mi padre que al señor Savarello la nostalgia se le trepaba a los pinceles. Era un escenógrafo frustrado que pintaba para un estudio fotográfico de la provincia de Buenos Aires escenas de su patria perdida, que reproducía una y otra vez los paisajes de su infancia o los que había visto en las láminas escolares de su niñez. Transportaba así la magnificencia de Roma al medio de la pampa, hacía soñar con los puentes de Venecia a hombres y mujeres que sólo conocían la llanura donde pastaban las vacas, les daba la oportunidad de fotografiarse en jardines franceses a criadas que nunca abandonaban la cocina. Era un artista de la ilusión que vendía a precio módico geografías inusuales para viajar por una habitación cerrada y adquirir, simultáneamente, la dignidad de un antepasado.
Seguramente algún otro nostálgico como él pintó esta alameda de perspectiva renacentista y este puerto de ultramar desde donde mi abuela, viajera del tiempo y el espacio, sonríe con una timidez joven. Lleva en la mano una sombrilla blanca para protegerse de soles de cartón en su periplo por un mundo pintado. Un grueso telón recogido hacia la derecha de la fotografía de unos desconocidos parientes de Italia duplica el carácter teatral de la escena que representa una sala de visitas. Un señor con polainas mira hacia un espectador secreto sentado en una silla torneada. A su alrededor, de pie, hay una mujer sumisa que parece agobiada por el peso del vestido, unas niñas serias peinadas con grandes moños y un niño con traje de terciopelo. Aquel grupo infantil está adornado con profusas puntillas de mortaja, como si ya adivinara que sólo iban a perdurar para sus parientes lejanos en sus congeladas imágenes de lápida.
Algunas fotos están dedicadas a otros personajes de fotografía. Sus esforzadas letras caligráficas son la representación teatral de un epitafio. Esos personajes cumplieron fielmente con su destino de cartón: mientras a todos se los llevó el tiempo, sus imágenes perduran en el fondo de una caja.
Mónica López Ocón

lopezocon2004@yahoo.com.ar



El monumento al Cid Campeador
Buenos Aires tiene numerosos tesoros artísticos; entre ellos cuenta con uno
de los monumentos ecuestres más grande entre los realizados por una mujer.
Nos estamos refiriendo al monumento al Cid Campeador, obra de la escultora
norteamericana Ana Huntington (1876-1973), esposa de Archer Huntington,
fundador de la Sociedad Hispánica de América. Así como los poemas
homéricos “La Ilíada” y “La Odisea” son parte de las tradiciones de los
pueblos helénicos; como “La Chanson de Roland” lo es de los franceses o el
“Martín Fierro” de los argentinos; “El Poema del Mio Cid” forma parte de
las tradiciones más nobles y heroicas del pueblo español. Nos remite a la
centenaria lucha de los iberos y cristianos contra la presencia en la
península de las huestes del dominio musulmán. "El Cid Campeador" sintetiza
el valor del pueblo castellano, expresa un espíritu de combate, de caballería, de hidalguía, de catolicidad. En 1929 la colectividad española ofreció donar a la municipalidad de Buenos Aires una estatua en bronce del Cid Campeador. Años más tarde, el 13 de octubre de 1935 se inauguraba el monumento mencionado en el centro geográfico de la ciudad, en la intersección de las calles Honorio Pueyrredón, San Martín y Gaona. Se realizó un acto al que concurrieron las autoridades nacionales, municipales, centros de la colectividad española, el embajador de España y numeroso público. Entre los que hicieron uso de la palabra en la ceremonia inaugural se encontraba el historiador Ricardo Levene, quien señaló: “El Cid Campeador es símbolo representativo de la psicología de un pueblo y de valores superiores del espíritu humano. Su historia se identifica con la leyenda, porque su vida fue sobrehumana. Cronistas cristianos y cronistas musulmanes lo han juzgado desde puntos de vistas antagónicos; los unos como encarnación de la altiva independencia íbera y del heroísmo de su raza y los segundos como el aventurero que levantaba las gentes entre la hez de los moros, preocupado únicamente del mando y el botín (...) Dice el sabio español Ramón Menéndez Pidal en ‘La España del Cid’ (siglo XI) que es el monumento más duradero que el bronce erigido en su memoria, porque está hecho de verdad y severa justicia, que desde su mundo superior el Cid desciende para entrar con paso firme en el campo de la historia y afrontar serenamente este riesgo mayor que todos los peligros de la vida (...) La conquista de América fue popular como lo había sido la reconquista hispánica. La individualidad ejemplar de la nueva epopeya es como la del Cid, la que al frente de sus mesnadas o huestes sigue sus rutas ideales y avanza con la ley, la espada y la cruz (...) La revolución hispanoamericana de 1810, como la conquista de América y la reconquista peninsular, consumada tres siglos antes, señala la última etapa de un proceso de elaboración de las nacionalidades autónomas en el Nuevo Mundo (...) La hispanidad no fue nunca la concepción de la raza única e invariable, ni en la Península ni en América, sino por el contrario, la mezcla de razas, los pueblos diversos, que golpeaban en oleadas sobre el depósito subhistórico” (1). Si nos hemos detenido en el discurso de Levene es porque creemos que refleja con claridad meridiana el universo cultural de la burguesía terrateniente e industrial dominante en la década del 30: hispanismo, catolicidad, simbiosis de una “nueva raza” como resultado de los entrecruzamientos étnicos y culturales heredados del proceso inmigratorio. El monumento al Cid Campeador es una hermosa estatua de bronce, el pedestal está revestido con piedra traída de Burgos, cuna natal del Cid. Es el monumento del héroe de la Edad Media de España. En él se quería expresar la continuidad cultural que atravesaba la Reconquista Ibérica, la Conquista de América y la Revolución de 1810, interpretada ésta como un movimiento de lealtad a la España borbónica ocupada por Napoleón.
Miguel Ruffo

miguelruffo@hotmail.com

NOTAS:
(1) “La Nación”, 14 de Octubre de 1935.




José Saramago: todos tenemos que decirlo
La siguiente nota pertenece al escritor colombiano Javier Correa Correa, autor de La mujer de los condenados (Literaria, Buenos Aires, 2007) y Si las paredes hablaran (Universidad Central, Bogotá, 2007). El escritor estuvo presente en la rueda de prensa que el Premio Nobel de Literatura José Saramago dio en la ciudad de Bogotá, por haber sido designada ésta como Capital Mundial del Libro durante este año.

Cuando José Saramago recibió el Premio Nobel de Literatura, en 1998, la reina de Suecia le susurró al oído: “Alguien tenía que decirlo”. Cuando visitó Bogotá como Capital mundial del libro, a principios de este mes, Saramago agregó, al referirse a la situación colombiana y universal: “Todos tenemos que decirlo”.
En rueda de prensa que concedió en la Fundación Santillana, a la que acudieron representantes de la prensa nacional e internacional, José Saramago habló de literatura, de la situación mundial y –más presionado por los asistentes que por voluntad propia– se refirió también a Colombia.
En últimas, para él, son un mismo tema, entrelazado por la literatura. Dijo que “la enseñanza más grande de la literatura es que la finalidad del ser humano es pensar”. Por eso, agregó “Escribo para comprender, y aunque no voy a tener vida para comprenderlo todo, es mi obligación tratar de entender”.
“Uso la novela
—dijo— como un espacio de reflexión. Quiero que la novela diga algo de mí al lector: no en un sentido narcisista, pero es imposible que escriba una historia sin que me meta y esté opinando, reflexionando”.
Y aunque es uno de los más importantes y prolíficos autores del siglo XX y el naciente siglo XXI, Saramago sorprendió al auditorio cuando recordó su infancia campesina, con padres analfabetos, y concluyó afirmando “Yo no sé escribir”, lo cual despertó risas y aplausos en el auditorio.
En torno a la forma literaria, señaló que “lo que se le pida a todo el mundo que escriba es una convención: toda esta parafernalia de signos de puntuación…”. Agregó que él introdujo una forma novedosa de marcar los diálogos, pues, explicó, “nosotros nos hablamos como si estuviéramos haciendo música. Y el discurso se hace con elementos idénticos de la música y la literatura: con ritmo. Empecé (a escribir) como si la propia historia se me estuviera imponiendo por encima de las convenciones. Parto como si fuera un narrador oral y eso ha implicado una forma diferente de organizar el discurso”.
Agregó “Tengo que oír dentro de mi cabeza lo que estoy escribiendo y, en ese mismo sentido, invito a los lectores a que ‘oigan lo que están leyendo’ ”.
“Escribo porque no me quiero morir” y en Las pequeñas memorias, su último libro, intentó “poner de pie otra vez al niño que fui”.
Superpotencias
En torno a la situación internacional, José Saramago ha desempeñado un papel importante en la resistencia, por ejemplo, frente a la invasión de Estados Unidos a Irak y luego de la explosión de bombas en los trenes subterráneos de Madrid.
Explicó el escritor que “la globalización es incompatible con los derechos humanos” en tanto hay organismos antidemocráticos que son los que imperan sobre los gobiernos de los países.
En ese sentido, dijo que “en el mundo hay dos grandes superpotencias: el G8 y nosotros, los ciudadanos”, y que por eso es que tenemos que expresarnos. Fue entonces cuando recordó la frase de la reina de Suecia.
Parir los muertos
Sobre la situación de nuestro país, Saramago corrigió una información publicada en un periódico nacional, según la cual él había dicho que a los muertos había que “vomitarlos”. Aclaró que el error fue suyo, por desconocimiento del castellano, y que quiso referirse a “parirlos”.
“La tierra colombiana —dijo— tiene que empezar a parir sus muertos: parir es dar la vida. Y es buscarle la vida a esa gente. Parirlos es vuestra conciencia. Quizá sea una carga muy pesada, pero ojalá podáis sentir esa presencia. Tenéis que salir de esta pesadilla que amenaza con alargarse cuánto tiempo más. No hay ninguna luz al fondo. Estáis en un laberinto en el que cada paso que dais no se sabe si es para salir u os empujáis más al fondo. Esto tiene que acabar”.
Advirtió que, según su percepción, “el problema colombiano no tiene solución militar. La guerra se volvió algo rutinario” y que una acción que se debe impulsar es el acuerdo humanitario, en la medida en que “toda vida que se pueda salvar vale la pena”.
Dijo que “es la sociedad civil colombiana la que debe asumir su papel en el problema, es lo más importante. Y el papel de los ciudadanos no puede limitarse a estar medianamente informados y esperar a que los políticos actúen”.
Propuso “una conciencia cívica, nueva, intermitente” y concluyó diciendo que “la sociedad colombiana debe perder la paciencia”.
Javier Correa Correa
javiercorreacorrea@hotmail.com



¡Con Gardel, no!
En un programa radial o televisivo —lo mismo da la emisión para enmarcar el hecho al que me quiero referir— escuchado o visto hace ya algunos años, el músico y poeta del tango Virgilio Expósito, a la sazón invitado a dialogar sobre la música de la ciudad, sus autores, sus cantores y otros ítems que hacían a la cuestión, también habló de Carlos Gardel —esa voz que cantaba hasta con la sonrisa—, su ser primero en lo suyo sin discusión posible, su brillante trayectoria malograda en Medellín y otros aspectos estrictamente musicales. Hasta aquí todo transcurría sin sobresalto. El problema comenzó cuando se intentó abordar la vida privada —por otra parte, como es asumida por todos, bastante desconocida en múltiples aspectos— de El zorzal criollo, El mudo, El bronce que sonríe y otras cataratas de etcéteras brillantes con las que el pueblo lo bautizó en distintas etapas, antes y después de su muerte.
Y se habló de su madre, de sus amigos, de sus bolsillos siempre generosos, y de sus relaciones amorosas. Y ninguno pudo precisar —ni conductor, ni invitado— si tuvo novia, ni cuántas fueron, o si las hubo. Como si tener relación de noviazgo fuera condición sine qua non para ser un gran amante. Absurdo. Hasta que se fue más allá y se comenzó a transitar por terreno resbaladizo: no se le había conocido novia alguna, y esto resultaba, cuanto menos, “sospechoso”. Y de allí a dudar sobre las inclinaciones sexuales del ídolo no quedaba mucho trecho que recorrer. Se había instalado la duda. Y sobre esta arista tan delgada como incomprobable comenzó a arder Troya. Entrevistador y entrevistado no habían llegado a la mitad de la audición cuando los teléfonos se pusieron al rojo, como dicen los locutores (no habían llegado al tercer round cuando los empezaron a noquear, dijo un amigo con aficiones boxísticas) y comenzaron a dejarse oír las voces cascadas de los eternamente indignados por los motivos que no le competen, que salieron con los tapones de punta —según jerga futbolística— a defender la virilidad del máximo cantor de Buenos Aires. Defensa que según estimo no necesita bajo ninguna índole, así como tampoco acusación desde ningún punto de vista —me refiero a las inclinaciones sexuales de cualquier ser humano—. ¿Quiénes eran?, no otra que la caterva de los carcamanes del tango perimido y felizmente hace mucho superado: el de la viejita sacrosanta y el farolito arrabalero.
¿A qué tanta indignación troglodita? ¿Porque se habría insinuado que Carlos Gardel pudo no haber sido el macho que el tango exige para no cambiar el estereotipo gastado que les posibilita a estos versiteros fatigar rimas mentirosas acerca de una sociedad y una ciudad ya inexistentes? ¿Y si el Gran Gardel no hubiese sido ese macho en el que insiste una trasnochada literatura tanguera, qué? ¿Habría dejado de ser por ello la garganta con más color que tuvo esta ciudad, este país, y que aún en mi desconocimiento de pentagramas, modulaciones, vocalización, teoría y solfeo me atrevería a ubicar entre las mayores del mundo? ¡Vaya con el criterio de estos señores cultores del peluquín ridículo y biabas de “La Carmela” para mentirse jóvenes, cosa que jamás fueron, pues la ignorancia los recubrió con caparazón quelonia desde su primer prejuicio, cuando en conciliábulo homofóbico sentenciaron que ¡el tango es cosa de machos! Frente al criterio retardatario de tan ridículos esperpentos, Oscar Wilde, Andre Gide, Jean Cocteau, Thomas E. Lawrence, Ludwig Wittgenstein, Michel Foucault, Oscar Hermes Villordo, Manuel Puig y tantos más, sin olvidar a los clásicos griegos y latinos, no habrían tenido ninguna chance si del juicio “intelectual” de estos pusilánimes hubiese dependido.
Después de aquella entrevista donde a Virgilio Expósito lo tuvieron a maltraer (contra las cuerdas, volvió a acotar mi amigo), parece quedar en claro que el “de eso no se habla, eso no se toca”, es un patrón de hierro para los que no se atreven a desacralizar, para los reverenciadores de tabúes al que rinden culto ominoso en detrimento de la verdad, y que al parecer todavía goza de plena vigencia en ciertos estamentos tangueros.
En lo que a mí concierne, la sexualidad de Carlos Gardel me tiene sin cuidado. Si fue o no fue lo que algunos creen, es materia que sólo a él concernía. En todo caso no le habría preguntado nada acerca de esto, aunque sí habría querido saber —por una cuestión ideológica, que sí puede marcar diferencias entre los humanos— por qué cantó para el conservador Alberto Barceló y no dudó en grabar el tango ¡Viva la Patria! de Francisco García Jiménez y Anselmo Aieta, que celebra el advenimiento de la dictadura de Uriburu, nefasta inauguración de la primera década infame, cuando él —Gardel— se debía a su pueblo. Como no soy experto en cuestiones gardelianas, consulto con quienes saben, y entonces Ricardo Horvath me hace notar que, sensu contrario de esto, tres años después aproximadamente, en su paso por Venezuela, Gardel, invitado por el presidente Juan Vicente Gómez —otro en la abultada lista de dictadores latinoamericanos—, cantó en una fiesta dada por éste, pero el dinero percibido por su actuación —10.000 bolívares—, cantidad importante para la época, antes de partir hacia Colombia lo donó íntegramente para ayudar a los presos políticos del régimen.
Claro que ninguno de los vejetes del gerontotango menciona la anécdota que nos muestra a un Gardel superador de un deplorable momento político nacional, al cual ya no adhería o había rozado superficialmente. De otra manera no tiene explicación el abrupto cambio. Pero los vejestorios del ¡chan-chán! prefieren olvidar este momento de la vida del cantor, que lo muestra solidario con una causa política de impronta popular a los que estos energúmenos jamás habrían apoyado. Nada le habrían preguntado al Zorzal sobre este tópico, por lo que cae de maduro que ellos sí habrían cantado —de haber sabido hacerlo, claro— en las festicholas del caudillo de Avellaneda, y saludado con palmas la llegada del dictador de pacotilla en el año 30, pues para reaccionarios, estos despojos de una época ya ceniza en la memoria, se pintan solos.
Son los mismos pusilánimes que enrojecieron de cólera sus fofos mofletes por las sospechas —apenas endebles e infundadas, acerca de la virilidad del Morocho del Abasto— que electrizaron aquella audición que al fin y al cabo no pasaba de ser una más; los mismos cavernícolas que aún pretenden congelar el tango en una mohosa escenografía barrial de chata y corralón que ya no existen; los mismos que en la década del 70 fueron contestes con aquello de: “algo habrán hecho”, y como eran “derechos y humanos” celebraron la irrupción de la horda milica, o miraron hacia otro lado haciéndose los desentendidos.
“¿Así que le gustaba la masita?”, preguntó un inadaptado. “Y, si no le gustaba, parece que rajuñaba el paquete...”, le contestó el intolerante. Burdo diálogo de dos herederos descerebrados de aquellos recalcitrantes abuelos del prejuicio, diálogo en el cual terciar carecería de sentido cuando ya se han superado pensamientos fuera de toda lógica y razón, de impronta fascista, donde se inscriben ciertos patrones execrables del primitivismo machista. Lo único relevante es lo que la gran mayoría sostiene: que cada día canta mejor. Y Gardel es cantando.
Rubén Derlis
rubenderlis@gmail.com




Informe de la Comisión Plaza
La Comisión “Todos por la Plaza de Boedo” —sede provisoria: Av. Pavón 3916 (1253), Capital Federal, comisionplaza@yahoo.com.ar— envió a todos los legisladores de la ciudad la carta que se transcribe a continuación, adjuntándole el acta de constitución de dicha comisión. Editorial:


Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 25 de junio de 2007.
A los Sres/ Sras. Legisladores/as de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Ss/Ds. - Ref. Ley Nº 2266/2007

De nuestra particular estima:
Nos es grato dirigirnos a ustedes en relación al tema de la referencia, con el propósito de poner en vuestro conocimiento que las instituciones de la sociedad civil y vecinos que hemos estado trabajando por la feliz concreción de los proyectos presentados, materializados en la sanción de la norma que mencionamos en el epígrafe, hemos constituido —el pasado 12 de marzo— una comisión, tanto para el seguimiento del trámite administrativo como para, llegado el momento, aportar nuestras inquietudes e ideas sobre la parquización del espacio, una vez concretada la expropiación dispuesta por la citada ley. La comisión lleva el nombre que fija el membrete, Todos por la plaza, reflejando el unánime pensamiento de continuar bregando hasta que la inauguración de la misma sea una realidad concreta.
La entidad, que oportunamente se legalizará en forma adecuada, no es un círculo cerrado, sino que se halla abierta a la participación de nuevos integrantes, teniendo por objetivo primordial la continuidad de trabajo por la concreción de tan largo anhelo y la unificación de las distintas propuestas vecinales para llegar a las autoridades con propuestas precisas y elaboradas.
En conocimiento de que han llegado al despacho de algunos diputados inquietudes de tipo individual, ya sea por personas físicas o instituciones no gubernamentales, que no han sido motivo de tratamiento en forma plural, nos permitimos solicitar a ustedes que, en tales casos, pueda remitirse a los mismos a esta Comisión, para que se incorporen a nuestras reuniones de trabajo, que se llevan a cabo cada dos semanas, en el salón generosamente cedido para tal fin por el club “Círculos Gon”.
Creemos que, de tal forma, se dará unidad a las propuestas que puedan hacerse llegar al Cuerpo Legislativo, cuya actuación en el dictado de la ley ha merecido nuestro reconocimiento, evitándoles a sus respectivos asesores la dificultad de hallarse, eventualmente, frente a distintos planteos, que puedan colisionar entre sí.
Agradeciendo anticipadamente el interés que prestarán a la presente, saludamos a ustedes con las muestras de nuestro mayor respeto y consideración.

Se ha recibido de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, con motivo de nuestra presentación de “denuncia de desguace del Predio”, una notificación fechada 13 de junio de 2007, donde se le comunica a nuestra Comisión que la Defensoría del Pueblo no puede intervenir hasta tanto el bien no pase al patrimonio de la Ciudad.

Se han retomado los llamados a la Jefatura de Gobierno por el posible vínculo de esta Comisión con el Sr. Esteban Bellomo de la Subsecretaría de Programación y Coordinación del Espacio Público, Ministerio del Espacio Público. Seguimos a la espera de una reunión para poder participar, con el Gobierno de la Ciudad, en la planificación y proyecto de la futura plaza. En la última reunión que tuvimos en Jefatura de Gobierno, la Sra. Mariana García Torres —jefa de despacho del jefe de Gobierno— y el Dr. Javier Levenas, se nos propuso como prueba piloto y aunque el predio estuviera en proceso expropiatorio, el trabajo conjunto, con el objetivo de acelerar los trámites y acortar los tiempos.

Se tomó contacto con la Procuración General de Gobierno y se habló con el Director General de Gestión Dominial Dr. Lucio Robledo solicitando se nos informe sobre el estado del expediente expropiatorio Nº de Registro 2301 AJG2007 Exp.23258/2007 y el Expediente expropiatorio Nro. 4982/2007.

Los vecinos alarmados por los cambios en el gobierno de la ciudad y por los anuncios de los medios gráficos y televisivos respecto al déficit presupuestario de la ciudad y la propuesta del jefe de Gobierno de recortar gastos, estamos temiendo que la partida reservada para la plaza no sea una realidad. Por lo tanto y desconociendo el destino y la existencia de los fondos para la expropiación del predio se resolvió indagar en la Legislatura sobre el presupuesto y la partida para la plaza de Boedo. A tal efecto se le solicitó vía telefónica a la diputada Liliana Parada que nos averigüe si los fondos reservados en la ley 2266 (la ley de la Plaza de Boedo) de $ 7.900.000.- han sido previstos en el presupuesto 2007 y han sido reservados para la concreción de la expropiación; o en qué situación estamos actualmente y los pasos a seguir. (N. de la R.: el art. 4º de la ley 2266 dice: “A los efectos del cumplimiento de la presente ley el Poder Ejecutivo procederá a realizar en el Presupuesto General de Gastos y Cálculo de Recursos para el Ejercicio 2007 una reserva de partida en la Jurisdicción 99 Obligaciones a cargo del Tesoro -Bienes Preexistentes- hasta la suma de $ 7.900.000.-” ). Se le notifica a la diputada que los vecinos estamos previendo iniciar alguna acción concreta para resguardar esa partida y garantizar la expropiación en el transcurso de este año; por tanto quedamos a la espera de su pronta respuesta.

Comunicados con la jefa de despacho del jefe de Gobierno, nos informa que “ella pidió ayer (17 de julio) un informe a Hacienda sobre el expediente y cuando llegue nos combina la reunión con el Sr. Esteban Bellomo de Espacios Públicos”.
Ubicamos dónde se halla actualmente el expediente sobre la reserva presupuestaria: desde el 17 de julio se lo situaba en Legal y Técnica del Ministerio de Hacienda y el 23 del mismo mes pasó a Banco Ciudad.

Surge del intercambio de ideas planificar una visita al lugar en donde se halle el expediente y pedir como vecinos que nos lo dejen ver. Acordamos combinar las agendas para poder ir.

Los vecinos de la Escuela de Psicología Social informaron los resultados parciales de las encuestas. Seguirán con el muestreo hasta completar las 200 entrevistas. Se dará difusión de ellas, a la brevedad, cuando se logre la meta cuantitativa.

Avances sobre el tema del nombre: se ultiman los detalles de la elaboración de un tríptico de difusión para el alumnado de las escuelas y sus maestros con una guía de nombres sugeridos.
Se enviará al director del distrito escolar (Sr. De Biase) una nota al respecto. Se está elaborando una aficheta de difusión del tema.

Por último y a modo de muestreo comenzamos a tirar ideas para la futura reunión en el Ministerio de Espacio Público.
Algunas ideas sobre cómo imaginamos el espacio de la plaza o qué queremos que tenga:
1.- Conservar un símbolo sobre la estación Vail de tranvías que funcionó allí. 2.- 99 % de verde con especies autóctonas, o lo más posible. 3.- Un mini- anfiteatro ubicado de tal forma que no moleste a los vecinos aledaños con el sonido. 4.- Baños públicos. 5.- En principio, sin rejas y con un cuidador (volver al guardián de plazas). 6.- Canteros o diseño de paseos que no permitan utilizar el lugar como cancha de fútbol. 7.- Construcción de rincones o espacios para las distintas edades pensando, particularmente, en los niños y ancianos. 8.- No nos pusimos muy de acuerdo sobre dejar o no un lugar cerrado tipo salón o lugar de encuentro.
Patricia Roselló
patriciavalentina@yahoo.com.ar



El tiempo de los bares
Me pregunté de qué manera podía escribir una fotografía, dudé; ¿puedo?, ¿me da la muñeca para hacer click de aleteo lento de máquina reflex con mi tinta roja? Una manera de entrar a una nota sobre fotografía puede ser escribir una de las imágenes, luego sí, podría seguir todo aquello que la fotógrafa, Liliana Bustos, tuviera para decir; a modo de prólogo, pensé: voy a escribir un click. Y al menos hasta hoy no sé, al final no supe, si puedo o podía hacerlo, porque la autora habló claro y sustancioso, porque fue apasionada, porque de señales auténticas están amarretes estos días y entonces hay que festejar la palabra hallada. En este caso, no escribir fue un motivo de alegría tan válido como si de tinta propia se tratara.

¿Cómo se presenta Liliana Bustos?

En lo profesional como licenciada en Historia del Arte y como conservadora de bienes culturales en la especialidad de papel y fotografía. El tema de la fotografía no es nuevo; siempre, desde chica, yo pedía fotos para mirar. En mi familia, el primero que compró una máquina de fotos fue un tío, en Chivilcoy. Pero me interesaba mirar la foto y que me descubrieran la foto, ¿quiénes estaban?, ¿qué relación tenían? Con los años supe que la oralidad despierta el mundo que no está en la foto, que es todo lo que está fuera de campo, todo lo que nosotros no conocemos. En mi familia había pocas fotos; por ejemplo, yo no he visto fotos de mi mamá de chica, las únicas que recuerdo son las del casamiento de mis abuelos y las de unos hermanos de mis abuelos; esas estaban en la casa de mi tío, y me las regaló cuando fui más grande. Y hay una foto más, chiquita, que está casi rota, tomada en el campo donde vivía mi mamá. Cuando me empecé a interesar en la conservación de fotografías fui comprendiendo lo difícil que era, a principios del siglo pasado, 1920, 1930, tomar una foto, eso que hoy para nosotros es tan común. Y ni qué hablar para gente que vivía en el medio rural. La foto de casamiento casi nunca faltaba porque era un regalo, como podía ser una cocina; se iba a un estudio, no era común que alguien tuviera una cámara y fuera a sacar fotos. Pienso que esto de la fotografía está muy bien para mi historia personal, porque tiene que ver con mi indagación sobre los orígenes, y en ausencia de mi padre, tiene que ver con la indagación de mi origen; yo siempre digo que, la de mi padre, es la foto que falta en mi álbum. Sacar una foto hoy no tiene gran importancia, es algo común, se hace y punto, y te diría que mi primera intención en mi trabajo es tratar de que la gente no se deshaga de sus fotos, y esto es algo difícil dado el “no valor” de la imagen. La foto es objeto, luego imagen, y de acuerdo a quien después la utilice, podrá ser un documento. Pero hoy su presencia de objeto te diría que casi ha desaparecido.

A partir del 13 de agosto (inauguración: 19 hs.) y hasta el 31, exponés en la Fotogalería de la Facultad de Ciencias Sociales, en la sede de Constitución (Santiago del Estero 1029, 1er. piso), contame la historia de El tiempo de los bares.

Tengo nostalgia de una ciudad de Buenos Aires que va desapareciendo, un paisaje que desde mi adolescencia se ha ido borrando raudamente, y dicho esto más allá de la globalización. Transité mucho la ciudad, caminado, en colectivo, y me gusta mirar. Tengo esa sensibilidad, enseguida me pega algo en el ojo, y tengo memoria. Siempre trato de recordar qué había en ese lugar, y muchas veces me entristece ver el cambio por algo modernoso, y no porque uno esté en contra del avance, sino por la pérdida de rasgos que tiene que ver con nuestra identidad porteña. Los bares siempre me gustaron, desde la adolescencia, me acuerdo, año setenta y pico, que me gustaba caminar por Carlos Calvo porque estaba toda adoquinada y por ahí descubrí un café, con una máquina de café grande, se ve que el paisaje ya me interesaba, pero claro, todavía no tenía claro el porqué. Hoy sé que ya venía influida por la poesía de Borges y otros poetas que tenían que ver con la ciudad. Por ahí buscaba esa literatura en la calle, y muchos de los paisajes existían, quizá no tal cual estaban anotados, pero sí estaba su metáfora. El café tiene la facultad de ser un lugar de paso del tiempo; ¿y qué clase de tiempo?, se podría preguntar uno cuando ve a un habitué de un bar que va y se sienta, pide su café, no hace como nosotros que por ahí llevamos un libro, para leer o estudiar, sólo se sienta y mira por la ventana; eso siempre me maravilló, estar sentado fuera del tiempo y en tiempos en que todos corren de acá para allá; también entran en escena los mozos, chaqueta blanca, botones de metal, y todavía los encontrás, el dueño, y la relación que se establece entre esos personajes. Con mi entrada en la conservación de fotos, tuve que aprender a sacarlas, y me gustó, no creo que sea una gran fotógrafa, pero me alcanza para atrapar el momento, ese tiempo que se pierde debido a la desaparición de lugares, sobre todo en la década menemista del 90. Ser la fotógrafa fue el camino para afirmar mi estrategia creativa, aquello que me pasaba con los bares. Los bares eran un mundo muy diferente de este mundo en el que vivimos, en esos lugares había tiempo, por ejemplo, para las relaciones, tiempo para comunicarse. A lo largo de mi trabajo con los bares me di cuenta de que hay tipologías, hay bares de campo, despacho de bebidas, que todavía marcan el límite entre el campo y la ciudad, y la atmósfera a respirar se presenta igual en lo rural y lo urbano, el desenganche del tiempo es coincidente. Muchas veces una barra se “hace” altar, un centro del folclore nacional, las botellas, la música, el fútbol, las fotos. Todo lo contrario me pasó en España, se toma el café de parado, de caña en caña, como dicen allá, y nunca lo pude entender. El café es el espacio de un tiempo especial para el habitante porteño. Muchos desaparecieron, otros se van transformando, algunos salen bastante bien parados y otros pierden esa identidad que los ubicaba en el barrio, por ejemplo lo que ocurrió y ocurre en Palermo. Haría falta un recorrido por estos cafés, a mucha gente podría no interesarle, pero hay otra a la que sí y la movida no está contemplada, debería existir un circuito turístico no oficial. Mi búsqueda fotográfica tiene que ver con todo esto, y saqué las fotos yo misma, no quise que otro las sacara, porque para mí era un descubrimiento, como una aparición de ese Buenos Aires que yo buscaba, como te decía, desde mi adolescencia. Ese Buenos Aires diseñado en su recorrido por la literatura; con cada autor que leía, hacia ahí iba, a sus lugares. Y después vino la construcción de mi recorrido, descubrir desde el colectivo o que un amigo te llame y te diga andá ahí, anotar direcciones y llegar de visita, sentarme, tomar un café, pedir permiso para sacar fotos otro día, y esto si realmente el lugar me impulsaba a hacerlo. Se dieron situaciones muy lindas, me invitaban el café, los habitués casi se ponían a mi servicio para ayudarme a hacer mi trabajo. Cuando la cantidad de bares creció, los empecé a separar por barrio; te aclaro que no era que aparecían diez por día, ahí también tiene que ver el tiempo, llevo casi diez años haciendo este trabajo. Casi siempre encontraba algo de interés, un centro, el famoso punctum de Barthes, y muchas veces lamenté mi limitación con la herramienta, porque sabía que mi técnica no me permitía atrapar el ambiente, lo que estaba vivenciando, con una mayor precisión.

¿Cómo es trabajar sobre un terreno que no para de modificarse?, ¿cuál es el objetivo?, además de la muestra que estás por inaugurar.

Me produce una gran tristeza llegar tarde, ¿por qué no fui, por qué lo dejé pasar? A veces veo que no puedo dejar pasar mucho tiempo, y entonces me muevo rápido, pero a veces termino sorprendida por el cierre. Marco una diferencia con los grandes cafés, como el de Los Angelitos o el Homero Manzi, que son muy for export, es como si los hubieran tirado abajo, son lugares para el turismo que poco tienen que ver con nuestra identidad. Me da pena El Molino cerrado. Pero por otro lado encontrás, y en pleno microcentro, lugares como la Portobello, una cafetería de los 60, o la Puerto Rico, aunque la cambiaron algo, o San Pedro Telmo, frente a la plaza, que era un almacén, en uno de los vidrios todavía se lee la palabra, y adentro tenés los cajones típicos donde se vendía la yerba suelta, el azúcar, la polenta, y uno mira para atrás y es tiempo, pero no es tanto tiempo y entonces todo es vértigo, todo parece cambiar tan rápido. Con mi trabajo me gustaría llegar a armar una compilación de estos bares, marcando sus diferencias, los que son despachos de bebida, los que conservan como El Progreso, en Montes de Oca y California, el espacio para familias; bares de hombres solos donde no entran mujeres o si entran son mujeres que trabajaban en la calle de ayer, como El Puente, que está o estaba, no sé cuánto hace que no paso por ahí, en Pedro de Mendoza y Almirante Brown; o en San Cristóbal, que está y bastante bien conservado el almacén y despacho de bebidas de los Hermanos Cao, en Matheu e Independencia. Me gustaría reflejar con mi trabajo la sensación que se tiene al entrar a estos lugares, es como entrar a otra dimensión, lugares con otras puertas, con otras maderas, con otros pisos, no sé, armar una guía. En el bar de los Hermanos Cao obtuve una imagen que para mí es un poco la representación de todo mi trabajo: es el cartel de chapa esmaltada con el nombre del establecimiento, que hoy está sobre una de las paredes, y la sombra de un ventilador de techo sobre la pared. Una guía, un libro, mientras tanto, y como en todo lo que se encara con ganas, sigue el trabajo, hace años. De una u otra manera, siempre es el tiempo.
Edgardo Lois
elois_ar@yahoo.com.ar



EDITORIAL
Al unísono

No sé si del Lorraine o del Cosmos, pero recuerdo haber salido del cine tildando de elitista críptico y masturbatorio al director de Blow-Up, película que minutos antes había tratado —en vano— de desentrañar sentado en la platea. Michelangelo Antonioni —de él se trata— se había vinculado al cine a través del Centro de Experimentación de Cinecittà. Asistió al nacimiento del neorrealismo pero, contrariamente a su contemporáneo Federico Fellini, basó la mayor parte de su obra en la conflictiva y elitista relación de las minorías burguesas con un entorno que apenas entendían o poco les importaba.
Al tiempo de aquella fallida primera experiencia, sólo las recomendaciones de los que me merecían fe pudieron llevarme a reincidir con Antonioni para encontrarme con su enorme Zabriskie Point. Volví entonces a Blow-Up y al Desierto Rojo, que no había visto. Y comprendí algo más sobre mis juicios apresurados por la inmadurez.

Todos mis compañeros de secundaria, conmigo a la cabeza, quisimos pasar Un verano con Mónica aunque no comprendiéramos, todavía, los vericuetos de la atracción como él la entendía y el endiosamiento profesado al verano, al mágico sol de esas latitudes. Y salimos de la adolescencia para entrar en la cinefilia juvenil sobre las butacas del Lorraine y beber en La fuente de la doncella el bergmaniano trato de la imagen, de la luz, de la actuación, el análisis profundo del alma humana. Igmar Bergman comenzaba a marcar huellas por donde transitaría su filmografía y la pasión de nuestros coterráneos que siempre se adjudicaron el lauro de apreciar su talento antes de que otros lo descubrieran. Llegarían El silencio, Persona, Gritos y susurros, Cara a cara, El Séptimo Sello, El huevo de la serpiente, Fanny y Alexander..., sólo por nombrar sus —para mí— más conmovedores filmes de una producción que excede los sesenta trabajos.

Los corazones de Bergman y Antonioni han dejado de latir casi simultáneamente. Dos observadores lúcidos de la vida se han transformado a través de la trascendencia, al unísono, en militantes de la inmortalidad.
Mario Bellocchio



POEMA:
Elegía del aljibe


¿Dónde está, aljibe, tu noche?
¿dónde tu lente de sueños?
Ya no te asomas al patio
donde di mi primer beso.

Aljibe que estás tan hondo
bajo cien departamentos;
aljibe que sos fantasma
de agua y luna, llanto y eco...
(...fantasma que sube y baja
veinte pisos de cemento).
Aljibe que abajo cantas
lleno de tango y de besos...

Si algún día desentierran
la momia de tu misterio,
verán cómo baila y canta
mi ciudad de encantamiento.
Verán la Ciudad Canyengue,
fantasma de llanto y sueño.

Joaquín Linares




ACTIVIDADES DE BAIRES POPULAR
La agrupación que reúne a Papeles de Boedo, Círculo de amigos del café “Margot”,
Espacio de Teatro Boedo XXI y los periódicos Desde Boedo y ABC intenta revivir con nuevas propuestas la mística del Grupo Boedo, sus novelistas y poetas; la de los pintores, escultores y grabadores que constituyeron los “Artistas del Pueblo”; la del teatro, la Peña Pacha Camac y la Universidad Popular, movimientos que dieron forma a la primera experiencia colectiva de arte social en nuestro país.

Entérese y participe en nuestras actividades:
www.bairesp.blogspot.com

Muestra: “Boedo y La Boca en los 80”:
(fotografías)(ver info) Expone: Mario Bellocchio.
En el Café Margot, Boedo y San Ignacio.

Mesa de publicaciones:
Todos los sábados de 10 a 14:
ABC, Desde Boedo, Ediciones BP, Papeles de Boedo y otras publicaciones y ediciones barriales. En la vereda del Café Margot. Venta de material fotográfico (Boedo antiguo) de la colección “Desde Boedo”, restaurado por Mario Bellocchio.

Buenos Aires esquina Boedo
Primer sábado de cada mes a las 17: en Esquina Osvaldo Pugliese (C. Calvo esq. Boedo). Presentaciones, charlas e ilustración musical.

Cine gratuito en La Balear.
Primer viernes de cada mes a las 19.30:
Hasta diciembre, cine argentino de estreno reciente y un homenaje a Manzi (en noviembre)(ver programación en Cultura Gratuita).
En Colombres 841 (frente a la cortada San Ignacio)

CULTURA GRATUITA

CURSOS en el Museo Monte de Piedad
Figuras del pensamiento sociológico contemporáneo MARX - DURKHEIM - WEBER - ORTEGA Y GASSET. A cargo del Profesor Alberto Luis Prestía. Del 9 de agosto al 27 de septiembre, todos los jueves de 18 a 20 hs, en el auditorio del Museo Monte de Piedad Av. Boedo 870, 2º Piso (por escalera) Cupos limitados - Inscripción e informes: 4 931-8204 /4 931-1605 /4 932-4680. museo@bancociudad.com.ar
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LA ORUGA Biblioteca pública de La Oruga:
todos los sábados de 16 a 19 hs en la plaza de México y Jujuy.
Página web: www.laorugaweb.com.ar
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TEATRO LEIDO
Ciclo de presentación de las últimas obras del grupo de dramaturgos que integran Susana Torres Molina, Susana Gutierrez Posse, Susana Poujol, Víctor Winer, Héctor Lewy-Daniel, Jorge Huertas, entre otros, como teatro semimontado con actores como Rita Terranova, Carlos Belloso, entre otros.
Los 2os. lunes de cada mes en distintas bibliotecas públicas
Consultas: 4 811-0867 int.102 - ENTRADA LIBRE Y GRATUITA
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DE JULIO A DICIEMBRE
CICLO DE CINE GRATUITO EN “LA BALEAR”
EL PRIMER VIERNES DE CADA MES A LAS 19.30.
En Colombres 841 - Presentan: BAIRES POPULAR - CASA BALEAR DE BS. AS. - CGP COMUNAL 5

7 DE SEPTIEMBRE:
Derecho de familia (2006), Dir. Daniel Burman.
Video: Ibiza y Formentera. Documental sobre ambas islas.

5 DE OCTUBRE:
El abrazo partido (2003), Dir. Daniel Burman.
Cortometraje: Días de vino. Industria vitivinícola en Mallorca.

2 DE NOVIEMBRE:
El último payador (1950), guión y dirección de Homero Manzi.
Homenaje en el centenario de su natalicio. Protagonizada por Hugo del Carril. Cortometraje: Un país en la mochila. Mallorca. Documental sobre la mayor de las Islas Baleares.

7 DE DICIEMBRE:
Historias mínimas (2002), Dir. Carlos Sorín, 2002.
Cortometraje: Un país en la mochila. Menorca.
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MINISTERIO DE CULTURA DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES.
Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires

CICLO DE CINE.
“CIUDADES, CULTURAS Y POLITICA EN LATINOAMERICA”.
Del 13 de julio al 28 de septiembre, todos los viernes a las 19.
Salón San Martín de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Perú 160. Los films que ilustran la identidad de cada país, de cada región.
Entrada libre y gratuita.

LA PRIMERA BUENOS AIRES.
en donde están todos los informes, planos, fotos y estudios de la búsqueda del lugar en que estuvo la primera Buenos Aires entre 1536 y 1541, que se actualiza en forma permanente y con la intención de que todos estos estudios sean públicos y accesibles por la comunidad.

JORNADAS BUENOS AIRES GALLEGA:
INMIGRACION, PASADO Y PRESENTE - 14, 15 y 16 de agosto
Manzana de las Luces, Perú 272.
El presente evento reúne a especialistas argentinos y extranjeros sobre los múltiples aspectos de la inmigración gallega en la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores.
INSTITUCIONES ORGANIZADORAS: Academia de Historia de la Ciudad de Buenos Aires, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires (G.C.A.B.A.), Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires

MESAS TEMATICAS Y CRONOGRAMA:
Martes 14:
10 a 10.30: Acto de Inauguración.
10.30 a 12 Mesa A) La inmigración gallega en Buenos Aires en el contexto
de la inmigración europea de masas.
15:00-16:30: Mesa B): Entre changadores y empresarios: Inserción
socioprofesional de los gallegos en Buenos Aires.
17.30 a 18.45 Mesa C) De viudas de vivos a emigrantes: Las mujeres gallegas en Buenos Aires. 19:30 Presentación de la reedición del libro de Antonio Pérez-Prado Los gallegos y Bs. Aires.
Miércoles 15:
9 a 10:30 Mesa D) Los inmigrantes gallegos en el imaginario social y literario porteño.
11.30 a 13.30, Mesa E) La cultura gallega en Buenos Aires: Pasado y presente.
16.30 a 17.45 Mesa H) Los gallegos en la cultura argentina: Perfiles.
19:30: Actuación del grupo de música de la Fundación Xeito Novo de Cultura Gallega.
Jueves 16:
9 a 11: Mesa F) La colectividad gallega de Buenos Aires: Pasado y presente.
12 a 13.15 Mesa G) Imaginar Galicia desde el Río de la Plata.
16:30 a 18 Mesa I) Mesa redonda: Discriminación y migraciones, ayer y hoy.
19: Acto de clausura.
20: Actuación de la Orquesta de Cámara Galega.

Para mayor información acerca de las Jornadas puede remitirse al blog http://www.buenosairesgallega.blogspot.com , o contactar con las siguientes direcciones electrónicas y teléfonos: galiciaenbuenosaires@gmail.com. 4 813-9370 / 5822 (Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires Bs Aires)
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DIA DEL NIÑO
Sábado 11 de agosto de 14 a 18 hs.
Av. Belgrano entre Boedo y Maza. Te esperamos con tu familia. Festival en la calle con música, magia, juegos, merienda y espectaculos varios.
Asociación Mutual Homero Manzi. Av. Belgrano 3540 C.P. 1210. Tel. 4 932-3940 / 4 956-2265.
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Programa JUEGOTECAS BARRIALES.
Dir. Gral. de niñez y adolescencia, GCABA. Proyecto: CLUB SOCIAL y DEPORTIVO JUGARTE. Durante el año 2006, en la Juegoteca Boedo Sol Naciente, llevamos adelante un proyecto que denominamos “Jugarte”, el cual se desarrollaba en el espacio intermedio entre el juego y la expresión artística. Para ello trabajamos en base a cinco disciplinas (Música, Plástica, Literatura, Danza y Teatro)
BOEDO: Boedo 1759. Horarios: 3 a 5 años: Lun. a Jue. de 14.30 a 16.30hs. 6 a 9 años: Lun. y Mié. 17 a 19 hs. 10 a 13 años: Mar. y Jue. de 17 a 19hs. Coord:Prof. Jimena Gónzalez Alsina
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6to. FESTIVAL INTERNACIONAL
DE CINE NUEVA MIRADA PARA LA INFANCIA Y LA JUVENTUD.
Ya comenzó la inscripción de las escuelas que quieran asistir a las funciones de entrada libre y gratuita del Festival. Organizado por la Asociación Civil Nueva Mirada y dirigido por Susana Velleggia, el Festival se realizará en la sala Espacio INCAA Km0 (Gaumont), del 6 al 12 de setiembre. Las escuelas e instituciones sociales interesadas en participar deben inscribirse en: 4 372-4628. escuelas@nuevamirada.com
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PROGRAMA CULTURAL EN BARES NOTABLES.
Los espectáculos se realizarán en el marco del programa de Revitalización de los Bares Notables perteneciente a la Comisión de Protección y Promoción de los Cafés, Bares, Billares y Confiterías Notables, que coordina la Subsecretaría de Patrimonio del Ministerio de Cultura de la Ciudad.
CORO VOCAL JUNTOS (Folklore latinoamericano)
Viernes 24 de agosto a las 18:30 ESQUINA HOMERO MANZI Av. San Juan y Av. Boedo. No se cobra derecho a Show
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EL FILETE PORTEÑO
EXPOSICION:
del 13 al 31 de agosto en la Legislatura porteña, Perú 160.
* Clases abiertas y demostraciones a cargo de los grandes maestros fileteadores.

PRESENTACION DEL CUADERNO EDUCATIVO:
el 28 de agosto, a las 19, en el Salón San Martín de la Legislatura porteña (Perú 160). El autor es el reconocido fileteador Alfredo Genovese. (112 páginas donde se cuenta la historia y evolución del filete).
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CICLO DE CINE - AGOSTO.
Voluntarios de Parque Centenario.

Epuyén 544 (alt. Díaz Vélez 4500). pcentenario@hotmail.com
http://voluntarios-parquecentenario.blogspot.com/
Entrada Gratuita. Ciclo de Cine - Agosto: Fellini - Antonioni
Todos los Jueves 20 hs.
Jueves 2: La Strada;
Jueves 9: 8 1/2;
Jueves 16: Zabriskie Point;
Jueves 23: Amarcord;
Jueves 30: Mas allá de las nubes.
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CICLO DE CINE
“CIUDADES, CULTURAS Y POLITICA EN LATINOAMERICA”
Del 13 de julio al 28 de septiembre,
todos los viernes a las 19 hs. Salón San Martín de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Organizan: La Dirección de Cultura de la Legislatura porteña y la Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural (CPPHC).

Este ciclo de cine latinoamericano pretende mostrar la diversidad cultural que vivimos en nuestro continente, a través de múltiples miradas y formas de ser.
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15.7.07

Nº 65
Julio de 2007

Ya es un recuerdo también: el 9 de julio de 2007, mientras en el bar Esquina Homero Manzi celebrábamos el cierre de la Semana de Boedo, ventanas afuera otro espectáculo inusual competía impúdicamente con los músicos: ¡nevaba!. Como hace 89 años, nevaba en Buenos Aires. Una provocación para la cursilería: ¡hasta la naturaleza se asoció a los festejos barriales! Ni el Tata Cedrón, con su célebre “Piove en San Telmo”, imaginó que algún día podría decir, con propiedad, “Nieva en Boedo”.


EN ESTE NUMERO:


RECUERDOS DE JULIO
Por Mario Bellocchio

Callejeando historia
EDUARDO SIVORI, LA SIRVIENTA Y EL COMIENZO DE LA PINTURA MODERNA

Por Diego Ruiz

PLATOS CON ESPIGAS
Por Mónica López Ocón

LA SEMANA DE BOEDO

LOS SANTOS VIENEN MARCHANDO
Por Cati Cobas

LA ESCALERA INMOVIL
Por Mario Bellocchio

FERVOR Y SILENCIO
Por Carlos Penelas

REFLEXIONES SOBRE LA EXIGUA ETERNIDAD DE UNA ACEITERA
Por Salvador Linares

RUBÉN BIANCHI
Por Francisco Aranda

ESTATUAS VIAJERAS
Por Rubén Derlis

“TODO ES HISTORIA” YA TIENE SU PROPIA HISTORIA
Por Mario Bellocchio

INFORME DE LA COMISION PLAZA

LLUVIA EN BUENOS AIRES
Por Edgardo Lois

POEMA de Jorge Isaías

Editorial: EN CANA
Por Mario Bellocchio

GUIA DE CULTURA GRATUITA




Recuerdos de julio

Julio: para Boedo un mes prolífico en acontecimientos nutrientes de nuestra módica historia barrial. En un año en que el centenario del natalicio de Manzi acapara casi toda nuestra atención evocativa es bueno no perder de vista otros sucesos para el recuerdo.

9 de julio de 1960. SUBTE “E”. Se inaugura la actual estación BOEDO de subterráneos, línea “E”. Nadie que no lo haya vivido de cerca puede imaginar las peripecias de los habitantes de San Juan y Boedo en los años previos a esta demorada inauguración. El subte circulaba desde 1944 entre el apeadero —eternamente provisional— ubicado sobre el andén norte, a metros de Maza. Y la obra de la estación se prolongó mucho más de lo debido afectando toda la circulación y la vida social y comercial del barrio que recibió como un milagro este corte de cintas. (1)

11 de julio. DIA DEL BANDONEON en homenaje al nacimiento, en 1914, de ANIBAL TROILO. Pichuco fue (es) un fueye con alma que no reconoce propiedades zonales dada su universalidad. Pero para los boedenses un cacho grande de su tesoro cultural tiene origen en su talento de compositor. El —y sólo él pudo hacerlo con tanta maestría— creó la música para el “Sur” de Homero Manzi. ¿Y quién lo despega de nuestro San Juan y Boedo antigua? (2)

15 de julio de 1906. Nace JERONIMO SUREDA, letrista, hermano de Antonio. Los hermanos Sureda, ambos nativos de Boedo, fueron autores de un largo repertorio de notoriedad que no llegó a trascender la época con igual aceptación. Curiosamente, a raíz de un equívoco que le adjudicaba la interpretación a Carlos Gardel —en realidad el cantante era Carlos Marambio Catán— un jingle de Geniol logró perdurar en la memoria popular más que sus composiciones de mayor fuste: Venga del aire o del sol / del vino o de la cerveza / cualquier dolor de cabeza / se quita con un Geniol.

15 de julio de 1938. Muerte de DANTE LINYERA (Francisco Bautista Rímoli). Nacido el 2 de agosto de 1902. El día en que Rímoli se tomó el buque a los 36 pirulos, quedó Dante Linyera para siempre, con su lunfa espontáneo, lleno de amor por el barrio:
Sos barrio del gotán y la pebeta, ¿Qué quiere esa fifí Florida?... / el corazón del arrabal porteño, ¡Si vos ponés tu corazón canyengue, / cuna del malandrín y del poeta, como una flor en el ojal prendida, / rincón cordial, en los balcones / la capital de cada bulín! / del arrabal. (“Boedo”, 1928).

17 de julio de 1994. Muerte de SEBASTIAN PIANA. Había nacido el 26 de noviembre de 1903. “Tenés que conocer a un tipo que escribe muy bien” —le dijo Cátulo en 1926— cuando en un bar de la avenida San Juan le presentó a Homero Nicolás Manzione, un muchacho de dieciocho años autor de una poesía titulada El ciego del violín. Se entusiasmaron tanto con ella que inmediatamente escribieron la música, Cátulo la primera parte y Piana la segunda. A los pocos días la composición era estrenada con el título de Viejo ciego por el cantor Roberto Fugazot en la pieza teatral Patadas y serenatas en el barrio de las latas de Ivo Pelay, un punto de referencia en la historia de las letras de tango. Allí comienza la amistad y dupla autoral con Manzi que florecería en una obra llena de colores y fructificaría a lo largo de 25 años de labor conjunta. [...] Su vida autoral junto a Manzi produciría obras inolvidables: Milonga triste, Milonga del 900, Milonga de los fortines, Milonga Sentimental, Pena mulata, Milonga de Puente Alsina, Canción por la niña muerta, los tangos El pescante de 1934 y De barro, entre otros. (Alberto Di Nardo) (3)

20 de julio de 1897. Nace ENRIQUE MACIEL. Vivió en Boedo y murió el 24 de enero de 1962. Cumplía años los 20 de julio. Deslizaba sus manos por el encordado de su guitarra con la misma maestría con que escribía sobre el pentagrama. Con el instrumento acompañó durante casi toda su carrera a Ignacio Corsini. El primer poeta culto que se avino al canto popular —Héctor Pedro Blomberg— lo capturó para el ochenta por ciento de sus obras: Era rubia y sus ojos celestes / reflejaban la gloria del día, / Y cantaba como una calandria / La pulpera de Santa Lucía. // Era flor de la vieja parroquia / ¿quién fue el gaucho que no la quería? / Los soldados de cuatro cuarteles / Suspiraban en la pulpería. (“La pulpera de Santa Lucía”, 1929, letra de Héctor Pedro Blomberg, música de Enrique Maciel)

21 de julio de 1918. TEATRO BOEDO (primera función teatral). Boedo necesita un teatro y yo se lo voy a dar, cuentan que dijo en rueda de amigos el catalán Jaime Cullen. Y no trepidó en demoler su casa de inquilinato de Boedo 949 (actual “Farmacity”) para construir el Teatro Boedo. Las primeras funciones, en 1916, tienen como centro las proyecciones de cine mudo con el acompañamiento de algún “número vivo”, remoto antecedente de las verdaderas puestas teatrales que iban a producirse, recién, dos años más tarde, el 21 de julio de 1918, con la compañía Arata-Brieva presentando la obra “El tío soltero” de Ricardo Hicken. (Mario Bellocchio) (4)

25 de julio de 1995 - Muerte de OSVALDO PUGLIESE. La mesa de la vidriera del bar de Boedo y Carlos Calvo ha quedado vacía. Ya no se ve a Osvaldo y Lidia compartiéndola. Su “Recuerdo” cobra vigencia, le da nombre al lugar en su memoria. Aquel elegante flaco miope, todo nervio en aspecto, contrastando con la destreza en la mesura de sus dedos sobre el teclado. Genio y creatividad en su estilo de músico que supo amalgamar con la pasión y conducta en la militancia. Hace más una década que ya no toca... “en vivo”, porque hablar de su partida es un insulto a la vigencia de los grandes. (Mario Bellocchio) (5)

25 de julio de 1782 - Nace en Salta MARIANO BOEDO - DIA DEL BARRIO DE BOEDO. Ley 1043 de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires: el 19 de junio de 2003 la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires sanciona con fuerza de Ley: Art. 1º.- Institúyase el 25 de julio como “Día del Barrio de Boedo” en coincidencia con el nacimiento del prócer de la Independencia Mariano Boedo. Art. 2º.- Comuníquese, etc. Firman: Cecilia Felgueras, Juan Manuel Alemany. (6)

25 de julio de 1878 - Nace en el pueblo de 25 de Mayo, Buenos Aires, JOSE LUIS BETINOTI. Afincado en las cercanías de Boedo, allí desarrolló sus dotes de payador y compositor. Falleció el 21 de abril de 1915.
La melancolía tiernamente sensiblera de las letras de Betinoti prenunciaba al tango canción. Por eso es justo inscribirlo como el antecedente más ligado al género por excelencia del Río de la Plata. (Alfredo de la Fuente) (7). Pobre mi madre querida, / qué de disgustos le daba; / cuántas veces escondida, / llorando lo más sentida / en un rincón la encontraba. Su recordada composición figuró en el repertorio de mayores sucesos de Carlos Gardel.

26 de julio de 1942 - Muere ROBERTO GODOFREDO CHRISTOPHENSEN ARLT. Nació el 2 de abril de 1900. Si una medida cierta de las virtudes la da la vigencia, puede observarse que mientras los libros de sus críticos contemporáneos juntan en los estantes el polvillo de la inmovilidad, la obra de Arlt sigue luciendo la pulcritud que le da su activa consulta. (Mario Bellocchio) (8)

26 de julio de 1974 - Muere JULIAN CENTEYA (Amleto Enrique Vergiati). Julián no encaja fuera de las rebeldías de Boedo, de sus luchas proletarias, de la fantasía que la precariedad inventa para soportar la explotación e intentar aunque más no sea el rescate, ya que no el equilibrio. Julián no cuaja en la retórica hueca de las academias y allá va empujado a recalar en radios y periódicos vertiendo homeopáticas muestras plagadas de metáforas surrealistas con pretensión de botella de náufrago. Sólo exprimiendo todas las mesas de todos los boliches podríamos intentar tener al verdadero Amletojulián en esas madrugadas de amigos con la verba diluida en el humo de su eterno pucho. (Mario Bellocchio) (9)

30 de julio de 1932 - Acta de fundación de la PEÑA PACHA-CAMAC. “A los 30 días del mes de julio de 1932” como suelen decir las actas queda oficialmente constituida la Peña Pacha-Camac. El grupo de dilettantes que José González Castillo logra aglutinar tiene, por fin, “su lugar”. Allí seguramente los sueños y teorizaciones derramados en mármoles y nocturnidades de los cafés del entorno, contarán con el ámbito adecuado para su desarrollo. (10)
Mario Bellocchio

(1) Ver en DESDE BOEDO Nº 31, 60 años de subte “E” de Sergio Ruiz Díaz.
(2) DESDE BOEDO Nº 20, Pichuco no se fue de Roberto Díaz; Nº 54 Aníbal Troilo, Pichuco de Mario Bellocchio y A Aníbal Troilo, poema de Haydée Breslav.
(3) DESDE BOEDO Nº 24, Piana y la melodía de la vida de Alberto Di Nardo y Piana, Borges y la censura de Mario Bellocchio; SUPLEMENTO ESPECIAL PIANA, artículos varios.
(4) DESDE BOEDO Nº 51, El teatro Boedo de Mario Bellocchio.
(5) DESDE BOEDO Nº 38, La rosa blindada y el clavel de la ausencia de Rubén Derlis. Y en Nº 48. El año de Pugliese de Mario Bellocchio.
(6) DESDE BOEDO Nº 6, Boedo en mayo de Mario Bellocchio (sobre Mariano Boedo y otros temas).
(7) DESDE BOEDO Nº 28, José Betinoti, el payador de Boedo de Alfredo de la Fuente.
(8) DESDE BOEDO Nº 17, Ciento tres años de Arlt de Mario Bellocchio, y el Nº 8, Tres 26 de julio de Edgardo Lois.
(9) DESDE BOEDO Nº 27, Julián Centeya, el inmigrante de Nira Etchenique. Y en el 35, Julián “gris” Centeya de Mario Bellocchio.
(10) DESDE BOEDO Nº 5, Aguafuerte de Roberto Arlt y artículo Empeñosa peña de Mario Bellocchio.

Los lectores interesados en las consultas que se indican pueden solicitarlas a desdeboedo@yahoo.com.ar y les serán remitidas a vuelta de correo electrónico. O acercarse a la mesa de publicaciones de BAIRES POPULAR los sábados de 11 a 14, en la vereda del Margot, Boedo y S. Ignacio.




Callejeando historia
Eduardo Sívori, la sirvienta

y el comienzo de la pintura moderna

Este mes el cronista, para poder seguir el orden en cierta medida cronológico que se ha autoimpuesto, ha tenido que salir a callejear por barrios que siente, en cierta medida, ajenos pese a su innegable porteñidad. Es que al personaje elegido, por alguna extraña razón edilicia, le ha tocado en suerte una callecita en Palermo Chico, o Barrio Parque como escuchamos más a menudo sin saber a ciencia cierta cuál de las dos denominaciones es la correcta o, por lo menos, la primigenia. Como se sabe, es lugar de gente “de posibles” como el próximo jefe de Gobierno de la ciudad, o como el abogado que hace días se atrincheró armado hasta los dientes al mejor estilo norteamericano. Pero también es el barrio donde vivió hasta su muerte Rosita Quiroga y en el que Le Corbusier diseñó una casa para Victoria Ocampo, que perteneció en algún momento a la modelo Claudia Sánchez y aún subsiste, por suerte, en esta época de demoliciones indiscriminadas.
Lo cierto es que allí han colocado a Eduardo Sívori, un pintor y grabador que nació allá por 1847 en una familia de origen genovés y “de muchos posibles” (¿será por eso la ubicación?, ¿son recordados los artistas en la nomenclatura urbana según su extracción social?) y con escasos doce años se presentó al concurso de becas que, como ya hemos comentado, financiaba el gobierno para estudiar en Europa junto a nuestros viejos conocidos Prilidiano Pueyrredón y Martín Boneo. La cuestión es que lo rechazaron por la edad y, quizá desengañado, el joven Eduardo se dedicó al comercio familiar hasta 1873 en que se fue a París por las suyas y visitó galerías y museos, tomó contacto con los maestros de la época y quiso retomar su primera vocación. A su regreso a Buenos Aires, en 1876, empezó a estudiar con Francesco Romero, José Aguyari y Ernest Charton -de lo mejorcito que había en plaza- y con sus hermanos Carlos y Alejandro, a más de Aguyari, Alfredo París, Julio Dormal, Eduardo Schiaffino y otros fundó la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, nuestra primera institución artística en cuya escuela se formaría la siguiente generación plástica y que en 1905, por iniciativa del ministro de Instrucción Pública Joaquín V. González, sería nacionalizada como Academia Nacional de Bellas Artes.
Sívori se dedicó a pintar y ya en 1875 ganó una mención de honor, con un dibujo a la carbonilla, en un concurso organizado por la revista parisina Foussin y en 1880 obtuvo una medalla de oro en la Exposición Continental realizada en Saint Louis, Estados Unidos. Ya estaba maduro para volver a París y así lo hizo en 1882, instalándose en Montparnasse y estudiando con Jean Paul Laurens, Collin, Hannoteau y Puvis de Chavannes. Era el momento del naturalismo, Emilio Zola dominaba en el campo literario y el gran Gustave Courbet, el pintor de obreros y campesinos, mantenía su influencia sobre las nuevas generaciones a pesar de haber fallecido en 1877 en el exilio debido a su participación en la Comuna de 1870. Así pues no puede extrañarnos que una de sus primeras obras maestras, presentada en el Salón de París de 1887, tomase por tema Le lever de la bonne, “el despertar de la sirvienta”, hoy en el Museo Nacional de Bellas Artes. Allí fue apreciado, pero cuando quiso exhibirlo en Buenos Aires... se produjo el escándalo: una mujer semidesnuda de tamaño natural, en actitud de vestirse en la mañana, no era nada del otro mundo pero —parafraseando a Enrique Muiño en Así es la vida—, “¡una sirvienta, che!”. Y sí, era una sirvienta no muy joven, con un cuerpo poco agraciado en el que se notaban las huellas del trabajo, con pies juanetudos, en una pobre cama y en una pequeñísima habitación como lo eran generalmente las de la servidumbre en aquellos tiempos dorados. La cuestión es que la exhibición en Estímulo debió hacerse en privado y por rigurosa invitación.
Igualmente Sívori siguió participando en el Salón de París hasta 1891, cuando regresó a nuestra ciudad trayendo consigo un gran bagaje técnico y cierta influencia de los impresionistas de los que, no obstante, no llegó a adoptar la estética y los procedimientos. Se dedicó a pintar magníficos retratos como el de Germán Burmeister o el de su esposa, El viejo solterón o El retrato de blusa azul y paisajes y figuras como La pampa en Olavarría, El tambo de la estancia, Las gauchitas, etc. Pero también, de tanto en tanto, volvió a sus fuentes naturalistas como en La alondra del suburbio o en el sobrecogedor La muerte del obrero, en el que un hombre agoniza en un camastro en una mísera habitación mientras a su lado, con un bebé en brazos, su mujer espera el desenlace, el todo iluminado —un poco a la Caravaggio— solamente por una única ventana. Lo curioso de este cuadro es que, aparentemente, se llamó primero La muerte del campesino, lo que sería coherente con la vestimenta de la mujer y especialmente con los zuecos que calza, pero siempre es citado de la primera forma. Y para complicar más aún el problema, cuando en la década de 1940 fue adquirido por el Museo de Bellas Artes de La Boca —y la ficha del Museo no miente, se compró como La muerte del campesino— don Benito Quinquela Martín no tuvo mejor ocurrencia que renombrarlo como La muerte del marino, pecado en última instancia venial en quien tanto hizo por su barrio marinero y por la plástica nacional.
Con los años, Sívori obtuvo reconocimientos, integró la Comisión Nacional de Bellas Artes, dirigió la Academia Nacional y el Museo Nacional de Bellas Artes, donde se conserva un importante conjunto de sus obras, representativas de todas las épocas y técnicas. Como ya dijimos, no tenía preocupaciones económicas, por lo que según José León Pagano habría producido más de un millar de cuadros entre acuarelas, óleos, pasteles, dibujos y grabados. Falleció en 1918 y algunas de sus obras son consideradas como hitos de la pintura argentina: La lever de la bonne y Retrato (la esposa del pintor), uno con el predominio del claroscuro que le confiere dramatismo y el segundo con serenidad y firmeza en el dibujo y en el color; pero también En el taller de 1891, Primavera de 1914 y, por qué no, el magnífico Autorretrato de 1900 que nos presenta su conocida efigie de largos cabellos y barba blanca.
Hoy, como merecido homenaje de la ciudad que lo vio nacer, trabajar y morir, uno de los más importantes museos porteños lleva su nombre pero, como decíamos al principio y repetido más de una vez, no fueron tan generosos los ediles al asignarle calle. Como tantos otros artistas una cuadra apenas —sí, es cierto, en flor de barrio, pero no deja de ser una cuadrita— lo recuerda en Palermo Chico desde la avenida Figueroa Alcorta hasta la circular calle Ombú, entre Eduardo Costa y Manuel Obarrio.
Diego Ruiz


Platos con espigas

Nunca más los volví a ver. Los busqué en diferentes bazares, pero sólo encontré versiones sofisticadas que carecían de aquel encanto tosco de la industria nacional de mi infancia. Eran de una loza blanca, gruesa y ordinaria que con el tiempo se iba poniendo grisácea. Las espigas estaban en relieve sobre el borde como recordándonos a los niños que aquella sopa que nos daba calor en las noches de invierno provenía, como todos los alimentos, de la riqueza inagotable del campo. Aquellas espigas, junto con la vaca que inspiraba las composiciones escolares, eran el emblema doméstico de la patria.
Mi abuela volcaba en aquellos platos todos los productos de la fantasía culinaria: líquidos dorados en los que flotaban fideos de nombres poéticos: cabellos de ángel, dedalitos, dedalones (¿acaso dedales para gigantes?) y estrellitas, réplicas estelares diminutas y huidizas que parecían duplicar en el agua un firmamento amarillo. Pero fueron los fideos de letras los que más me inculcaron la pasión literaria. A quien en la infancia ha bebido alfabetos a cucharadas durante toda la vida le nacen palabras inesperadas en la parte más recóndita de las entrañas. ¿Provendrá el espíritu bélico de la ingesta desmedida de sopa de municiones en la niñez? Llegar a la adultez no garantiza que enigmas como éste sean finalmente develados. Aún continúo preguntándome, como lo hacía en la infancia, por qué a nadie le interesa la identidad de los niños envueltos, la brutalidad caníbal con que los aceptamos en nuestros platos, la desgracia que los empujó a la cacerola como si hubieran sido infantes espartanos con algún defecto arrojados al vacío desde el monte Taigeto. Me pregunto también por qué mi abuela, que nunca se había apartado del fuego de la cocina, deponía su espíritu de humildad para prepararme “sopa a la reina” con secretas aspiraciones monárquicas.
Leo el título de esta nota, “platos con espigas”, y tengo la sensación de que se trata del título de un cuadro como “Girasoles amarillos” o “Señora tomando sopa” que no es un cuadro, sino un poema de Olga Orozco que tiene título de cuadro. Es que aquellos platos con espigas eran el lienzo sobre el que se dibujaban los sabores que componían la restringida paleta gustativa de mi casa. Mi abuela los guardaba en la parte más alta de la alacena de la cocina haciéndoles formar una torrecita inclinada que parecía pronta a desplomarse en cualquier momento como terminan por desplomarse siempre las torres de la infancia.
Pero aun en medio de las ruinas de aquellas torres derrumbadas, reconozco los platos con espigas comprados en el bazar de la esquina de mi casa. Sobrevivieron en mi memoria a la catástrofe existencial de la adultez. Brillan como una luna de loza sobre la mesa del comedor vacío. Son parches de tambores sobre los que las cucharas repican ritmos antiguos y fatigados. Sobre sus bordes cachados aún se eleva el humo de una sopa extinguida hace mucho.
Inútil preguntarme por qué ya no se fabrican platos con espigas. La realidad se cansa de producir maravillas. Sólo tiene a disposición del público un stock limitado de recuerdos en que los objetos brillan como quizá nunca lo hicieron, donde los platos blancos se tiñen del color sepia de las fotografías antiguas y hasta tienen sonrisas de parientes posando para la eternidad de las postales.
La industria nacional ya no es lo que era. Por eso ya no existen bazares donde vendan platos con el borde cachado, agobiados por el uso, platos que, al modo de una caja de música, nos canten la melodía del pasado evocando el tintineo de los cubiertos y el entrechocar de los vasos. No se puede recurrir a ningún bazar si uno busca un mediodía olvidado o una sobremesa lejana en la que usamos el plato vacío a modo de máscara para no mostrar una risa desobediente o un llanto que nos avergonzaba.
De todas formas, si alguien ve un plato de espigas en una vidriera vieja o en el estante polvoriento de un bazar de barrio, se ruega avisar de inmediato. Quién sabe si no está allí lo que uno busca desde siempre y jamás ha encontrado.
Mónica López Ocón



La semana de Boedo

El domingo 1º comenzó la Semana de Boedo, organizada por su Red de Cultura, con una brillante convocatoria sobre la avenida —hecha peatonal entre EE UU y Carlos Calvo— por donde pasaron, durante el día, alrededor de 5000 personas que pudieron visitar 110 stands, 80 de ellos pertenecientes a artesanos, y 30 institucionales. Sobre el palco, levantado frente al pasaje San Ignacio, se hicieron presentes: el grupo Los Orientales, Renaceres Latinos, Salsa con Mamboedo, Tango con Boedo Escuela, Buenos Ayres Danza, Maderas del Río de la Plata, Buenos Aires Discordante, el Hot Club de Boedo, el Tata Cedrón, el Grupo de Teatro Boedo Antiguo y la orquesta típica Fervor de Buenos Ayres. Un importante grupo de comerciantes donó elementos para ser sorteados entre los concurrentes y “Pan y Arte” recibió, al finalizar, a los artistas y al grupo organizador a quienes agasajó con empanadas y vino de la mejor prosapia mendocina.
Este año lo distinto fue la muestra colectiva sobre la Plaza de Boedo —el vivero Yuyo Verde proveyó los banquitos y la escenografía de la plaza en miniatura donde los pichichos utilizaron el pasto—, la muestra tradicional de la Comisión por la Memoria y otra, sobre las actividades anteriores de la Red de Cultura, que se montó sobre cuatro pilares escenográficos aportados por la Cooperativa de Trabajo La Nacional de Carpintería.
Ildefonso Pereyra, alma mater del evento, decía al finalizar la laboriosa jornada: “rescatar algún momento culminante me resulta difícil. Fue, desde mi punto de vista, todo excelente y conmovedor. No hubo discusiones, no hubo contrariedades —dijo un integrante de la Red que participó por primera vez en la jornada inaugural de la Semana—. Hubo ansiedad en algunos” (N. de la R.: con las carencias técnicas ajenas a nuestra responsabilidad que padecimos al comienzo) “y hubo quienes contuvieron”.
El despliegue continuó durante la semana en las instituciones de la Red. El número de actividades hizo difícil asistir a todas ellas. Este periódico estuvo presente en algunas tales como la deliciosa charla ilustrada de Aquilino González Podestá, organizada por la Asamblea de Boedo, y el debut del ciclo de cine nacional gratuito en La Balear —se proyectó “Luna de Avellaneda” ante una concurrencia de alrededor de 150 personas— organizado por Baires Popular.
Y, sobre el cierre de esta edición, el brillante final en la esquina Homero Manzi, con Cerda Negra y Fervor de Buenos Ayres en el escenario, un lleno completo del enorme salón y la nieve en San Juan y Boedo contemporáneo, como si algo faltara para que la jornada resultara inolvidable.



Los Santos vienen marchando

Pocos clubes de fútbol tienen tantos apelativos como el mío. Cuando se nombra en la Argentina a San Lorenzo de Almagro, el club que por tener los colores del Barza es uno de los favoritos de los españoles aquí radicados, se puede decir: Los Santos, Los Cuervos, Los Matadores, Los Camboyanos, Los Azulgrana, Los Gauchos de Boedo o El Ciclón. Y siempre se sabrá que se habla de la institución cuyos estadios son Gasómetros en vez de Bomboneras.

No creo que el sacerdote salesiano Lorenzo Massa imaginara la trascendencia que iba a tener el hecho, cuando, con la intención de sacar de la calle y atraer hacia las “obras del Señor” a un grupo de jóvenes que se reunían en la esquina de México y Treinta y Tres Orientales —muy cerca del Oratorio San Antonio— para jugar al fútbol con el nombre de Los Forzosos de Almagro, les ofreciera jugar en un terreno dentro del predio del oratorio a condición de que Los Forzosos —que más deberían haberse llamado Los Forzados— ¡fueran a misa los domingos!

Pero volvamos un poquito a los nombres y sus curiosidades. Somos Santos y Cuervos como referencia inequívoca al carácter clerical de nuestros orígenes, Azulgranas por la camiseta, Camboyanos porque en una época de mishiadura, en que no nos quedaba ni cancha ni agua caliente en las duchas precarias de que disponían los jugadores, igual se lograba rendimiento futbolístico. Y “gauchos” por algunos de nuestros equipos cuyos integrantes eran hombres del interior más que porteños. Nuestros estadios son gasómetros dado que el original, de hierro y madera, ubicado en avenida La Plata e Inclán, conocido como El viejo gasómetro, tenía forma de tal, habiéndose trasladado el apelativo al Nuevo ubicado en el Bajo Flores. Todavía recuerdo el eco de los goles que se escuchaba en los barrios de Boedo, Caballito y Parque Chacabuco —cuando Los Matadores hacían su faena— reverberando en calles, patios y azoteas.
Ha corrido mucha agua desde 1908 en que el cura Lorenzo, inmortalizado por Angel Magaña en el cine, sedujera a Los Forzosos. Hemos conocido la gloria y el descenso, los mejores bailes de Carnaval y el dolor de que nuestro antiguo estadio se convirtiera en supermercado francés; aunque, como diría María Elena Walsh, “tantas veces nos mataron, [...] sin embargo estamos aquí, resucitando” como se puede comprobar hoy al coronarse, San Lorenzo de Almagro, como Campeón del Torneo Clausura 2007.
Por lo tanto, aquí me encuentro, compartiendo con ustedes la alegría, ataviada con un tricornio azul-grana que me queda monísimo, mientras empuño dos o tres matracas para celebrar la victoria. Desde nuestro balcón vemos cómo el Nuevo Gasómetro estalla en fuegos artificiales para dar comienzo a los festejos, mientras saltamos, aporreando cacerolas con un fervor que no podría reconocer mejor causa.
Con perdón de Rubén Darío, ¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen, claras, las bocinas y el ómnibus con los jugadores se anuncia con vivo reflejo.
Mis vecinos del tercer piso cubren el balcón con una bandera que abarca toda la fachada de nuestro edificio, mientras en la torre de enfrente arrojan papelitos al paso de la procesión futbolística. Los paquetes habitantes del Barrio Cafferata cuelgan la divisa sanlorencista sin el menor de los pudores. Todas las avenidas se llenan, en muy poco tiempo, con los colores que lucieron, entre otras glorias, los Carasucias. Y volvemos a sentir la misma comunión de los tiempos del mundial, pero esta vez con un sentimiento más íntimo y, todavía, más nuestro: el que da celebrar nuestra pertenencia, desde siempre, a uno de los equipos fundamentales de la historia del fútbol argentino, sello de estas barriadas nacidas al compás del trabajo y la inmigración.

Mi marido propone dar una vuelta a pie para entablar, desde la vereda, un feliz diálogo de banderita y bocina con los que marchan motorizados. Y toda la familia lo sigue: hasta la gata (que no es la Fernández) se hace presente, con unas cintas muy adecuadas a la oportunidad.
Es que Misha también es hincha del Ciclón y, a pesar de ser un felino, esta vez quiere celebrar como todo un auténtico cuervo que se precie de tal.
Cati Cobas



La escalera inmóvil

En enero de 2004 un pequeño que estaba utilizando la escalera mecánica de la estación Boedo del subte “E” resultó seriamente lesionado al engancharse en el “peine” que recibe el desfile de escalones. Las heridas sufridas fueron de real importancia por lo que debió tomar intervención la Fiscalía Correccional Nº 1 a cargo del Dr. Sebastián Randle.
La escalera fue clausurada con fines preventivos y la Delegación Subterráneos de la Policía Federal llevó a cabo el correspondiente peritaje. Establecidas las probables responsabilidades, el caso pasó al Juzgado Correccional Nº 10, Secretaría 76, donde se efectuaron las actuaciones correspondientes. El 16 de abril del corriente año el Juzgado ordenó a la Delegación de la PFA que citara a “Metrovías” a fin de comunicarle la disponibilidad de la citada escalera previas modificaciones estructurales y habilitación respectiva de la misma. La empresa no concurrió a ninguna de las tres citaciones que se le realizaron a partir de esa fecha.
La Asamblea Vecinal de Boedo, tomando “la posta” de inquietudes vecinales al respecto, está haciendo una campaña de recolección de firmas para la rehabilitación de la escalera. Uno de sus miembros, Carlos Tyndyck, pudo averiguar por medio de la secretaria del Dr. Randle, Dra. Laura Soulé, que la reconversión del sistema de la escalera mecánica a escalones metálicos con peine de recolección fino —como los hay en toda la parte más reciente de la línea “E”— fue la condición impuesta a “Metrovías” para la rehabilitación judicial de la maquinaria al uso público. Esa es la razón por la cual la escalera mecánica de la estación Boedo no funciona.
La empresa “Metrovías” pretendió, durante largo tiempo, deslindar responsabilidades sobre una presunta inoperancia judicial mediante un cartel —hoy retirado “convenientemente”— colocado en el vallado de la inactiva e imprescindible escalera, indicando que la misma está en condiciones operativas y sólo paralizada por la actuación judicial.
La realidad parece indicar que se trata de una pulseada intentando imponer el parche de reparación de un medio mecánico obsoleto y —como se ha visto— altamente peligroso, por no realizar la correspondiente inversión sobre el nuevo sistema. Mientras los tironeos subsisten, los sufridos boedenses seguimos padeciendo, desde hace casi cuatro años, las incomodidades que la ausencia de escalones autoportantes ocasiona.
Mario Bellocchio



Fervor y silencio

Es sabido que los tiempos cambian, que el gusto o la sensibilidad se modifican. Es razonable que así sea, por otra parte. Lo que intentamos señalar, una y otra vez, es que en las últimas décadas parecería que se hubiera cortado de manera casi definitiva con la historia. El desinterés, la ignorancia, la patanería son de tal magnitud que nos abruma. Se desconocen hechos elementales de geografía, literatura o episodios de nuestro pasado. Estamos hablando de estudiantes, de estudiantes que concurren a establecimientos privados o estatales, de jóvenes privilegiados que cursan en un secundario o en una facultad. Y también de docentes, sobre todo de las últimas generaciones. Fastidiado lector, no se moleste conmigo. Esta es la realidad. Las aulas son un horror, en lo físico y en lo intelectual. Que existen jóvenes brillantes, ciertos centros de excelencia, intelectuales o profesionales de renombre, sin duda. Nadie lo niega. Queremos decir sólo que en la mayoría de los casos vemos barbarie, brutalidad, decadencia. Miremos las caras de los simios que andan por las calles con ropa. Miremos los estadios de fútbol, los trenes, los hospitales, las calles, los edificios públicos, los terrenos baldíos, los ojos desnutridos, los caballeros del Barrio Norte. Miremos nuestro interior, nuestras provincias, la pobreza, la violencia, la hipocresía, el engaño.
Pero volvamos a lo nuestro, urbano lector. Estudiantes de Letras, y también en más de una oportunidad profesores en Letras, desconocen los nombres (ni hablar de sus lecturas) de Catulo, Tibulo o Propercio. Jóvenes poetas, y no tan jóvenes, jamás leyeron una línea de la gran Tsvétaieva, de Rilke o de Pierre Jean Jouve. Sería importante que se tomaran el trabajo de hacerlo. Lo mismo que El Quijote, grácil lectora, que pocos son los que pasaron del primer capítulo si es que alguna vez lo abrieron. Y no piensen lo que un alumno con el ceño fruncido me dijo en una oportunidad: “A mí me gustaría leerlo pero en una versión moderna, con palabras actuales”.
Hace poco tiempo se publicó un interesante artículo de Umberto Eco en torno a lo contemporáneo y los hechos mitológicos, los hechos de crónicas donde la sangre y el crimen lo rodeaban todo. Las cosas cambian, sin duda, pero en esos libros, en aquellos mitos helénicos o latinos, veríamos semejanzas, aproximaciones. Tal vez Calígula era peor que Bush, quizás Cleopatra era menos bella que Sofía Loren.
Entre nuestros grandes hombres se encuentra Arturo Marasso, un ser humano que desde niño sintió que estaba en comunión con la Naturaleza, con una visión panteísta que se encuentra en toda su obra, una obra de clásica pureza. Marasso que nació en Chilecito, en el oeste riojano, el 18 de agosto de 1890. Un sabio que nos deja siempre rastros. Un escritor filósofo, augur, vidente. Su pasión abarcaba el reino animal: se pasaba horas observando a un perro o a un caballo que excavando en la arena hace brotar el agua. Un ser de excepción que en el interior de sí mismo se sentía un campesino. Se recibirá de maestro en Catamarca, en 1910. Solía dialogar con las cosas mínimas, una hoja desprendida, una piedra pequeña.
Intentamos, desde esta columna, ejercer el pensamiento y una elocuencia para transmitirlo y encontrar el diálogo. Tender puentes entre campos culturales habitualmente disociados, que el lenguaje se encuentre en el centro de las consideraciones. Y hacer lo imposible para que la palabra no se convierta en ceniza. Roberto Calasso, uno de los intelectuales italianos representativos de nuestra época, nos dijo hace poco tiempo que “las formas de vida más difundidas actualmente educan para olvidar la misma posibilidad del vacío”.
Carlos Penelas



Reflexiones sobre la exigua eternidad de una aceitera

Al fin me decidí.
Cansado de oír chirriar las bisagras de la puerta de mi dormitorio, compré una pequeña lata sobre la que una etiqueta reza: “Aceite para máquinas. 100 cc.”, experimentando, esta vez precisamente, lo que hace muchos años había imaginado como trama argumental de una narración: la convicción de haber adquirido algo por última vez en la vida. Porque no me van a decir que, en lo que me resta de ella, habrá tanta bisagra sonora que justifique gastar su contenido.
Tengo que aclarar que acabo de cumplir setenta y tres años y que hace poco salí —por el momento airoso— de un tratamiento de cáncer. Es decir, tengo harto superadas las expectativas estadísticas de vida y un enemigo interno que estuvo allí latente, agazapado, y a punto de saltar sobre esta yapa que me va concediendo la existencia.
La gente teme hablar de la muerte; por eso, toda la parafernalia mediática de la sociedad de consumo está dedicada a hacernos olvidar que algún día tendremos que abandonar este mundo.
El “Morir habemus”, al que el chusco contestaba: “Ya lo sabemus...”, ha sido erradicado del contexto diario, y más aun, aquel estremecedor: “...avive el seso y despierte contemplando, como se pasa la vida, como se viene la muerte, tan callando”, que los porteños tradujimos en un tanguero “como se pianta la vida, del muchacho calavera”.
Estoy convencido de que el responsable de esa inducida amnesia es el capitalismo que, para perdurar, necesita suprimir del panorama de los hombres la certidumbre de su fin y lograr así sus infames designios, extendiendo su voracidad de ganancias hasta la final pompa fúnebre que nos depositará en la tumba. Para esta última instancia también han fabricado un engañoso pero lucrativo sucedáneo de cementerio que llaman “jardín de paz”.
El capitalismo y su ejecutor imperial, EE.UU., persisten y prosperan banalizando no solamente los aspectos más trascendentes de la vida, sino también los de su final, especialmente en su manera de describir en los medios de comunicación la violencia urbana y sus ficciones de guerra. Para ello han creado la imagen virtual de una muerte que no es muerte, sino mera pirotecnia de armas de utilería y salsa de tomate simulando sangre desparramada por pantallas de cine y televisión, ocultando, en cambio, rigurosamente la visión de la ineluctable muerte real, esa que sucede a cada hora en Irak, Jordania, el Líbano, Palestina o en cualquiera de los lugares a los que llegan a sembrarla.
Hasta al propio y sospechoso atentado del 11 de septiembre en NY le han escamoteado la visión de los cadáveres —no precisamente en nombre de la piedad, la ética o el buen gusto— mientras prosiguen prodigando desde la ficción mediática la más aberrante representación de la violencia ya sea en películas, series o juegos electrónicos. Esa es la muerte “conveniente”, convertida en producto, en artículo de consumo. La muerte acondicionada y envasada para que los espectadores —principalmente los jóvenes— sigan creyendo que todo es un juego o, lo que es peor, instalando en sus mentes la idea de que la vida es también algo descartable, pasible del “úselo y tírelo”, panacea del ideario productivo y comercial del sistema.
La precariedad en la vida útil de las cosas también ha transformado sustancialmente nuestra relación y comunicación con la sociedad. No era así en otros tiempos.
Cuando era un niño, los mayores solían mostrarme con orgullo objetos que habiendo heredado, les acompañarían seguramente hasta el fin de su existencia y legarían, a su vez, a sus descendientes. El capitalismo arrasó con la cultura de lo bien construido y perdurable para sustituirla por la de objetos prescindibles y su necesaria y continua renovación. Más allá de multiplicar a través de ello sus ganancias, lo que en realidad se proponen es una estrategia para destruir la memoria del pueblo mientras estimulan el coleccionismo conmemorativo de las minorías dominantes a las que sí conviene mantenerle vivos los recuerdos que preservan su casta.
Una de las armas más importantes para la perduración de las monarquías, y luego de las oligarquías herederas del poder, han sido los árboles genealógicos, los memoriales por encargo, las panoplias y los secreters.
Qué podemos pretender nosotros, pobres perdularios, que no conocemos siquiera el nombre de nuestro bisabuelo ni poseemos vitrinas albergando armas y trofeos recordatorios de hazaña alguna. Ni hablar de la memoria escrita —tal vez unas pringosas libretas de almacén y carnicería— ni de disimuladas gavetas en las que ocultar evidencias de los tejemanejes de una incierta prosapia y fortuna. Para ser pobres no se necesita ni es aconsejable tener recuerdos ni secretos.
Nos queda —como en mi caso— el oxímoron de la exigua eternidad de la aceitera, que, ya sospecho, subsistirá arrumbada en alguna caja junto a otras insignificantes pertenencias, sobreviviendo a mi desaparición y, posiblemente, será hallada por alguno de mis numerosos nietos o bisnietos (hasta ahora 19 de unos y 3 de los otros), a los que les haya correspondido la conservación de mi bagaje final.
Lubricarán con ella otras bisagras o, con mayor fortuna, la cadena de alguna bicicleta que los lleve a disfrutar de paisajes venturosos.
Y yo perduraré —aunque sea brevemente— en lo que llamarán, mientras dure su contenido, “la aceitera del abuelo”, hasta que, ya agotada, su inutilidad la deposite, definitivamente anónima, en el tacho de la basura.
Salvador Linares



Rubén Bianchi

El 4 del corriente Rubén Bianchi, nos dejó físicamente Las viejas cámaras de Súper 8 —que aún muchos guardamos de recuerdo—, movidas por algún ángel, habrán hecho un fundido de cierre para despedir a este entusiasta cineista que tanto hizo para darle un lugar al cine independiente.
Llegó en los albores de UNCIPAR (Unión Cineistas de Paso Reducido) por 1973 con uno de sus primeros cortos: Régimen de visitas, cuando las funciones se realizaban en el teatro “Florencio Sánchez”. Se integró al reducido grupo de realizadores y prontamente comenzó su lucha para darle a la institución no sólo un reconocimiento a nivel nacional sino que junto a esos pocos superochistas quería que fuese conocida en el mundo entero. Coordinó mesas para discutir la Ley de Cinematografía, fomentó encuentros internacionales, logró incluir a UNCIPAR en la Unión Internationale du Cinema Non Professionel, y dio comienzo a las “Jornadas de Cine Independiente” (Villa Gesell, 1974). En 1985 logró, junto a otros pioneros, realizar en Mar del Plata el primer Festival Internacional de Cine Independiente.
Se había cumplido otro de sus sueños.
Rubén había nacido en Sarandí, barrio al que quería, pero sus afectos estaban también en San Telmo donde vio crecer a sus hijos. Y en Boedo, porque para él era tango, música que amaba, y tanto, que en 1974, junto a Luis Marinaro (ex vendedor de la ya desaparecida zapatería “La Princesa”, de Boedo al 700) y quien esto escribe, realizó el espectáculo: Cantata a Homero Manzi (relator, actores e imágenes filmadas); pero grande fue su alegría cuando nos invitaron a presentarla en la confitería “La Bombonniere” de la calle Boedo, con la presencia de Cátulo Castillo y Sebastián Piana, entre otras personalidades del tango.
Enamorado de la vida, en su libro “Travesías” (1998) dejó un legado para sus nietos, y en “Afectos especiales”, publicado en 2004 año en que se sumó a Baires Popular una colección de pinceladas porteñas. Al momento de su deceso formaba parte del cuerpo docente del INCAA.
Con gran pena despedimos al amigo en mi caso especial de más de tres décadas, y al eterno luchador que compartió tantos sueños. “Tu frente triste de pensar la vida, tiraba madrugadas por los ojos”.
Francisco Aranda




Estatuas viajeras

No es necesario ser un viejo lobo de mar cuyo velero hendía el “vasto cristal azogado” de la rubendariana Sinfonía en gris mayor, o un moderno marino de ultramar (de aquellos que alguna vez ondearon nuestra bandera por los mares del mundo cuando poseíamos una importantísima flota mercante) para navegar por las páginas de este Mascarones de proa que Diego Ruiz botó a las aguas de la tinta impresa como armador de los Cuadernos del Tornillo de los astilleros del Museo de Bellas Artes de la Boca “Benito Quinquela Martín”, como no podía ser de otra manera. Pero sí es necesario, casi diría imprescindible, situarnos en lo más adelantado de la proa y dejarnos acariciar o golpear, según como suceda el relato que su autor desarrolla con información de primera agua, conocimiento abrevado en fuentes fidedignas e indagaciones en folios precisos, todo acercado a un lector atento con prosa dúctil y didascálica.
Tarea sin inconveniente habría resultado para Ruiz enumerar los mascarones de proa que atesora el museo y contarnos de ellos con más de literatura ficcional que de rigor histórico, pero como nuestro autor es un inquieto investigador, no se dejó tentar por estos cantos de sirenas, valga la imagen ya que de asunto del mar tratamos, y se remontó hacia los inicios de la navegación, remando desde allí hasta la invención del timón para arribar a nuestros días. Y digo bien remando, pues la tarea que encaró es digna de galeotes, pues debió permanecer atado a su texto con ritmo sostenido, atesorando datos precisos, confrontando otros, desechando lo trivial, arrojando en fin el lastre por la borda, hasta amarrar en el puerto que se había marcado como destino: Mascarones de proa, cuya derrota lo llevó, guiado por la brújula de su sapiencia, por una diversidad de hechos y circunstancias que dieron origen a los capítulos que encierran estas páginas tan esclarecedoras acerca del tema que se había propuesto.
El cúmulo de notas y la extensa bibliografía son testimonio fehaciente de la ingente labor llevada a cabo por su autor. La rigurosidad en la investigación y su estilo llano en comunicar lo por él puesto en valor son, para quienes sabemos de su seriedad en hurgar en el pasado, sea éste pretérito o cercano más el fervor manifiesto en cualquiera de los temas que trate, moneda corriente; pero para aquellos que aún no se han asomado a algunos de sus libros, resultará un verdadero hallazgo comenzar a hojear sus textos. Y este Mascarones de proa es, sin el menor asomo de duda, un buen comienzo.
Rubén Derlis



“Todo es Historia” ya tiene su propia historia

No trataré de explicar lo que significa para los que hacemos ‘Todo es Historia’ y para mí personalmente, haber alcanzado los 40 años de vida. Ninguna revista cultural ha llegado en nuestro país a semejante antigüedad: esta circunstancia basta para legitimar nuestro orgullo. Nuestro orgullo y nuestro agradecimiento hacia todos los que han hecho posible este modesto milagro argentino: empleados, colaboradores, avisadores, impresores, distribuidores, quiosqueros y, sobre todo, lectores”. Lectores: el volátil objeto de deseo de todo editor. Durante 40 años Félix Luna y sus colaboradores supieron volcar a las páginas de Todo es Historia material de interés permanente. Angulos de lectura de nuestro pasado abordados desde las más disímiles líneas de pensamiento. Siempre intensamente, siempre profundamente. Los que necesitamos elementos para nutrir nuestras propias ansiedades de conocimiento del pretérito imperfecto de nuestra tierra encontramos durante 40 años una vitamínica fuente en Todo es Historia. Un cordial saludo a Félix Luna y a los que lo rodean en su Editorial.
Mario Bellocchio



Informe de la Comisión Plaza

El Dr. Javier Lebenas (del despacho de la Jefatura de Gobierno GCABA) nos informa que el trámite sigue su curso. Asimismo notifica que llamaron a su oficina desde la Jefatura de Gobierno para informarle sobre el expediente de expropiación y números de registro que identifican el trámite sobre nuestra plaza: Registro 2301 AJG2007 Exp.23258/2007. Los teléfonos de la Procuración donde se pueden recabar informes sobre el estado de la tramitación: Tel.: 4 371-8412/4222 o 4 323-9400 int. 7488/7469
Se nos informa, de igual manera, que a fines del mes de junio pasado el Expediente estaba en Control de Legalidad.
Tomamos conocimiento a través de la diputada Liliana Parada que se han presentado vecinos en la Legislatura con un proyecto para poner nombre a la plaza. Luego de un intercambio de ideas al respecto se resuelve hacer llegar a los legisladores el acta de constitución de la “Comisión todos por la plaza de Boedo” con una carta adjunta solicitando a los legisladores que cualquier tema vinculado a la Plaza sea derivado a la Comisión Barrial que esta funcionando de hecho desde el 2006, antes que saliese la Ley. 2266, y oficialmente desde marzo 2007.
Se ha iniciado un expediente de expropiacion Nº 4982/2007.

La Escuela de Psicología Social Pichón Riviere informa que llevarán a cabo las encuestas sobre un muestreo significativo (propuesta mínima 200 personas).
Se intercambian pareceres sobre las zonas donde tomar el muestreo y se aprueba que sean alejadas del predio, para aprovechar las encuestas como una tarea de difusión.



Lluvia sobre Buenos Aires

El señor imagen del noticiero de la TV equivoca artículos, tiempos verbales, palabras, y lo hace todas las mañanas en casa; no es posible entender por qué razón ocupa el lugar que ocupa cuando clarito se percibe que no sabe hablar, pero ahí está, en una más de sus mañanas en que las patinadas se le amontonan en la boca. Al fin llega la primera agitada de la red: Está cayendo granizo en Buenos Aires. Los tironeos a la red también se amontonan en el decir del señor imagen. Hay que mantener al pescadito sujeto y la red se construye con agitaciones varias que en todo momento recordarán al atrapado: Ojito, que la ciudad te amenaza. No importa que el granizo caído sea ínfimo, como se informa a continuación, en todo momento se mantiene el tono de posible tragedia, importa que la piedra cae y si así sucede qué mejor que tentar a la memoria reciente de la gente: ¿Te acordás del último granizo? Un minuto después, el impreso en pantalla avisa: Está cayendo granizo, pero el señor ya no aclara que el fenómeno no es cascote, y los productores del programa muy contentos porque en la mañana se puede, siempre se puede, agitar cuando llega el arriba las manos, argentinos.
La lluvia es útil en la mañana, Buenos Aires en lluvia, como si estuviera envuelta en un verdadero tango triste y melancólico, Buenos Aires en blues cuando desde mi ventana miro la ciudad al sur.
Desde la TV, la pareja presentadora de noticias acompaña con cara de circunstancia, de a mí nadie me dijo nada, ellos tan incoloros, insípidos e inodoros, como si fueran agua de lluvia, pero de otro lugar, porque la lluvia de Buenos Aires es otra historia.
Una mirada rápida sobre el tema lluvia puede conducir a conclusiones un tanto erróneas, aunque lo observado, ciertamente, lleve careta extraña. Sólo hace falta un día de lluvia sobre la ciudad para registrar cómo el habitante sin paraguas comienza, en el amanecer de las gotitas, a agacharse. ¿Un movimiento reflejo o un movimiento totalmente consciente?, ¿es que el ciudadano sabe que las gotas pueden, por ejemplo, causar dolor y entonces se agacha?, ¿o el secreto es otro? Casi todos se agachan y los que no lo hacen viven en la ignorancia; pregunté muchas veces: Che, ¿por qué te agachás?, y me negaron la respuesta simulando sorpresa; todo apunta a un enigma, pero apuntar a misterio no significa que se pueda afirmar que la lluvia en Buenos Aires es pesada y lastima, como leí en un libro publicado hace algunos años. Otra de las reacciones, y por lo general cuando el ciudadano está agachándose bajo el castigo de las gotitas, se detecta en la nariz. El ciudadano la frunce como si la lluvia tuviera olor a mierda, y esto, por más que lo parezca, no es verdad; pregunté, Che, ¿tiene olor a mierda?, y silencio otra vez. El hecho está a la vista: el caminante sin paraguas, efectivamente, se agacha, frunce la nariz y pierde su mirada en el piso, como buscando más información, como tratando de recordar todo lo que el señor de la TV le dijo que era importante saber antes de salir de casa.
También puede observarse otro fenómeno en Buenos Aires cuando la lluvia, y está en relación con el ciudadano que sí lleva paraguas, esos que poseen defensa y abren la capa como si de superhéroe se tratara y avanzan erguidos, la vista al frente y sin fruncir la nariz. La cuestión es, avanzan, pero ¿cómo avanzan?; exactamente como no corresponde, que es la manera de avanzar en esta ciudad, es decir, en su mayoría se dedican a transitar protegidos y por debajo de los techos. Si alguien lo desea, puede comprobar y de manera simple hasta dónde llega el superhéroe con su paraguas, alcanza con esperar atento en el hall de cualquier estación del subterráneo. Ciudadanos con paraguas en mano intentarán una y otra vez cruzar los molinetes con sus estandartes desplegados. La pregunta es ¿por qué?; escuché por ahí que en la ciudad existe una especie de sociedad secreta cuya arma y símbolo fundacional es el paraguas, y debo confesar que al principio me pareció una estupidez, pero a la vez apareció una pregunta: ¿existe alguien entre aquellos a los que la lluvia los sorprende sin paraguas, que jamás haya sido agredido por los avisados, esos que siempre hacen los deberes o que le hacen caso a mamá o al señor imagen de TV, esos que luego salen con sus armas esperando la lluvia y, una vez que ésta ha cantado piedra libre, buscan frenéticos bajo los techos y marquesinas los ojos de los otros, de los simples mortales?
Cuando la lluvia se hace en Buenos Aires se puede buscar nuestra propia presencia en el refugio de una mesa de café (se aconseja por ejemplo el Margot de Boedo y no Sigi o Velvet en Villa Freud de Palermo algo, porque tantos y tan fríos son los Palermos que parecen los famosos caminos del señor en durísimo invierno), y en ella soltar amarras y dedicarse a la contemplación de nuestras patrias internas, esas tierras de mar adentro que no se negocian ni se regalan. Hace poco una escritora amiga, Danielle Roger, canadiense ella, me contaba de lo que le cuesta vivir a un escritor por aquellos lugares: En mi país, casi no hay nada peor que ser artista (sí hay peor: ser escritor). Y todos dicen que hay que trabajar y olvidar esta tontería de escribir. Pero no puedo ser otra que la que soy. Esta es la idea de patria interna y la charla con una de ellas es muy aconsejable cuando la lluvia en un café, aunque Danielle se la haya encontrado en una casita rodante prestada, olvidada en medio de un bosque, y que de lluvia no diga nada. Quizás una mesa de café tenga mucho de casita rodante prestada; pueden pasar cosas extrañas sobre una mesa de café de Buenos Aires, y si llueve, mejor. Cuando la lluvia, y ya habiendo nuestro ciudadano regresado desde el adentro patriótico (se aclara que para volver de una patria interna primero hay que tenerla), se aconseja un libro sobre la mesa, la mesa cercana a la ventana, y la lluvia como acompañante, y hablo de una lluvia no violenta, de una lluvia que pueda ser como el aire, esa que invita a mirar hacia el cielo para recibir cada caricia. Será necesario un libro en total sintonía con nosotros, ninguna lectura forzada, ninguna de esas lecturas que nos llevan a preguntarnos ¿por qué estoy leyendo lo que estoy leyendo?, ¿por que será que se ha escrito este libro? Una experiencia maravillosa de lectura sobre mesa de café y con lluvia amable del otro lado de la ventana ocurrió de mañana y en la mano tenía el Adán Buenosayres de Leopoldo Marechal, aunque estoy seguro de que hasta el placer supremo de una lectura en estas condiciones nos lleva cualquiera de los libros del autor citado.
Cuando la lluvia cae sobre Buenos Aires, y si durante la misma el ciudadano viaja montado en un colectivo a la hora del atardecer, podrá acercarse, si le interesa, al sano entretenimiento de sospechar historias en la ciudad. Las calles toman otra apariencia, las personas adoptan otros códigos, tengan o no paraguas, otras dimensiones se abren en la lluvia, la ciudad adquiere una respiración que es a la vez nerviosa y reposada, algo así como hacer un movimiento rápido cuando en realidad nada nos importa demasiado; en medio de ese paisaje, desde un colectivo en el atardecer, se puede sospechar una historia desde cada ventana iluminada. Desde cada una de las ventanas pueden asomarse historias, encerradas y abiertas en rectángulos mientras la luz invita a mirar, a robar imágenes; la lluvia corriendo sobre el vidrio de la ventanilla, partiendo mugre y sospecha, mientras la vida juega al tira y afloja diario, pero lo dicho, esto puede ocurrir durante la lluvia de Buenos Aires, una cuestión que va más allá de la humedad.
Me gusta la ciudad mojada y desconfío un tanto de la ciudad seca, porque en ella muchas veces parece moverse una persona, que en silencio se dedica a proyectar películas cortas en donde los personajes dejan mucho que desear. Personajes áridos asumiendo roles equívocos en dudosas películas instantáneas se abaten sobre las calles cuando la lluvia no está.
En un colectivo vi cómo una madre impactaba sobre la cabeza del educando (sí, su hijo) con el cuaderno de clase; a cada golpe repetía la palabrita: “burro”, y a su vez aprovechaba el evento para educar: conejo se escribe “c” y no con “q”. En seguida pensé en la posible apariencia física de un conejo escrito con “q”, la culpa me rondaba mientras trataba de acallar la risa ante la inocente libertad ortográfica y descuidaba la suerte del agredido; en claro me quedaba la apariencia de las madres escritas con puntos suspensivos.
Estaba sentado a una mesa (había dos) en el tercer piso del Centro de la Cooperación esperando las palabras del poeta Leopoldo “Teuco” Castilla, cuando llegó una mujer con sus buenos años, pero sin haber renunciado al maquillaje y vestimenta propias de las jóvenes damiselas. En la otra mesa había dos mujeres, también mayores, pero en sintonía con los tiempos transitados. La recién llegada inició el diálogo, ¿Me puedo sentar?, ¿ustedes tiene que ver con el arte?; Sí, contestaron ellas muy seguras y a coro; Ay, yo también, soy abogada, pero ahora escribo, para salirme un poco de este país; Y sí, contestó el dúo; Me dijeron que en dos meses estamos en híper, a mí me agarró el corralito con un dinero que era para vivir tranquila después de trabajar una vida; Yo me salvé justo, dice una de las señoras; ¿Te avisaron?; No, suerte; y la mujer, con voz de superada, como si fuera una escritora dueña de un ego incontenible, remata: Igual yo ahora escribo, desde que me desmaterialicé no me preocupo más por el dinero.
La mujer desmaterializada sin dudas seguirá trabajando en su obra literaria y haciendo sociales, porque algo hay que decir y hacer, che. El señor imagen de TV también podría haber usado un rayo desmaterializador (sobre su sien derecha, matate le gritarían en el barrio) en su vocabulario, pero hasta ahora no lo hizo. Pero volviendo a la expresión de la señora escritora, se me ocurre pensar que en estos días el señor Telerman acaba de desmaterializarse, sí, la figura es válida, y si lo es, una resultante acertada sería que el señor Macri se materializó, digo, un poquito más. Podría llover más sobre Buenos Aires.
Edgardo Lois



POEMA

Me gustan
los bares
en un lugar donde mi calle
no llega.
(Mi calle.
Mi calle era de polvo
y mariposa
y ahora ya no existe.)
Sólo en la lejanía
queda fija
menos viva
que tu vientre.

Jorge Isaías



Editorial
En Cana

En un operativo relámpago, llevado a cabo entre gallos y media noche por las fuerzas del orden, fueron puestos tras las rejas los conspicuos miembros de una entidad de Boedo llamada Paseo de las Esculturas. Los severos servidores públicos hicieron oídos sordos a los ruegos de la tierna Cholita: de nada valió su mansedumbre ni su prosapia incaica. Ahora, sólo desde los balcones de Boedo XXI puede verse su humilde sombrerito libre de barrotes.
La pareja tanguera de Tango íntimo, en cambio, no tiene muchas dificultades —acostumbrada como está a bailar sobre una baldosa— aunque piensa seriamente en hacer el cuatro en lugar del ocho por las serias limitaciones que les impone el cerco de hierro. Nada más inapropiado que una Súplica encarcelada. Y aunque parezca revestir algo de lógica Interiores no puede ser admirada desde el exterior de un enrejado impiadoso. Hasta La bestia, cuyo ámbito natural es la jaula, parece desplazarse en el repetido vaivén de la fiera encerrada.
¿Habrá vuelto a las andadas libertarias José González Castillo que lo metieron en cana? Ni el bronce tan holgadamente ganado lo liberó del hierro. ¿Qué diría Cátulo si viera que los pichichos de Boedo no pueden acercarse a olisquear el busto de su padre?
¿Qué responderán los victimarios cuando los detenidos se quejen ante el INADI por haber sido discriminados? O si alguien merecía la tortura del encierro, ¿por qué zafaron el Homenaje a la madre, el Testimonio y el Reposo? ¿Qué argüirían? ¿Que una madre no se toca, que se le detendrían todos los relojes a Bilevich y que Estephan Erzia era ruso y la Embajada tomó cartas en el asunto?
Dicen que hasta las cosas más serias tienen su arista tragicómica. ¿O acaso no causa gracia ver a alguien tropezar y, más aún, caerse? En el despropósito de este afán carcelario, sólo la descriptiva farsesca puede movilizarme el músculo risorio.
Mario Bellocchio



CULTURA GRATUITA


DE JULIO A DICIEMBRE CICLO DE
CINE GRATUITO EN “LA BALEAR”
EL PRIMER VIERNES DE CADA MES A LAS 19.30.
En Colombres 841
Presentan: BAIRES POPULAR - CASA BALEAR DE BS. AS. - CGP COMUNAL 5

3 DE AGOSTO: Tiempo de valientes (2005), Dir. Damián Szifron. Un psicoanalista (Diego Peretti) debe realizar tareas comunitarias dentro de su actividad. La tarea que el juez le asigna es atender a un inspector de la Policía Federal (Luis Luque) anímicamente devastado por una severa crisis matrimonial. (Apta may. 13). Dur.: 112'. Cortometraje: Parques nacionales.

7 DE SEPTIEMBRE: Derecho de familia (2006),
Dir. Daniel Burman.

Video: Ibiza y Formentera. Documental sobre ambas islas.

5 DE OCTUBRE: El abrazo partido (2003), Dir. Daniel Burman.
Cortometraje: Días de vino. Industria vitivinícola en Mallorca.

2 DE NOVIEMBRE: El último payador (1950), guión y dirección de Homero Manzi. Homenaje en el centenario de su natalicio. Protagonizada por Hugo del Carril.
Cortometraje: Un país en la mochila. Mallorca. Documental sobre la mayor de las Islas Baleares.

7 DE DICIEMBRE: Historias mínimas (2002), Dir. Carlos Sorín.
Cortometraje: Un país en la mochila. Menorca.

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CURSOS en el Museo Monte de Piedad
Seminario: TEATRO ARGENTINO “La conmoción de la vida”. De la Ranchería a Teatro Abierto. A cargo del Profesor Leonardo Busquet Del 31 de mayo al 19 de julio, todos los jueves de 18 a 20 hs, en el auditorio del Museo Monte de Piedad -Av. Boedo 870, 2º Piso. Cupos limitados - Informes: a las direcciones del encabezado
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LA ORUGA. Biblioteca pública de La Oruga: todos los sábados de 16 a 19 hs en la plaza de México y Jujuy. E-mail: laorugacolectivoautonomo@yahoo.com.ar
Página web: http://www.laorugaweb.com.ar/
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TEATRO LEIDO Ciclo de presentación de las últimas obras del grupo de dramaturgos que integran Susana Torres Molina, Susana Gutierrez Posse, Susana Poujol, Víctor Winer, Héctor Lewy-Daniel, Jorge Huertas, entre otros, como teatro semimontado con actores como Rita Terranova, Carlos Belloso, entre otros.
Los 2os. lunes de cada mes en distintas bibliotecas públicas
Consultas: 4 811-0867 int.102 - ENTRADA LIBRE Y GRATUITA

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MINISTERIO DE CULTURA DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES. Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires

MUESTRA: “EVA EN EL PALACIO LEGISLATIVO. 60 AÑOS DEL VOTO FEMENINO”. Del 10 al 27 de julio, en la Sala de Exposiciones de la Legislatura de la Ciudad , Perú 160.
Fotografías, videos, objetos personales. Entrada gratuita.

CICLO DE CINE. “CIUDADES, CULTURAS Y POLITICA EN LATINOAMERICA”. Del 13 de julio al 28 de septiembre, todos los viernes a las 19. Salón San Martín de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Perú 160. Los films que ilustran la identidad de cada país, de cada región. Entrada libre y gratuita.

II CONGRESO DE LAS LENGUAS. “Por el respeto a la interculturalidad y el ejercicio de la memoria”. 18, 19, 20 y 21 de julio 2007. Inauguración: 18 de julio de 2007, a las 19 hs.
Facultad de Medicina UBA - Paraguay 2155

LA PRIMERA BUENOS AIRES. Existe un sitio: www.primerabuenosaires.com.ar en donde están todos los informes, planos, fotos y estudios de la búsqueda del lugar en que estuvo la primera Buenos Aires entre 1536 y 1541, que se actualiza en forma permanente y con la intención de que todos estos estudios sean públicos y accesibles por la comunidad.
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LEGISTANGO. Miércoles 25-07-2007 a las 18.30 en la Legislatura Porteña, Perú 160, Planta Principal, Salón San Martín. “El Tango y los Barrios”. Dirección y acompañamiento: Mario Valdéz. Voces: Livia Comerci, Marisa Eguía y Beatriz Villar. Artista invitado Walter Malosetti, a quien se distinguirá junto al periodista Roberto D’Anna y al poeta lunfardesco Juan José “Chichín” Vieytes.
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FERIA DEL COMERCIO JUSTO Parroquia Santa Cruz Somos un grupo de productores/as que ofrecemos nuestros productos a un precio justo, creando conciencia para que cada vez seamos más los “Consumidores Responsables”. Las ferias que organizamos los segundos sábado de mes, fortalecen nuestro proyecto de “Comercialización Comunitaria”.14 de julio de 16 a 20 hs. EEUU 3180. Para más información, vía mail comerciojustosantacruz@yahoo.com.ar
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LA JUNTA DE ESTUDIOS HISTORICOS DEL BARRIO PARQUE CHACABUCO invita a la charla correspondiente al mes de julio de su ciclo “Curiosa Buenos Aires”. El próximo jueves 19, a las 19, en el salón de la parroquia Santa Isabel de Hungría, sito en San José de Calasanz 1059, el Dr. Carlos M. Trueba disertará sobre “El pintoresco Clemente Onelli en Buenos Aires”La disertación será acompañada con proyección de diapositivas.
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LOS BARRIOS PORTEÑOS ABREN SUS PUERTAS. La Dirección General de Patrimonio, del Ministerio de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires convoca a participar de su emprendimiento. Para descubrir y valorar el patrimonio de los barrios

JUEVES 26 DE JULIO - COMUNA 1. 10:30 hs. MUSEO NACIONAL FERROVIARIO. Encuentro: Av. del libertador 405 - Retiro. Coordina: Adolfo Beain. 10:30 hs. RECORRIDO POR LA AVENIDA DE MAYO. Encuentro: Casa de la Cultura, Av. de Mayo 575 - Montserrat. Coord.: Silvana Bermúdez. 14:30 hs. MUSEO ETNOGRAFICO JUAN B. AMBROSETTI. Encuentro: Moreno 350 - Montserrat. Coordina: Alejandra Reynoso. 16:00 hs. GRAN LOGIA ARGENTINA DE LIBRES Y ACEPTADOS MASONES. Encuentro: J. D. Perón 1242. San Nicolás. Coord.: Juan Esteban Serchio. 17:30 hs. MUSEO MUNDIAL DEL TANGO - ACADEMIA NACIONAL DEL TANGO. Encuentro: Rivadavia 830 - Montserrat. Coord.: Walter Piazza y Pablo L. Vinci.

VIERNES 27 DE JULIO - COMUNA 1. 9:00 hs. ZANJON DE GRANADOS. Encuentro: Defensa 755. San Telmo. Coord.: Silvina Ferremi. 10:00 hs. IGLESIA ORTODOXA RUSA. Encuentro: Brasil y Defensa San Telmo. Coord.: Alejandro Iwaszewicz. 12:00 hs. TALLERES DEL TEATRO SAN MARTIN. Encuentro: Corrientes 1530 (Hall). San Nicolás. Coord.: Ana M. Monti y Lidia Yadarola. 12:30 hs. RECORRIDO POR EL BARRIO DE CONSTITUCION. Constitución y Lima. Constitución. Coord.: Juan Esteban Serchio.17:00 hs. ASOCIACION UNIONE E BENEVOLENZA. Encuentro: J. D. Perón 1362. San Nicolás. Coord. María Paiella y Pablo L. Vinci. CUPOS LIMITADOS.

INSCRIPCION PREVIA: Desde el 18 hasta el 25 de julio. Tel.: 4 323-9400 INT. 2756

VISITAS PERMANENTES - Sin inscripción previa
*AGRONOMIA: Ultimo sábado de cada mes en Tinogasta y Av. San Martín. 10:00 hs. Coordina: Mabel Roelants
*PARQUE CHAS: Ultimo sábado de cada mes en Av. de los Incas y Av. Triunvirato. 11:00 hs. Coordina: Magdalena Eggers
*CABALLITO: Ultimo domingo de cada mes en Parque Rivadavia junto al monumento a Bolivar. 16:00 hs. Coordinan: Marina Bussio y Héctor Núñez Castro.
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“LA RECONQUISTA... EPICA SAGA”, un espectáculo de teatro y música que cuenta la noche anterior a la segunda invasión inglesa (año1807). Una comedia absurda en la que Leo Bosio nos trae lo mejor y lo peor de nuestra patria. Todos los sábados a las 21.30 con entrada libre y gratuita, en el Centro Cultural Plaza Defensa. Defensa 535. Dramaturgia, puesta en escena y dirección general: Leo Bosio. Una producción de “apenas... teatro” con el auspicio del Ministerio de Cultura GCABA y el Centro Cultural Plaza Defensa.
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CICLO DE CINE - JULIO. Voluntarios de Parque Centenario. Epuyén 544 (alt. Díaz Vélez 4500). pcentenario@hotmail.com
http://voluntarios-parquecentenario.blogspot.com/
Entrada Gratuita.
Cine Koreano: Todos los Jueves 20 hs. Jueves 5: 2046 los secretos del amor. Jueves 12: Con ánimo de amar. Jueves 19: Primavera, Verano, Otoño, Invierno... Jueves 26: Hierro 3
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Programa JUEGOTECAS BARRIALES. Dir. Gral. de niñez y adolescencia, GCABA. Proyecto: CLUB SOCIAL y DEPORTIVO JUGARTE. Durante el año 2006, en la Juegoteca Boedo Sol Naciente, llevamos adelante un proyecto que denominamos “Jugarte”, el cual se desarrollaba en el espacio intermedio entre el juego y la expresión artística. Para ello trabajamos en base a cinco disciplinas (Música, Plástica, Literatura, Danza y Teatro) BOEDO: Boedo 1759. Horarios: 3 a 5 años: Lun. a Jue. de 14.30 a 16.30hs. 6 a 9 años: Lun. y Mié. 17 a 19 hs. 10 a 13 años: Mar. y Jue. de 17 a 19hs. Coord:Prof. Jimena Gónzalez Alsina
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