15.7.07

Nº 65
Julio de 2007

Ya es un recuerdo también: el 9 de julio de 2007, mientras en el bar Esquina Homero Manzi celebrábamos el cierre de la Semana de Boedo, ventanas afuera otro espectáculo inusual competía impúdicamente con los músicos: ¡nevaba!. Como hace 89 años, nevaba en Buenos Aires. Una provocación para la cursilería: ¡hasta la naturaleza se asoció a los festejos barriales! Ni el Tata Cedrón, con su célebre “Piove en San Telmo”, imaginó que algún día podría decir, con propiedad, “Nieva en Boedo”.


EN ESTE NUMERO:


RECUERDOS DE JULIO
Por Mario Bellocchio

Callejeando historia
EDUARDO SIVORI, LA SIRVIENTA Y EL COMIENZO DE LA PINTURA MODERNA

Por Diego Ruiz

PLATOS CON ESPIGAS
Por Mónica López Ocón

LA SEMANA DE BOEDO

LOS SANTOS VIENEN MARCHANDO
Por Cati Cobas

LA ESCALERA INMOVIL
Por Mario Bellocchio

FERVOR Y SILENCIO
Por Carlos Penelas

REFLEXIONES SOBRE LA EXIGUA ETERNIDAD DE UNA ACEITERA
Por Salvador Linares

RUBÉN BIANCHI
Por Francisco Aranda

ESTATUAS VIAJERAS
Por Rubén Derlis

“TODO ES HISTORIA” YA TIENE SU PROPIA HISTORIA
Por Mario Bellocchio

INFORME DE LA COMISION PLAZA

LLUVIA EN BUENOS AIRES
Por Edgardo Lois

POEMA de Jorge Isaías

Editorial: EN CANA
Por Mario Bellocchio

GUIA DE CULTURA GRATUITA




Recuerdos de julio

Julio: para Boedo un mes prolífico en acontecimientos nutrientes de nuestra módica historia barrial. En un año en que el centenario del natalicio de Manzi acapara casi toda nuestra atención evocativa es bueno no perder de vista otros sucesos para el recuerdo.

9 de julio de 1960. SUBTE “E”. Se inaugura la actual estación BOEDO de subterráneos, línea “E”. Nadie que no lo haya vivido de cerca puede imaginar las peripecias de los habitantes de San Juan y Boedo en los años previos a esta demorada inauguración. El subte circulaba desde 1944 entre el apeadero —eternamente provisional— ubicado sobre el andén norte, a metros de Maza. Y la obra de la estación se prolongó mucho más de lo debido afectando toda la circulación y la vida social y comercial del barrio que recibió como un milagro este corte de cintas. (1)

11 de julio. DIA DEL BANDONEON en homenaje al nacimiento, en 1914, de ANIBAL TROILO. Pichuco fue (es) un fueye con alma que no reconoce propiedades zonales dada su universalidad. Pero para los boedenses un cacho grande de su tesoro cultural tiene origen en su talento de compositor. El —y sólo él pudo hacerlo con tanta maestría— creó la música para el “Sur” de Homero Manzi. ¿Y quién lo despega de nuestro San Juan y Boedo antigua? (2)

15 de julio de 1906. Nace JERONIMO SUREDA, letrista, hermano de Antonio. Los hermanos Sureda, ambos nativos de Boedo, fueron autores de un largo repertorio de notoriedad que no llegó a trascender la época con igual aceptación. Curiosamente, a raíz de un equívoco que le adjudicaba la interpretación a Carlos Gardel —en realidad el cantante era Carlos Marambio Catán— un jingle de Geniol logró perdurar en la memoria popular más que sus composiciones de mayor fuste: Venga del aire o del sol / del vino o de la cerveza / cualquier dolor de cabeza / se quita con un Geniol.

15 de julio de 1938. Muerte de DANTE LINYERA (Francisco Bautista Rímoli). Nacido el 2 de agosto de 1902. El día en que Rímoli se tomó el buque a los 36 pirulos, quedó Dante Linyera para siempre, con su lunfa espontáneo, lleno de amor por el barrio:
Sos barrio del gotán y la pebeta, ¿Qué quiere esa fifí Florida?... / el corazón del arrabal porteño, ¡Si vos ponés tu corazón canyengue, / cuna del malandrín y del poeta, como una flor en el ojal prendida, / rincón cordial, en los balcones / la capital de cada bulín! / del arrabal. (“Boedo”, 1928).

17 de julio de 1994. Muerte de SEBASTIAN PIANA. Había nacido el 26 de noviembre de 1903. “Tenés que conocer a un tipo que escribe muy bien” —le dijo Cátulo en 1926— cuando en un bar de la avenida San Juan le presentó a Homero Nicolás Manzione, un muchacho de dieciocho años autor de una poesía titulada El ciego del violín. Se entusiasmaron tanto con ella que inmediatamente escribieron la música, Cátulo la primera parte y Piana la segunda. A los pocos días la composición era estrenada con el título de Viejo ciego por el cantor Roberto Fugazot en la pieza teatral Patadas y serenatas en el barrio de las latas de Ivo Pelay, un punto de referencia en la historia de las letras de tango. Allí comienza la amistad y dupla autoral con Manzi que florecería en una obra llena de colores y fructificaría a lo largo de 25 años de labor conjunta. [...] Su vida autoral junto a Manzi produciría obras inolvidables: Milonga triste, Milonga del 900, Milonga de los fortines, Milonga Sentimental, Pena mulata, Milonga de Puente Alsina, Canción por la niña muerta, los tangos El pescante de 1934 y De barro, entre otros. (Alberto Di Nardo) (3)

20 de julio de 1897. Nace ENRIQUE MACIEL. Vivió en Boedo y murió el 24 de enero de 1962. Cumplía años los 20 de julio. Deslizaba sus manos por el encordado de su guitarra con la misma maestría con que escribía sobre el pentagrama. Con el instrumento acompañó durante casi toda su carrera a Ignacio Corsini. El primer poeta culto que se avino al canto popular —Héctor Pedro Blomberg— lo capturó para el ochenta por ciento de sus obras: Era rubia y sus ojos celestes / reflejaban la gloria del día, / Y cantaba como una calandria / La pulpera de Santa Lucía. // Era flor de la vieja parroquia / ¿quién fue el gaucho que no la quería? / Los soldados de cuatro cuarteles / Suspiraban en la pulpería. (“La pulpera de Santa Lucía”, 1929, letra de Héctor Pedro Blomberg, música de Enrique Maciel)

21 de julio de 1918. TEATRO BOEDO (primera función teatral). Boedo necesita un teatro y yo se lo voy a dar, cuentan que dijo en rueda de amigos el catalán Jaime Cullen. Y no trepidó en demoler su casa de inquilinato de Boedo 949 (actual “Farmacity”) para construir el Teatro Boedo. Las primeras funciones, en 1916, tienen como centro las proyecciones de cine mudo con el acompañamiento de algún “número vivo”, remoto antecedente de las verdaderas puestas teatrales que iban a producirse, recién, dos años más tarde, el 21 de julio de 1918, con la compañía Arata-Brieva presentando la obra “El tío soltero” de Ricardo Hicken. (Mario Bellocchio) (4)

25 de julio de 1995 - Muerte de OSVALDO PUGLIESE. La mesa de la vidriera del bar de Boedo y Carlos Calvo ha quedado vacía. Ya no se ve a Osvaldo y Lidia compartiéndola. Su “Recuerdo” cobra vigencia, le da nombre al lugar en su memoria. Aquel elegante flaco miope, todo nervio en aspecto, contrastando con la destreza en la mesura de sus dedos sobre el teclado. Genio y creatividad en su estilo de músico que supo amalgamar con la pasión y conducta en la militancia. Hace más una década que ya no toca... “en vivo”, porque hablar de su partida es un insulto a la vigencia de los grandes. (Mario Bellocchio) (5)

25 de julio de 1782 - Nace en Salta MARIANO BOEDO - DIA DEL BARRIO DE BOEDO. Ley 1043 de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires: el 19 de junio de 2003 la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires sanciona con fuerza de Ley: Art. 1º.- Institúyase el 25 de julio como “Día del Barrio de Boedo” en coincidencia con el nacimiento del prócer de la Independencia Mariano Boedo. Art. 2º.- Comuníquese, etc. Firman: Cecilia Felgueras, Juan Manuel Alemany. (6)

25 de julio de 1878 - Nace en el pueblo de 25 de Mayo, Buenos Aires, JOSE LUIS BETINOTI. Afincado en las cercanías de Boedo, allí desarrolló sus dotes de payador y compositor. Falleció el 21 de abril de 1915.
La melancolía tiernamente sensiblera de las letras de Betinoti prenunciaba al tango canción. Por eso es justo inscribirlo como el antecedente más ligado al género por excelencia del Río de la Plata. (Alfredo de la Fuente) (7). Pobre mi madre querida, / qué de disgustos le daba; / cuántas veces escondida, / llorando lo más sentida / en un rincón la encontraba. Su recordada composición figuró en el repertorio de mayores sucesos de Carlos Gardel.

26 de julio de 1942 - Muere ROBERTO GODOFREDO CHRISTOPHENSEN ARLT. Nació el 2 de abril de 1900. Si una medida cierta de las virtudes la da la vigencia, puede observarse que mientras los libros de sus críticos contemporáneos juntan en los estantes el polvillo de la inmovilidad, la obra de Arlt sigue luciendo la pulcritud que le da su activa consulta. (Mario Bellocchio) (8)

26 de julio de 1974 - Muere JULIAN CENTEYA (Amleto Enrique Vergiati). Julián no encaja fuera de las rebeldías de Boedo, de sus luchas proletarias, de la fantasía que la precariedad inventa para soportar la explotación e intentar aunque más no sea el rescate, ya que no el equilibrio. Julián no cuaja en la retórica hueca de las academias y allá va empujado a recalar en radios y periódicos vertiendo homeopáticas muestras plagadas de metáforas surrealistas con pretensión de botella de náufrago. Sólo exprimiendo todas las mesas de todos los boliches podríamos intentar tener al verdadero Amletojulián en esas madrugadas de amigos con la verba diluida en el humo de su eterno pucho. (Mario Bellocchio) (9)

30 de julio de 1932 - Acta de fundación de la PEÑA PACHA-CAMAC. “A los 30 días del mes de julio de 1932” como suelen decir las actas queda oficialmente constituida la Peña Pacha-Camac. El grupo de dilettantes que José González Castillo logra aglutinar tiene, por fin, “su lugar”. Allí seguramente los sueños y teorizaciones derramados en mármoles y nocturnidades de los cafés del entorno, contarán con el ámbito adecuado para su desarrollo. (10)
Mario Bellocchio

(1) Ver en DESDE BOEDO Nº 31, 60 años de subte “E” de Sergio Ruiz Díaz.
(2) DESDE BOEDO Nº 20, Pichuco no se fue de Roberto Díaz; Nº 54 Aníbal Troilo, Pichuco de Mario Bellocchio y A Aníbal Troilo, poema de Haydée Breslav.
(3) DESDE BOEDO Nº 24, Piana y la melodía de la vida de Alberto Di Nardo y Piana, Borges y la censura de Mario Bellocchio; SUPLEMENTO ESPECIAL PIANA, artículos varios.
(4) DESDE BOEDO Nº 51, El teatro Boedo de Mario Bellocchio.
(5) DESDE BOEDO Nº 38, La rosa blindada y el clavel de la ausencia de Rubén Derlis. Y en Nº 48. El año de Pugliese de Mario Bellocchio.
(6) DESDE BOEDO Nº 6, Boedo en mayo de Mario Bellocchio (sobre Mariano Boedo y otros temas).
(7) DESDE BOEDO Nº 28, José Betinoti, el payador de Boedo de Alfredo de la Fuente.
(8) DESDE BOEDO Nº 17, Ciento tres años de Arlt de Mario Bellocchio, y el Nº 8, Tres 26 de julio de Edgardo Lois.
(9) DESDE BOEDO Nº 27, Julián Centeya, el inmigrante de Nira Etchenique. Y en el 35, Julián “gris” Centeya de Mario Bellocchio.
(10) DESDE BOEDO Nº 5, Aguafuerte de Roberto Arlt y artículo Empeñosa peña de Mario Bellocchio.

Los lectores interesados en las consultas que se indican pueden solicitarlas a desdeboedo@yahoo.com.ar y les serán remitidas a vuelta de correo electrónico. O acercarse a la mesa de publicaciones de BAIRES POPULAR los sábados de 11 a 14, en la vereda del Margot, Boedo y S. Ignacio.




Callejeando historia
Eduardo Sívori, la sirvienta

y el comienzo de la pintura moderna

Este mes el cronista, para poder seguir el orden en cierta medida cronológico que se ha autoimpuesto, ha tenido que salir a callejear por barrios que siente, en cierta medida, ajenos pese a su innegable porteñidad. Es que al personaje elegido, por alguna extraña razón edilicia, le ha tocado en suerte una callecita en Palermo Chico, o Barrio Parque como escuchamos más a menudo sin saber a ciencia cierta cuál de las dos denominaciones es la correcta o, por lo menos, la primigenia. Como se sabe, es lugar de gente “de posibles” como el próximo jefe de Gobierno de la ciudad, o como el abogado que hace días se atrincheró armado hasta los dientes al mejor estilo norteamericano. Pero también es el barrio donde vivió hasta su muerte Rosita Quiroga y en el que Le Corbusier diseñó una casa para Victoria Ocampo, que perteneció en algún momento a la modelo Claudia Sánchez y aún subsiste, por suerte, en esta época de demoliciones indiscriminadas.
Lo cierto es que allí han colocado a Eduardo Sívori, un pintor y grabador que nació allá por 1847 en una familia de origen genovés y “de muchos posibles” (¿será por eso la ubicación?, ¿son recordados los artistas en la nomenclatura urbana según su extracción social?) y con escasos doce años se presentó al concurso de becas que, como ya hemos comentado, financiaba el gobierno para estudiar en Europa junto a nuestros viejos conocidos Prilidiano Pueyrredón y Martín Boneo. La cuestión es que lo rechazaron por la edad y, quizá desengañado, el joven Eduardo se dedicó al comercio familiar hasta 1873 en que se fue a París por las suyas y visitó galerías y museos, tomó contacto con los maestros de la época y quiso retomar su primera vocación. A su regreso a Buenos Aires, en 1876, empezó a estudiar con Francesco Romero, José Aguyari y Ernest Charton -de lo mejorcito que había en plaza- y con sus hermanos Carlos y Alejandro, a más de Aguyari, Alfredo París, Julio Dormal, Eduardo Schiaffino y otros fundó la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, nuestra primera institución artística en cuya escuela se formaría la siguiente generación plástica y que en 1905, por iniciativa del ministro de Instrucción Pública Joaquín V. González, sería nacionalizada como Academia Nacional de Bellas Artes.
Sívori se dedicó a pintar y ya en 1875 ganó una mención de honor, con un dibujo a la carbonilla, en un concurso organizado por la revista parisina Foussin y en 1880 obtuvo una medalla de oro en la Exposición Continental realizada en Saint Louis, Estados Unidos. Ya estaba maduro para volver a París y así lo hizo en 1882, instalándose en Montparnasse y estudiando con Jean Paul Laurens, Collin, Hannoteau y Puvis de Chavannes. Era el momento del naturalismo, Emilio Zola dominaba en el campo literario y el gran Gustave Courbet, el pintor de obreros y campesinos, mantenía su influencia sobre las nuevas generaciones a pesar de haber fallecido en 1877 en el exilio debido a su participación en la Comuna de 1870. Así pues no puede extrañarnos que una de sus primeras obras maestras, presentada en el Salón de París de 1887, tomase por tema Le lever de la bonne, “el despertar de la sirvienta”, hoy en el Museo Nacional de Bellas Artes. Allí fue apreciado, pero cuando quiso exhibirlo en Buenos Aires... se produjo el escándalo: una mujer semidesnuda de tamaño natural, en actitud de vestirse en la mañana, no era nada del otro mundo pero —parafraseando a Enrique Muiño en Así es la vida—, “¡una sirvienta, che!”. Y sí, era una sirvienta no muy joven, con un cuerpo poco agraciado en el que se notaban las huellas del trabajo, con pies juanetudos, en una pobre cama y en una pequeñísima habitación como lo eran generalmente las de la servidumbre en aquellos tiempos dorados. La cuestión es que la exhibición en Estímulo debió hacerse en privado y por rigurosa invitación.
Igualmente Sívori siguió participando en el Salón de París hasta 1891, cuando regresó a nuestra ciudad trayendo consigo un gran bagaje técnico y cierta influencia de los impresionistas de los que, no obstante, no llegó a adoptar la estética y los procedimientos. Se dedicó a pintar magníficos retratos como el de Germán Burmeister o el de su esposa, El viejo solterón o El retrato de blusa azul y paisajes y figuras como La pampa en Olavarría, El tambo de la estancia, Las gauchitas, etc. Pero también, de tanto en tanto, volvió a sus fuentes naturalistas como en La alondra del suburbio o en el sobrecogedor La muerte del obrero, en el que un hombre agoniza en un camastro en una mísera habitación mientras a su lado, con un bebé en brazos, su mujer espera el desenlace, el todo iluminado —un poco a la Caravaggio— solamente por una única ventana. Lo curioso de este cuadro es que, aparentemente, se llamó primero La muerte del campesino, lo que sería coherente con la vestimenta de la mujer y especialmente con los zuecos que calza, pero siempre es citado de la primera forma. Y para complicar más aún el problema, cuando en la década de 1940 fue adquirido por el Museo de Bellas Artes de La Boca —y la ficha del Museo no miente, se compró como La muerte del campesino— don Benito Quinquela Martín no tuvo mejor ocurrencia que renombrarlo como La muerte del marino, pecado en última instancia venial en quien tanto hizo por su barrio marinero y por la plástica nacional.
Con los años, Sívori obtuvo reconocimientos, integró la Comisión Nacional de Bellas Artes, dirigió la Academia Nacional y el Museo Nacional de Bellas Artes, donde se conserva un importante conjunto de sus obras, representativas de todas las épocas y técnicas. Como ya dijimos, no tenía preocupaciones económicas, por lo que según José León Pagano habría producido más de un millar de cuadros entre acuarelas, óleos, pasteles, dibujos y grabados. Falleció en 1918 y algunas de sus obras son consideradas como hitos de la pintura argentina: La lever de la bonne y Retrato (la esposa del pintor), uno con el predominio del claroscuro que le confiere dramatismo y el segundo con serenidad y firmeza en el dibujo y en el color; pero también En el taller de 1891, Primavera de 1914 y, por qué no, el magnífico Autorretrato de 1900 que nos presenta su conocida efigie de largos cabellos y barba blanca.
Hoy, como merecido homenaje de la ciudad que lo vio nacer, trabajar y morir, uno de los más importantes museos porteños lleva su nombre pero, como decíamos al principio y repetido más de una vez, no fueron tan generosos los ediles al asignarle calle. Como tantos otros artistas una cuadra apenas —sí, es cierto, en flor de barrio, pero no deja de ser una cuadrita— lo recuerda en Palermo Chico desde la avenida Figueroa Alcorta hasta la circular calle Ombú, entre Eduardo Costa y Manuel Obarrio.
Diego Ruiz


Platos con espigas

Nunca más los volví a ver. Los busqué en diferentes bazares, pero sólo encontré versiones sofisticadas que carecían de aquel encanto tosco de la industria nacional de mi infancia. Eran de una loza blanca, gruesa y ordinaria que con el tiempo se iba poniendo grisácea. Las espigas estaban en relieve sobre el borde como recordándonos a los niños que aquella sopa que nos daba calor en las noches de invierno provenía, como todos los alimentos, de la riqueza inagotable del campo. Aquellas espigas, junto con la vaca que inspiraba las composiciones escolares, eran el emblema doméstico de la patria.
Mi abuela volcaba en aquellos platos todos los productos de la fantasía culinaria: líquidos dorados en los que flotaban fideos de nombres poéticos: cabellos de ángel, dedalitos, dedalones (¿acaso dedales para gigantes?) y estrellitas, réplicas estelares diminutas y huidizas que parecían duplicar en el agua un firmamento amarillo. Pero fueron los fideos de letras los que más me inculcaron la pasión literaria. A quien en la infancia ha bebido alfabetos a cucharadas durante toda la vida le nacen palabras inesperadas en la parte más recóndita de las entrañas. ¿Provendrá el espíritu bélico de la ingesta desmedida de sopa de municiones en la niñez? Llegar a la adultez no garantiza que enigmas como éste sean finalmente develados. Aún continúo preguntándome, como lo hacía en la infancia, por qué a nadie le interesa la identidad de los niños envueltos, la brutalidad caníbal con que los aceptamos en nuestros platos, la desgracia que los empujó a la cacerola como si hubieran sido infantes espartanos con algún defecto arrojados al vacío desde el monte Taigeto. Me pregunto también por qué mi abuela, que nunca se había apartado del fuego de la cocina, deponía su espíritu de humildad para prepararme “sopa a la reina” con secretas aspiraciones monárquicas.
Leo el título de esta nota, “platos con espigas”, y tengo la sensación de que se trata del título de un cuadro como “Girasoles amarillos” o “Señora tomando sopa” que no es un cuadro, sino un poema de Olga Orozco que tiene título de cuadro. Es que aquellos platos con espigas eran el lienzo sobre el que se dibujaban los sabores que componían la restringida paleta gustativa de mi casa. Mi abuela los guardaba en la parte más alta de la alacena de la cocina haciéndoles formar una torrecita inclinada que parecía pronta a desplomarse en cualquier momento como terminan por desplomarse siempre las torres de la infancia.
Pero aun en medio de las ruinas de aquellas torres derrumbadas, reconozco los platos con espigas comprados en el bazar de la esquina de mi casa. Sobrevivieron en mi memoria a la catástrofe existencial de la adultez. Brillan como una luna de loza sobre la mesa del comedor vacío. Son parches de tambores sobre los que las cucharas repican ritmos antiguos y fatigados. Sobre sus bordes cachados aún se eleva el humo de una sopa extinguida hace mucho.
Inútil preguntarme por qué ya no se fabrican platos con espigas. La realidad se cansa de producir maravillas. Sólo tiene a disposición del público un stock limitado de recuerdos en que los objetos brillan como quizá nunca lo hicieron, donde los platos blancos se tiñen del color sepia de las fotografías antiguas y hasta tienen sonrisas de parientes posando para la eternidad de las postales.
La industria nacional ya no es lo que era. Por eso ya no existen bazares donde vendan platos con el borde cachado, agobiados por el uso, platos que, al modo de una caja de música, nos canten la melodía del pasado evocando el tintineo de los cubiertos y el entrechocar de los vasos. No se puede recurrir a ningún bazar si uno busca un mediodía olvidado o una sobremesa lejana en la que usamos el plato vacío a modo de máscara para no mostrar una risa desobediente o un llanto que nos avergonzaba.
De todas formas, si alguien ve un plato de espigas en una vidriera vieja o en el estante polvoriento de un bazar de barrio, se ruega avisar de inmediato. Quién sabe si no está allí lo que uno busca desde siempre y jamás ha encontrado.
Mónica López Ocón



La semana de Boedo

El domingo 1º comenzó la Semana de Boedo, organizada por su Red de Cultura, con una brillante convocatoria sobre la avenida —hecha peatonal entre EE UU y Carlos Calvo— por donde pasaron, durante el día, alrededor de 5000 personas que pudieron visitar 110 stands, 80 de ellos pertenecientes a artesanos, y 30 institucionales. Sobre el palco, levantado frente al pasaje San Ignacio, se hicieron presentes: el grupo Los Orientales, Renaceres Latinos, Salsa con Mamboedo, Tango con Boedo Escuela, Buenos Ayres Danza, Maderas del Río de la Plata, Buenos Aires Discordante, el Hot Club de Boedo, el Tata Cedrón, el Grupo de Teatro Boedo Antiguo y la orquesta típica Fervor de Buenos Ayres. Un importante grupo de comerciantes donó elementos para ser sorteados entre los concurrentes y “Pan y Arte” recibió, al finalizar, a los artistas y al grupo organizador a quienes agasajó con empanadas y vino de la mejor prosapia mendocina.
Este año lo distinto fue la muestra colectiva sobre la Plaza de Boedo —el vivero Yuyo Verde proveyó los banquitos y la escenografía de la plaza en miniatura donde los pichichos utilizaron el pasto—, la muestra tradicional de la Comisión por la Memoria y otra, sobre las actividades anteriores de la Red de Cultura, que se montó sobre cuatro pilares escenográficos aportados por la Cooperativa de Trabajo La Nacional de Carpintería.
Ildefonso Pereyra, alma mater del evento, decía al finalizar la laboriosa jornada: “rescatar algún momento culminante me resulta difícil. Fue, desde mi punto de vista, todo excelente y conmovedor. No hubo discusiones, no hubo contrariedades —dijo un integrante de la Red que participó por primera vez en la jornada inaugural de la Semana—. Hubo ansiedad en algunos” (N. de la R.: con las carencias técnicas ajenas a nuestra responsabilidad que padecimos al comienzo) “y hubo quienes contuvieron”.
El despliegue continuó durante la semana en las instituciones de la Red. El número de actividades hizo difícil asistir a todas ellas. Este periódico estuvo presente en algunas tales como la deliciosa charla ilustrada de Aquilino González Podestá, organizada por la Asamblea de Boedo, y el debut del ciclo de cine nacional gratuito en La Balear —se proyectó “Luna de Avellaneda” ante una concurrencia de alrededor de 150 personas— organizado por Baires Popular.
Y, sobre el cierre de esta edición, el brillante final en la esquina Homero Manzi, con Cerda Negra y Fervor de Buenos Ayres en el escenario, un lleno completo del enorme salón y la nieve en San Juan y Boedo contemporáneo, como si algo faltara para que la jornada resultara inolvidable.



Los Santos vienen marchando

Pocos clubes de fútbol tienen tantos apelativos como el mío. Cuando se nombra en la Argentina a San Lorenzo de Almagro, el club que por tener los colores del Barza es uno de los favoritos de los españoles aquí radicados, se puede decir: Los Santos, Los Cuervos, Los Matadores, Los Camboyanos, Los Azulgrana, Los Gauchos de Boedo o El Ciclón. Y siempre se sabrá que se habla de la institución cuyos estadios son Gasómetros en vez de Bomboneras.

No creo que el sacerdote salesiano Lorenzo Massa imaginara la trascendencia que iba a tener el hecho, cuando, con la intención de sacar de la calle y atraer hacia las “obras del Señor” a un grupo de jóvenes que se reunían en la esquina de México y Treinta y Tres Orientales —muy cerca del Oratorio San Antonio— para jugar al fútbol con el nombre de Los Forzosos de Almagro, les ofreciera jugar en un terreno dentro del predio del oratorio a condición de que Los Forzosos —que más deberían haberse llamado Los Forzados— ¡fueran a misa los domingos!

Pero volvamos un poquito a los nombres y sus curiosidades. Somos Santos y Cuervos como referencia inequívoca al carácter clerical de nuestros orígenes, Azulgranas por la camiseta, Camboyanos porque en una época de mishiadura, en que no nos quedaba ni cancha ni agua caliente en las duchas precarias de que disponían los jugadores, igual se lograba rendimiento futbolístico. Y “gauchos” por algunos de nuestros equipos cuyos integrantes eran hombres del interior más que porteños. Nuestros estadios son gasómetros dado que el original, de hierro y madera, ubicado en avenida La Plata e Inclán, conocido como El viejo gasómetro, tenía forma de tal, habiéndose trasladado el apelativo al Nuevo ubicado en el Bajo Flores. Todavía recuerdo el eco de los goles que se escuchaba en los barrios de Boedo, Caballito y Parque Chacabuco —cuando Los Matadores hacían su faena— reverberando en calles, patios y azoteas.
Ha corrido mucha agua desde 1908 en que el cura Lorenzo, inmortalizado por Angel Magaña en el cine, sedujera a Los Forzosos. Hemos conocido la gloria y el descenso, los mejores bailes de Carnaval y el dolor de que nuestro antiguo estadio se convirtiera en supermercado francés; aunque, como diría María Elena Walsh, “tantas veces nos mataron, [...] sin embargo estamos aquí, resucitando” como se puede comprobar hoy al coronarse, San Lorenzo de Almagro, como Campeón del Torneo Clausura 2007.
Por lo tanto, aquí me encuentro, compartiendo con ustedes la alegría, ataviada con un tricornio azul-grana que me queda monísimo, mientras empuño dos o tres matracas para celebrar la victoria. Desde nuestro balcón vemos cómo el Nuevo Gasómetro estalla en fuegos artificiales para dar comienzo a los festejos, mientras saltamos, aporreando cacerolas con un fervor que no podría reconocer mejor causa.
Con perdón de Rubén Darío, ¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen, claras, las bocinas y el ómnibus con los jugadores se anuncia con vivo reflejo.
Mis vecinos del tercer piso cubren el balcón con una bandera que abarca toda la fachada de nuestro edificio, mientras en la torre de enfrente arrojan papelitos al paso de la procesión futbolística. Los paquetes habitantes del Barrio Cafferata cuelgan la divisa sanlorencista sin el menor de los pudores. Todas las avenidas se llenan, en muy poco tiempo, con los colores que lucieron, entre otras glorias, los Carasucias. Y volvemos a sentir la misma comunión de los tiempos del mundial, pero esta vez con un sentimiento más íntimo y, todavía, más nuestro: el que da celebrar nuestra pertenencia, desde siempre, a uno de los equipos fundamentales de la historia del fútbol argentino, sello de estas barriadas nacidas al compás del trabajo y la inmigración.

Mi marido propone dar una vuelta a pie para entablar, desde la vereda, un feliz diálogo de banderita y bocina con los que marchan motorizados. Y toda la familia lo sigue: hasta la gata (que no es la Fernández) se hace presente, con unas cintas muy adecuadas a la oportunidad.
Es que Misha también es hincha del Ciclón y, a pesar de ser un felino, esta vez quiere celebrar como todo un auténtico cuervo que se precie de tal.
Cati Cobas



La escalera inmóvil

En enero de 2004 un pequeño que estaba utilizando la escalera mecánica de la estación Boedo del subte “E” resultó seriamente lesionado al engancharse en el “peine” que recibe el desfile de escalones. Las heridas sufridas fueron de real importancia por lo que debió tomar intervención la Fiscalía Correccional Nº 1 a cargo del Dr. Sebastián Randle.
La escalera fue clausurada con fines preventivos y la Delegación Subterráneos de la Policía Federal llevó a cabo el correspondiente peritaje. Establecidas las probables responsabilidades, el caso pasó al Juzgado Correccional Nº 10, Secretaría 76, donde se efectuaron las actuaciones correspondientes. El 16 de abril del corriente año el Juzgado ordenó a la Delegación de la PFA que citara a “Metrovías” a fin de comunicarle la disponibilidad de la citada escalera previas modificaciones estructurales y habilitación respectiva de la misma. La empresa no concurrió a ninguna de las tres citaciones que se le realizaron a partir de esa fecha.
La Asamblea Vecinal de Boedo, tomando “la posta” de inquietudes vecinales al respecto, está haciendo una campaña de recolección de firmas para la rehabilitación de la escalera. Uno de sus miembros, Carlos Tyndyck, pudo averiguar por medio de la secretaria del Dr. Randle, Dra. Laura Soulé, que la reconversión del sistema de la escalera mecánica a escalones metálicos con peine de recolección fino —como los hay en toda la parte más reciente de la línea “E”— fue la condición impuesta a “Metrovías” para la rehabilitación judicial de la maquinaria al uso público. Esa es la razón por la cual la escalera mecánica de la estación Boedo no funciona.
La empresa “Metrovías” pretendió, durante largo tiempo, deslindar responsabilidades sobre una presunta inoperancia judicial mediante un cartel —hoy retirado “convenientemente”— colocado en el vallado de la inactiva e imprescindible escalera, indicando que la misma está en condiciones operativas y sólo paralizada por la actuación judicial.
La realidad parece indicar que se trata de una pulseada intentando imponer el parche de reparación de un medio mecánico obsoleto y —como se ha visto— altamente peligroso, por no realizar la correspondiente inversión sobre el nuevo sistema. Mientras los tironeos subsisten, los sufridos boedenses seguimos padeciendo, desde hace casi cuatro años, las incomodidades que la ausencia de escalones autoportantes ocasiona.
Mario Bellocchio



Fervor y silencio

Es sabido que los tiempos cambian, que el gusto o la sensibilidad se modifican. Es razonable que así sea, por otra parte. Lo que intentamos señalar, una y otra vez, es que en las últimas décadas parecería que se hubiera cortado de manera casi definitiva con la historia. El desinterés, la ignorancia, la patanería son de tal magnitud que nos abruma. Se desconocen hechos elementales de geografía, literatura o episodios de nuestro pasado. Estamos hablando de estudiantes, de estudiantes que concurren a establecimientos privados o estatales, de jóvenes privilegiados que cursan en un secundario o en una facultad. Y también de docentes, sobre todo de las últimas generaciones. Fastidiado lector, no se moleste conmigo. Esta es la realidad. Las aulas son un horror, en lo físico y en lo intelectual. Que existen jóvenes brillantes, ciertos centros de excelencia, intelectuales o profesionales de renombre, sin duda. Nadie lo niega. Queremos decir sólo que en la mayoría de los casos vemos barbarie, brutalidad, decadencia. Miremos las caras de los simios que andan por las calles con ropa. Miremos los estadios de fútbol, los trenes, los hospitales, las calles, los edificios públicos, los terrenos baldíos, los ojos desnutridos, los caballeros del Barrio Norte. Miremos nuestro interior, nuestras provincias, la pobreza, la violencia, la hipocresía, el engaño.
Pero volvamos a lo nuestro, urbano lector. Estudiantes de Letras, y también en más de una oportunidad profesores en Letras, desconocen los nombres (ni hablar de sus lecturas) de Catulo, Tibulo o Propercio. Jóvenes poetas, y no tan jóvenes, jamás leyeron una línea de la gran Tsvétaieva, de Rilke o de Pierre Jean Jouve. Sería importante que se tomaran el trabajo de hacerlo. Lo mismo que El Quijote, grácil lectora, que pocos son los que pasaron del primer capítulo si es que alguna vez lo abrieron. Y no piensen lo que un alumno con el ceño fruncido me dijo en una oportunidad: “A mí me gustaría leerlo pero en una versión moderna, con palabras actuales”.
Hace poco tiempo se publicó un interesante artículo de Umberto Eco en torno a lo contemporáneo y los hechos mitológicos, los hechos de crónicas donde la sangre y el crimen lo rodeaban todo. Las cosas cambian, sin duda, pero en esos libros, en aquellos mitos helénicos o latinos, veríamos semejanzas, aproximaciones. Tal vez Calígula era peor que Bush, quizás Cleopatra era menos bella que Sofía Loren.
Entre nuestros grandes hombres se encuentra Arturo Marasso, un ser humano que desde niño sintió que estaba en comunión con la Naturaleza, con una visión panteísta que se encuentra en toda su obra, una obra de clásica pureza. Marasso que nació en Chilecito, en el oeste riojano, el 18 de agosto de 1890. Un sabio que nos deja siempre rastros. Un escritor filósofo, augur, vidente. Su pasión abarcaba el reino animal: se pasaba horas observando a un perro o a un caballo que excavando en la arena hace brotar el agua. Un ser de excepción que en el interior de sí mismo se sentía un campesino. Se recibirá de maestro en Catamarca, en 1910. Solía dialogar con las cosas mínimas, una hoja desprendida, una piedra pequeña.
Intentamos, desde esta columna, ejercer el pensamiento y una elocuencia para transmitirlo y encontrar el diálogo. Tender puentes entre campos culturales habitualmente disociados, que el lenguaje se encuentre en el centro de las consideraciones. Y hacer lo imposible para que la palabra no se convierta en ceniza. Roberto Calasso, uno de los intelectuales italianos representativos de nuestra época, nos dijo hace poco tiempo que “las formas de vida más difundidas actualmente educan para olvidar la misma posibilidad del vacío”.
Carlos Penelas



Reflexiones sobre la exigua eternidad de una aceitera

Al fin me decidí.
Cansado de oír chirriar las bisagras de la puerta de mi dormitorio, compré una pequeña lata sobre la que una etiqueta reza: “Aceite para máquinas. 100 cc.”, experimentando, esta vez precisamente, lo que hace muchos años había imaginado como trama argumental de una narración: la convicción de haber adquirido algo por última vez en la vida. Porque no me van a decir que, en lo que me resta de ella, habrá tanta bisagra sonora que justifique gastar su contenido.
Tengo que aclarar que acabo de cumplir setenta y tres años y que hace poco salí —por el momento airoso— de un tratamiento de cáncer. Es decir, tengo harto superadas las expectativas estadísticas de vida y un enemigo interno que estuvo allí latente, agazapado, y a punto de saltar sobre esta yapa que me va concediendo la existencia.
La gente teme hablar de la muerte; por eso, toda la parafernalia mediática de la sociedad de consumo está dedicada a hacernos olvidar que algún día tendremos que abandonar este mundo.
El “Morir habemus”, al que el chusco contestaba: “Ya lo sabemus...”, ha sido erradicado del contexto diario, y más aun, aquel estremecedor: “...avive el seso y despierte contemplando, como se pasa la vida, como se viene la muerte, tan callando”, que los porteños tradujimos en un tanguero “como se pianta la vida, del muchacho calavera”.
Estoy convencido de que el responsable de esa inducida amnesia es el capitalismo que, para perdurar, necesita suprimir del panorama de los hombres la certidumbre de su fin y lograr así sus infames designios, extendiendo su voracidad de ganancias hasta la final pompa fúnebre que nos depositará en la tumba. Para esta última instancia también han fabricado un engañoso pero lucrativo sucedáneo de cementerio que llaman “jardín de paz”.
El capitalismo y su ejecutor imperial, EE.UU., persisten y prosperan banalizando no solamente los aspectos más trascendentes de la vida, sino también los de su final, especialmente en su manera de describir en los medios de comunicación la violencia urbana y sus ficciones de guerra. Para ello han creado la imagen virtual de una muerte que no es muerte, sino mera pirotecnia de armas de utilería y salsa de tomate simulando sangre desparramada por pantallas de cine y televisión, ocultando, en cambio, rigurosamente la visión de la ineluctable muerte real, esa que sucede a cada hora en Irak, Jordania, el Líbano, Palestina o en cualquiera de los lugares a los que llegan a sembrarla.
Hasta al propio y sospechoso atentado del 11 de septiembre en NY le han escamoteado la visión de los cadáveres —no precisamente en nombre de la piedad, la ética o el buen gusto— mientras prosiguen prodigando desde la ficción mediática la más aberrante representación de la violencia ya sea en películas, series o juegos electrónicos. Esa es la muerte “conveniente”, convertida en producto, en artículo de consumo. La muerte acondicionada y envasada para que los espectadores —principalmente los jóvenes— sigan creyendo que todo es un juego o, lo que es peor, instalando en sus mentes la idea de que la vida es también algo descartable, pasible del “úselo y tírelo”, panacea del ideario productivo y comercial del sistema.
La precariedad en la vida útil de las cosas también ha transformado sustancialmente nuestra relación y comunicación con la sociedad. No era así en otros tiempos.
Cuando era un niño, los mayores solían mostrarme con orgullo objetos que habiendo heredado, les acompañarían seguramente hasta el fin de su existencia y legarían, a su vez, a sus descendientes. El capitalismo arrasó con la cultura de lo bien construido y perdurable para sustituirla por la de objetos prescindibles y su necesaria y continua renovación. Más allá de multiplicar a través de ello sus ganancias, lo que en realidad se proponen es una estrategia para destruir la memoria del pueblo mientras estimulan el coleccionismo conmemorativo de las minorías dominantes a las que sí conviene mantenerle vivos los recuerdos que preservan su casta.
Una de las armas más importantes para la perduración de las monarquías, y luego de las oligarquías herederas del poder, han sido los árboles genealógicos, los memoriales por encargo, las panoplias y los secreters.
Qué podemos pretender nosotros, pobres perdularios, que no conocemos siquiera el nombre de nuestro bisabuelo ni poseemos vitrinas albergando armas y trofeos recordatorios de hazaña alguna. Ni hablar de la memoria escrita —tal vez unas pringosas libretas de almacén y carnicería— ni de disimuladas gavetas en las que ocultar evidencias de los tejemanejes de una incierta prosapia y fortuna. Para ser pobres no se necesita ni es aconsejable tener recuerdos ni secretos.
Nos queda —como en mi caso— el oxímoron de la exigua eternidad de la aceitera, que, ya sospecho, subsistirá arrumbada en alguna caja junto a otras insignificantes pertenencias, sobreviviendo a mi desaparición y, posiblemente, será hallada por alguno de mis numerosos nietos o bisnietos (hasta ahora 19 de unos y 3 de los otros), a los que les haya correspondido la conservación de mi bagaje final.
Lubricarán con ella otras bisagras o, con mayor fortuna, la cadena de alguna bicicleta que los lleve a disfrutar de paisajes venturosos.
Y yo perduraré —aunque sea brevemente— en lo que llamarán, mientras dure su contenido, “la aceitera del abuelo”, hasta que, ya agotada, su inutilidad la deposite, definitivamente anónima, en el tacho de la basura.
Salvador Linares



Rubén Bianchi

El 4 del corriente Rubén Bianchi, nos dejó físicamente Las viejas cámaras de Súper 8 —que aún muchos guardamos de recuerdo—, movidas por algún ángel, habrán hecho un fundido de cierre para despedir a este entusiasta cineista que tanto hizo para darle un lugar al cine independiente.
Llegó en los albores de UNCIPAR (Unión Cineistas de Paso Reducido) por 1973 con uno de sus primeros cortos: Régimen de visitas, cuando las funciones se realizaban en el teatro “Florencio Sánchez”. Se integró al reducido grupo de realizadores y prontamente comenzó su lucha para darle a la institución no sólo un reconocimiento a nivel nacional sino que junto a esos pocos superochistas quería que fuese conocida en el mundo entero. Coordinó mesas para discutir la Ley de Cinematografía, fomentó encuentros internacionales, logró incluir a UNCIPAR en la Unión Internationale du Cinema Non Professionel, y dio comienzo a las “Jornadas de Cine Independiente” (Villa Gesell, 1974). En 1985 logró, junto a otros pioneros, realizar en Mar del Plata el primer Festival Internacional de Cine Independiente.
Se había cumplido otro de sus sueños.
Rubén había nacido en Sarandí, barrio al que quería, pero sus afectos estaban también en San Telmo donde vio crecer a sus hijos. Y en Boedo, porque para él era tango, música que amaba, y tanto, que en 1974, junto a Luis Marinaro (ex vendedor de la ya desaparecida zapatería “La Princesa”, de Boedo al 700) y quien esto escribe, realizó el espectáculo: Cantata a Homero Manzi (relator, actores e imágenes filmadas); pero grande fue su alegría cuando nos invitaron a presentarla en la confitería “La Bombonniere” de la calle Boedo, con la presencia de Cátulo Castillo y Sebastián Piana, entre otras personalidades del tango.
Enamorado de la vida, en su libro “Travesías” (1998) dejó un legado para sus nietos, y en “Afectos especiales”, publicado en 2004 año en que se sumó a Baires Popular una colección de pinceladas porteñas. Al momento de su deceso formaba parte del cuerpo docente del INCAA.
Con gran pena despedimos al amigo en mi caso especial de más de tres décadas, y al eterno luchador que compartió tantos sueños. “Tu frente triste de pensar la vida, tiraba madrugadas por los ojos”.
Francisco Aranda




Estatuas viajeras

No es necesario ser un viejo lobo de mar cuyo velero hendía el “vasto cristal azogado” de la rubendariana Sinfonía en gris mayor, o un moderno marino de ultramar (de aquellos que alguna vez ondearon nuestra bandera por los mares del mundo cuando poseíamos una importantísima flota mercante) para navegar por las páginas de este Mascarones de proa que Diego Ruiz botó a las aguas de la tinta impresa como armador de los Cuadernos del Tornillo de los astilleros del Museo de Bellas Artes de la Boca “Benito Quinquela Martín”, como no podía ser de otra manera. Pero sí es necesario, casi diría imprescindible, situarnos en lo más adelantado de la proa y dejarnos acariciar o golpear, según como suceda el relato que su autor desarrolla con información de primera agua, conocimiento abrevado en fuentes fidedignas e indagaciones en folios precisos, todo acercado a un lector atento con prosa dúctil y didascálica.
Tarea sin inconveniente habría resultado para Ruiz enumerar los mascarones de proa que atesora el museo y contarnos de ellos con más de literatura ficcional que de rigor histórico, pero como nuestro autor es un inquieto investigador, no se dejó tentar por estos cantos de sirenas, valga la imagen ya que de asunto del mar tratamos, y se remontó hacia los inicios de la navegación, remando desde allí hasta la invención del timón para arribar a nuestros días. Y digo bien remando, pues la tarea que encaró es digna de galeotes, pues debió permanecer atado a su texto con ritmo sostenido, atesorando datos precisos, confrontando otros, desechando lo trivial, arrojando en fin el lastre por la borda, hasta amarrar en el puerto que se había marcado como destino: Mascarones de proa, cuya derrota lo llevó, guiado por la brújula de su sapiencia, por una diversidad de hechos y circunstancias que dieron origen a los capítulos que encierran estas páginas tan esclarecedoras acerca del tema que se había propuesto.
El cúmulo de notas y la extensa bibliografía son testimonio fehaciente de la ingente labor llevada a cabo por su autor. La rigurosidad en la investigación y su estilo llano en comunicar lo por él puesto en valor son, para quienes sabemos de su seriedad en hurgar en el pasado, sea éste pretérito o cercano más el fervor manifiesto en cualquiera de los temas que trate, moneda corriente; pero para aquellos que aún no se han asomado a algunos de sus libros, resultará un verdadero hallazgo comenzar a hojear sus textos. Y este Mascarones de proa es, sin el menor asomo de duda, un buen comienzo.
Rubén Derlis



“Todo es Historia” ya tiene su propia historia

No trataré de explicar lo que significa para los que hacemos ‘Todo es Historia’ y para mí personalmente, haber alcanzado los 40 años de vida. Ninguna revista cultural ha llegado en nuestro país a semejante antigüedad: esta circunstancia basta para legitimar nuestro orgullo. Nuestro orgullo y nuestro agradecimiento hacia todos los que han hecho posible este modesto milagro argentino: empleados, colaboradores, avisadores, impresores, distribuidores, quiosqueros y, sobre todo, lectores”. Lectores: el volátil objeto de deseo de todo editor. Durante 40 años Félix Luna y sus colaboradores supieron volcar a las páginas de Todo es Historia material de interés permanente. Angulos de lectura de nuestro pasado abordados desde las más disímiles líneas de pensamiento. Siempre intensamente, siempre profundamente. Los que necesitamos elementos para nutrir nuestras propias ansiedades de conocimiento del pretérito imperfecto de nuestra tierra encontramos durante 40 años una vitamínica fuente en Todo es Historia. Un cordial saludo a Félix Luna y a los que lo rodean en su Editorial.
Mario Bellocchio



Informe de la Comisión Plaza

El Dr. Javier Lebenas (del despacho de la Jefatura de Gobierno GCABA) nos informa que el trámite sigue su curso. Asimismo notifica que llamaron a su oficina desde la Jefatura de Gobierno para informarle sobre el expediente de expropiación y números de registro que identifican el trámite sobre nuestra plaza: Registro 2301 AJG2007 Exp.23258/2007. Los teléfonos de la Procuración donde se pueden recabar informes sobre el estado de la tramitación: Tel.: 4 371-8412/4222 o 4 323-9400 int. 7488/7469
Se nos informa, de igual manera, que a fines del mes de junio pasado el Expediente estaba en Control de Legalidad.
Tomamos conocimiento a través de la diputada Liliana Parada que se han presentado vecinos en la Legislatura con un proyecto para poner nombre a la plaza. Luego de un intercambio de ideas al respecto se resuelve hacer llegar a los legisladores el acta de constitución de la “Comisión todos por la plaza de Boedo” con una carta adjunta solicitando a los legisladores que cualquier tema vinculado a la Plaza sea derivado a la Comisión Barrial que esta funcionando de hecho desde el 2006, antes que saliese la Ley. 2266, y oficialmente desde marzo 2007.
Se ha iniciado un expediente de expropiacion Nº 4982/2007.

La Escuela de Psicología Social Pichón Riviere informa que llevarán a cabo las encuestas sobre un muestreo significativo (propuesta mínima 200 personas).
Se intercambian pareceres sobre las zonas donde tomar el muestreo y se aprueba que sean alejadas del predio, para aprovechar las encuestas como una tarea de difusión.



Lluvia sobre Buenos Aires

El señor imagen del noticiero de la TV equivoca artículos, tiempos verbales, palabras, y lo hace todas las mañanas en casa; no es posible entender por qué razón ocupa el lugar que ocupa cuando clarito se percibe que no sabe hablar, pero ahí está, en una más de sus mañanas en que las patinadas se le amontonan en la boca. Al fin llega la primera agitada de la red: Está cayendo granizo en Buenos Aires. Los tironeos a la red también se amontonan en el decir del señor imagen. Hay que mantener al pescadito sujeto y la red se construye con agitaciones varias que en todo momento recordarán al atrapado: Ojito, que la ciudad te amenaza. No importa que el granizo caído sea ínfimo, como se informa a continuación, en todo momento se mantiene el tono de posible tragedia, importa que la piedra cae y si así sucede qué mejor que tentar a la memoria reciente de la gente: ¿Te acordás del último granizo? Un minuto después, el impreso en pantalla avisa: Está cayendo granizo, pero el señor ya no aclara que el fenómeno no es cascote, y los productores del programa muy contentos porque en la mañana se puede, siempre se puede, agitar cuando llega el arriba las manos, argentinos.
La lluvia es útil en la mañana, Buenos Aires en lluvia, como si estuviera envuelta en un verdadero tango triste y melancólico, Buenos Aires en blues cuando desde mi ventana miro la ciudad al sur.
Desde la TV, la pareja presentadora de noticias acompaña con cara de circunstancia, de a mí nadie me dijo nada, ellos tan incoloros, insípidos e inodoros, como si fueran agua de lluvia, pero de otro lugar, porque la lluvia de Buenos Aires es otra historia.
Una mirada rápida sobre el tema lluvia puede conducir a conclusiones un tanto erróneas, aunque lo observado, ciertamente, lleve careta extraña. Sólo hace falta un día de lluvia sobre la ciudad para registrar cómo el habitante sin paraguas comienza, en el amanecer de las gotitas, a agacharse. ¿Un movimiento reflejo o un movimiento totalmente consciente?, ¿es que el ciudadano sabe que las gotas pueden, por ejemplo, causar dolor y entonces se agacha?, ¿o el secreto es otro? Casi todos se agachan y los que no lo hacen viven en la ignorancia; pregunté muchas veces: Che, ¿por qué te agachás?, y me negaron la respuesta simulando sorpresa; todo apunta a un enigma, pero apuntar a misterio no significa que se pueda afirmar que la lluvia en Buenos Aires es pesada y lastima, como leí en un libro publicado hace algunos años. Otra de las reacciones, y por lo general cuando el ciudadano está agachándose bajo el castigo de las gotitas, se detecta en la nariz. El ciudadano la frunce como si la lluvia tuviera olor a mierda, y esto, por más que lo parezca, no es verdad; pregunté, Che, ¿tiene olor a mierda?, y silencio otra vez. El hecho está a la vista: el caminante sin paraguas, efectivamente, se agacha, frunce la nariz y pierde su mirada en el piso, como buscando más información, como tratando de recordar todo lo que el señor de la TV le dijo que era importante saber antes de salir de casa.
También puede observarse otro fenómeno en Buenos Aires cuando la lluvia, y está en relación con el ciudadano que sí lleva paraguas, esos que poseen defensa y abren la capa como si de superhéroe se tratara y avanzan erguidos, la vista al frente y sin fruncir la nariz. La cuestión es, avanzan, pero ¿cómo avanzan?; exactamente como no corresponde, que es la manera de avanzar en esta ciudad, es decir, en su mayoría se dedican a transitar protegidos y por debajo de los techos. Si alguien lo desea, puede comprobar y de manera simple hasta dónde llega el superhéroe con su paraguas, alcanza con esperar atento en el hall de cualquier estación del subterráneo. Ciudadanos con paraguas en mano intentarán una y otra vez cruzar los molinetes con sus estandartes desplegados. La pregunta es ¿por qué?; escuché por ahí que en la ciudad existe una especie de sociedad secreta cuya arma y símbolo fundacional es el paraguas, y debo confesar que al principio me pareció una estupidez, pero a la vez apareció una pregunta: ¿existe alguien entre aquellos a los que la lluvia los sorprende sin paraguas, que jamás haya sido agredido por los avisados, esos que siempre hacen los deberes o que le hacen caso a mamá o al señor imagen de TV, esos que luego salen con sus armas esperando la lluvia y, una vez que ésta ha cantado piedra libre, buscan frenéticos bajo los techos y marquesinas los ojos de los otros, de los simples mortales?
Cuando la lluvia se hace en Buenos Aires se puede buscar nuestra propia presencia en el refugio de una mesa de café (se aconseja por ejemplo el Margot de Boedo y no Sigi o Velvet en Villa Freud de Palermo algo, porque tantos y tan fríos son los Palermos que parecen los famosos caminos del señor en durísimo invierno), y en ella soltar amarras y dedicarse a la contemplación de nuestras patrias internas, esas tierras de mar adentro que no se negocian ni se regalan. Hace poco una escritora amiga, Danielle Roger, canadiense ella, me contaba de lo que le cuesta vivir a un escritor por aquellos lugares: En mi país, casi no hay nada peor que ser artista (sí hay peor: ser escritor). Y todos dicen que hay que trabajar y olvidar esta tontería de escribir. Pero no puedo ser otra que la que soy. Esta es la idea de patria interna y la charla con una de ellas es muy aconsejable cuando la lluvia en un café, aunque Danielle se la haya encontrado en una casita rodante prestada, olvidada en medio de un bosque, y que de lluvia no diga nada. Quizás una mesa de café tenga mucho de casita rodante prestada; pueden pasar cosas extrañas sobre una mesa de café de Buenos Aires, y si llueve, mejor. Cuando la lluvia, y ya habiendo nuestro ciudadano regresado desde el adentro patriótico (se aclara que para volver de una patria interna primero hay que tenerla), se aconseja un libro sobre la mesa, la mesa cercana a la ventana, y la lluvia como acompañante, y hablo de una lluvia no violenta, de una lluvia que pueda ser como el aire, esa que invita a mirar hacia el cielo para recibir cada caricia. Será necesario un libro en total sintonía con nosotros, ninguna lectura forzada, ninguna de esas lecturas que nos llevan a preguntarnos ¿por qué estoy leyendo lo que estoy leyendo?, ¿por que será que se ha escrito este libro? Una experiencia maravillosa de lectura sobre mesa de café y con lluvia amable del otro lado de la ventana ocurrió de mañana y en la mano tenía el Adán Buenosayres de Leopoldo Marechal, aunque estoy seguro de que hasta el placer supremo de una lectura en estas condiciones nos lleva cualquiera de los libros del autor citado.
Cuando la lluvia cae sobre Buenos Aires, y si durante la misma el ciudadano viaja montado en un colectivo a la hora del atardecer, podrá acercarse, si le interesa, al sano entretenimiento de sospechar historias en la ciudad. Las calles toman otra apariencia, las personas adoptan otros códigos, tengan o no paraguas, otras dimensiones se abren en la lluvia, la ciudad adquiere una respiración que es a la vez nerviosa y reposada, algo así como hacer un movimiento rápido cuando en realidad nada nos importa demasiado; en medio de ese paisaje, desde un colectivo en el atardecer, se puede sospechar una historia desde cada ventana iluminada. Desde cada una de las ventanas pueden asomarse historias, encerradas y abiertas en rectángulos mientras la luz invita a mirar, a robar imágenes; la lluvia corriendo sobre el vidrio de la ventanilla, partiendo mugre y sospecha, mientras la vida juega al tira y afloja diario, pero lo dicho, esto puede ocurrir durante la lluvia de Buenos Aires, una cuestión que va más allá de la humedad.
Me gusta la ciudad mojada y desconfío un tanto de la ciudad seca, porque en ella muchas veces parece moverse una persona, que en silencio se dedica a proyectar películas cortas en donde los personajes dejan mucho que desear. Personajes áridos asumiendo roles equívocos en dudosas películas instantáneas se abaten sobre las calles cuando la lluvia no está.
En un colectivo vi cómo una madre impactaba sobre la cabeza del educando (sí, su hijo) con el cuaderno de clase; a cada golpe repetía la palabrita: “burro”, y a su vez aprovechaba el evento para educar: conejo se escribe “c” y no con “q”. En seguida pensé en la posible apariencia física de un conejo escrito con “q”, la culpa me rondaba mientras trataba de acallar la risa ante la inocente libertad ortográfica y descuidaba la suerte del agredido; en claro me quedaba la apariencia de las madres escritas con puntos suspensivos.
Estaba sentado a una mesa (había dos) en el tercer piso del Centro de la Cooperación esperando las palabras del poeta Leopoldo “Teuco” Castilla, cuando llegó una mujer con sus buenos años, pero sin haber renunciado al maquillaje y vestimenta propias de las jóvenes damiselas. En la otra mesa había dos mujeres, también mayores, pero en sintonía con los tiempos transitados. La recién llegada inició el diálogo, ¿Me puedo sentar?, ¿ustedes tiene que ver con el arte?; Sí, contestaron ellas muy seguras y a coro; Ay, yo también, soy abogada, pero ahora escribo, para salirme un poco de este país; Y sí, contestó el dúo; Me dijeron que en dos meses estamos en híper, a mí me agarró el corralito con un dinero que era para vivir tranquila después de trabajar una vida; Yo me salvé justo, dice una de las señoras; ¿Te avisaron?; No, suerte; y la mujer, con voz de superada, como si fuera una escritora dueña de un ego incontenible, remata: Igual yo ahora escribo, desde que me desmaterialicé no me preocupo más por el dinero.
La mujer desmaterializada sin dudas seguirá trabajando en su obra literaria y haciendo sociales, porque algo hay que decir y hacer, che. El señor imagen de TV también podría haber usado un rayo desmaterializador (sobre su sien derecha, matate le gritarían en el barrio) en su vocabulario, pero hasta ahora no lo hizo. Pero volviendo a la expresión de la señora escritora, se me ocurre pensar que en estos días el señor Telerman acaba de desmaterializarse, sí, la figura es válida, y si lo es, una resultante acertada sería que el señor Macri se materializó, digo, un poquito más. Podría llover más sobre Buenos Aires.
Edgardo Lois



POEMA

Me gustan
los bares
en un lugar donde mi calle
no llega.
(Mi calle.
Mi calle era de polvo
y mariposa
y ahora ya no existe.)
Sólo en la lejanía
queda fija
menos viva
que tu vientre.

Jorge Isaías



Editorial
En Cana

En un operativo relámpago, llevado a cabo entre gallos y media noche por las fuerzas del orden, fueron puestos tras las rejas los conspicuos miembros de una entidad de Boedo llamada Paseo de las Esculturas. Los severos servidores públicos hicieron oídos sordos a los ruegos de la tierna Cholita: de nada valió su mansedumbre ni su prosapia incaica. Ahora, sólo desde los balcones de Boedo XXI puede verse su humilde sombrerito libre de barrotes.
La pareja tanguera de Tango íntimo, en cambio, no tiene muchas dificultades —acostumbrada como está a bailar sobre una baldosa— aunque piensa seriamente en hacer el cuatro en lugar del ocho por las serias limitaciones que les impone el cerco de hierro. Nada más inapropiado que una Súplica encarcelada. Y aunque parezca revestir algo de lógica Interiores no puede ser admirada desde el exterior de un enrejado impiadoso. Hasta La bestia, cuyo ámbito natural es la jaula, parece desplazarse en el repetido vaivén de la fiera encerrada.
¿Habrá vuelto a las andadas libertarias José González Castillo que lo metieron en cana? Ni el bronce tan holgadamente ganado lo liberó del hierro. ¿Qué diría Cátulo si viera que los pichichos de Boedo no pueden acercarse a olisquear el busto de su padre?
¿Qué responderán los victimarios cuando los detenidos se quejen ante el INADI por haber sido discriminados? O si alguien merecía la tortura del encierro, ¿por qué zafaron el Homenaje a la madre, el Testimonio y el Reposo? ¿Qué argüirían? ¿Que una madre no se toca, que se le detendrían todos los relojes a Bilevich y que Estephan Erzia era ruso y la Embajada tomó cartas en el asunto?
Dicen que hasta las cosas más serias tienen su arista tragicómica. ¿O acaso no causa gracia ver a alguien tropezar y, más aún, caerse? En el despropósito de este afán carcelario, sólo la descriptiva farsesca puede movilizarme el músculo risorio.
Mario Bellocchio



CULTURA GRATUITA


DE JULIO A DICIEMBRE CICLO DE
CINE GRATUITO EN “LA BALEAR”
EL PRIMER VIERNES DE CADA MES A LAS 19.30.
En Colombres 841
Presentan: BAIRES POPULAR - CASA BALEAR DE BS. AS. - CGP COMUNAL 5

3 DE AGOSTO: Tiempo de valientes (2005), Dir. Damián Szifron. Un psicoanalista (Diego Peretti) debe realizar tareas comunitarias dentro de su actividad. La tarea que el juez le asigna es atender a un inspector de la Policía Federal (Luis Luque) anímicamente devastado por una severa crisis matrimonial. (Apta may. 13). Dur.: 112'. Cortometraje: Parques nacionales.

7 DE SEPTIEMBRE: Derecho de familia (2006),
Dir. Daniel Burman.

Video: Ibiza y Formentera. Documental sobre ambas islas.

5 DE OCTUBRE: El abrazo partido (2003), Dir. Daniel Burman.
Cortometraje: Días de vino. Industria vitivinícola en Mallorca.

2 DE NOVIEMBRE: El último payador (1950), guión y dirección de Homero Manzi. Homenaje en el centenario de su natalicio. Protagonizada por Hugo del Carril.
Cortometraje: Un país en la mochila. Mallorca. Documental sobre la mayor de las Islas Baleares.

7 DE DICIEMBRE: Historias mínimas (2002), Dir. Carlos Sorín.
Cortometraje: Un país en la mochila. Menorca.

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CURSOS en el Museo Monte de Piedad
Seminario: TEATRO ARGENTINO “La conmoción de la vida”. De la Ranchería a Teatro Abierto. A cargo del Profesor Leonardo Busquet Del 31 de mayo al 19 de julio, todos los jueves de 18 a 20 hs, en el auditorio del Museo Monte de Piedad -Av. Boedo 870, 2º Piso. Cupos limitados - Informes: a las direcciones del encabezado
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LA ORUGA. Biblioteca pública de La Oruga: todos los sábados de 16 a 19 hs en la plaza de México y Jujuy. E-mail: laorugacolectivoautonomo@yahoo.com.ar
Página web: http://www.laorugaweb.com.ar/
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TEATRO LEIDO Ciclo de presentación de las últimas obras del grupo de dramaturgos que integran Susana Torres Molina, Susana Gutierrez Posse, Susana Poujol, Víctor Winer, Héctor Lewy-Daniel, Jorge Huertas, entre otros, como teatro semimontado con actores como Rita Terranova, Carlos Belloso, entre otros.
Los 2os. lunes de cada mes en distintas bibliotecas públicas
Consultas: 4 811-0867 int.102 - ENTRADA LIBRE Y GRATUITA

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MINISTERIO DE CULTURA DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES. Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires

MUESTRA: “EVA EN EL PALACIO LEGISLATIVO. 60 AÑOS DEL VOTO FEMENINO”. Del 10 al 27 de julio, en la Sala de Exposiciones de la Legislatura de la Ciudad , Perú 160.
Fotografías, videos, objetos personales. Entrada gratuita.

CICLO DE CINE. “CIUDADES, CULTURAS Y POLITICA EN LATINOAMERICA”. Del 13 de julio al 28 de septiembre, todos los viernes a las 19. Salón San Martín de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Perú 160. Los films que ilustran la identidad de cada país, de cada región. Entrada libre y gratuita.

II CONGRESO DE LAS LENGUAS. “Por el respeto a la interculturalidad y el ejercicio de la memoria”. 18, 19, 20 y 21 de julio 2007. Inauguración: 18 de julio de 2007, a las 19 hs.
Facultad de Medicina UBA - Paraguay 2155

LA PRIMERA BUENOS AIRES. Existe un sitio: www.primerabuenosaires.com.ar en donde están todos los informes, planos, fotos y estudios de la búsqueda del lugar en que estuvo la primera Buenos Aires entre 1536 y 1541, que se actualiza en forma permanente y con la intención de que todos estos estudios sean públicos y accesibles por la comunidad.
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LEGISTANGO. Miércoles 25-07-2007 a las 18.30 en la Legislatura Porteña, Perú 160, Planta Principal, Salón San Martín. “El Tango y los Barrios”. Dirección y acompañamiento: Mario Valdéz. Voces: Livia Comerci, Marisa Eguía y Beatriz Villar. Artista invitado Walter Malosetti, a quien se distinguirá junto al periodista Roberto D’Anna y al poeta lunfardesco Juan José “Chichín” Vieytes.
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FERIA DEL COMERCIO JUSTO Parroquia Santa Cruz Somos un grupo de productores/as que ofrecemos nuestros productos a un precio justo, creando conciencia para que cada vez seamos más los “Consumidores Responsables”. Las ferias que organizamos los segundos sábado de mes, fortalecen nuestro proyecto de “Comercialización Comunitaria”.14 de julio de 16 a 20 hs. EEUU 3180. Para más información, vía mail comerciojustosantacruz@yahoo.com.ar
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LA JUNTA DE ESTUDIOS HISTORICOS DEL BARRIO PARQUE CHACABUCO invita a la charla correspondiente al mes de julio de su ciclo “Curiosa Buenos Aires”. El próximo jueves 19, a las 19, en el salón de la parroquia Santa Isabel de Hungría, sito en San José de Calasanz 1059, el Dr. Carlos M. Trueba disertará sobre “El pintoresco Clemente Onelli en Buenos Aires”La disertación será acompañada con proyección de diapositivas.
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LOS BARRIOS PORTEÑOS ABREN SUS PUERTAS. La Dirección General de Patrimonio, del Ministerio de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires convoca a participar de su emprendimiento. Para descubrir y valorar el patrimonio de los barrios

JUEVES 26 DE JULIO - COMUNA 1. 10:30 hs. MUSEO NACIONAL FERROVIARIO. Encuentro: Av. del libertador 405 - Retiro. Coordina: Adolfo Beain. 10:30 hs. RECORRIDO POR LA AVENIDA DE MAYO. Encuentro: Casa de la Cultura, Av. de Mayo 575 - Montserrat. Coord.: Silvana Bermúdez. 14:30 hs. MUSEO ETNOGRAFICO JUAN B. AMBROSETTI. Encuentro: Moreno 350 - Montserrat. Coordina: Alejandra Reynoso. 16:00 hs. GRAN LOGIA ARGENTINA DE LIBRES Y ACEPTADOS MASONES. Encuentro: J. D. Perón 1242. San Nicolás. Coord.: Juan Esteban Serchio. 17:30 hs. MUSEO MUNDIAL DEL TANGO - ACADEMIA NACIONAL DEL TANGO. Encuentro: Rivadavia 830 - Montserrat. Coord.: Walter Piazza y Pablo L. Vinci.

VIERNES 27 DE JULIO - COMUNA 1. 9:00 hs. ZANJON DE GRANADOS. Encuentro: Defensa 755. San Telmo. Coord.: Silvina Ferremi. 10:00 hs. IGLESIA ORTODOXA RUSA. Encuentro: Brasil y Defensa San Telmo. Coord.: Alejandro Iwaszewicz. 12:00 hs. TALLERES DEL TEATRO SAN MARTIN. Encuentro: Corrientes 1530 (Hall). San Nicolás. Coord.: Ana M. Monti y Lidia Yadarola. 12:30 hs. RECORRIDO POR EL BARRIO DE CONSTITUCION. Constitución y Lima. Constitución. Coord.: Juan Esteban Serchio.17:00 hs. ASOCIACION UNIONE E BENEVOLENZA. Encuentro: J. D. Perón 1362. San Nicolás. Coord. María Paiella y Pablo L. Vinci. CUPOS LIMITADOS.

INSCRIPCION PREVIA: Desde el 18 hasta el 25 de julio. Tel.: 4 323-9400 INT. 2756

VISITAS PERMANENTES - Sin inscripción previa
*AGRONOMIA: Ultimo sábado de cada mes en Tinogasta y Av. San Martín. 10:00 hs. Coordina: Mabel Roelants
*PARQUE CHAS: Ultimo sábado de cada mes en Av. de los Incas y Av. Triunvirato. 11:00 hs. Coordina: Magdalena Eggers
*CABALLITO: Ultimo domingo de cada mes en Parque Rivadavia junto al monumento a Bolivar. 16:00 hs. Coordinan: Marina Bussio y Héctor Núñez Castro.
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“LA RECONQUISTA... EPICA SAGA”, un espectáculo de teatro y música que cuenta la noche anterior a la segunda invasión inglesa (año1807). Una comedia absurda en la que Leo Bosio nos trae lo mejor y lo peor de nuestra patria. Todos los sábados a las 21.30 con entrada libre y gratuita, en el Centro Cultural Plaza Defensa. Defensa 535. Dramaturgia, puesta en escena y dirección general: Leo Bosio. Una producción de “apenas... teatro” con el auspicio del Ministerio de Cultura GCABA y el Centro Cultural Plaza Defensa.
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CICLO DE CINE - JULIO. Voluntarios de Parque Centenario. Epuyén 544 (alt. Díaz Vélez 4500). pcentenario@hotmail.com
http://voluntarios-parquecentenario.blogspot.com/
Entrada Gratuita.
Cine Koreano: Todos los Jueves 20 hs. Jueves 5: 2046 los secretos del amor. Jueves 12: Con ánimo de amar. Jueves 19: Primavera, Verano, Otoño, Invierno... Jueves 26: Hierro 3
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Programa JUEGOTECAS BARRIALES. Dir. Gral. de niñez y adolescencia, GCABA. Proyecto: CLUB SOCIAL y DEPORTIVO JUGARTE. Durante el año 2006, en la Juegoteca Boedo Sol Naciente, llevamos adelante un proyecto que denominamos “Jugarte”, el cual se desarrollaba en el espacio intermedio entre el juego y la expresión artística. Para ello trabajamos en base a cinco disciplinas (Música, Plástica, Literatura, Danza y Teatro) BOEDO: Boedo 1759. Horarios: 3 a 5 años: Lun. a Jue. de 14.30 a 16.30hs. 6 a 9 años: Lun. y Mié. 17 a 19 hs. 10 a 13 años: Mar. y Jue. de 17 a 19hs. Coord:Prof. Jimena Gónzalez Alsina
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9.6.07


Nº 64
Junio de 2007
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LOS 39 AÑOS DE BOEDO
Por Mario Bellocchio

MARTÍN MALHARRO Y EL IMPRESIONISMO
Diego Ruiz y su Callejeando historia

TINTA CHINA
Por Mónica López Ocón

EL INFORME DE LA COMISION PLAZA
Por Patricia Roselló
Qué plaza queremos

VECINOS PARTICIPATIVOS
Entrega de distinciones

EL MIRADOR DE COMASTRI Y SU IDENTIDAD BARRIAL
Por Mario Bellocchio

ALGUNAS APRECIACIONES SOBRE CUESTIONES FRONTERIZAS
Por Rubén Derlis

SAN LORENZO. DEVOLUCIÓN DE UN PREDIO
Aprobación en primera lectura

LA INDUSTRIA DE LA IMBECILIDAD
Por Carlos Penelas

EN LA BOCA: TORNILLOS ALREDEDOR DEL MAESTRO
Por Edgardo Lois

POEMA
No habrá más penas ni olvido
Por Rafael Alberto Vásquez

EDITORIAL
La elección

Por Mario Bellocchio

AGENDA DE CULTURA GRATUITA




Los 39 años de Boedo

Nuestro joven barrio todavía no ha transitado, tangueramente, el codo de los cuarenta. El 11 de junio se cumplen treinta y nueve años de la promulgación de la ordenanza Nº 23.698 que delimitó por primera vez los barrios de la ciudad hasta ese momento imprecisos y superpuestos.

Junio de 1580. Desde Asunción llega Juan de Garay y el día 11 funda Santa María de los Buenos Ayres. Una carabela y dos bergantines descienden el Paraná y el estuario para trasladar a los sesenta y cinco nuevos pobladores, los elementos de labranza y otras dotaciones de agricultura. Se reúnen con el ganado que había hecho el trayecto por tierra y conforman el nuevo asentamiento.
Rodrigo Ortiz de Zárate y Gonzalo Martel de Guzmán son nominados como alcaldes de la ciudad, que cuenta con su escudo de armas y su cabildo con seis regidores. Tanto despliegue acredita unos días de descanso en... ¡Mar del Plata! La bitácora de Garay denuncia un viajecito exploratorio, por esos días, hasta el que hoy se denomina Cabo Corrientes. De esta manera, hace cuatrocientos veintisiete años, Juan de Garay desplegaba el papiro inaugural en el trunco tronco bonaerense.

Hace mucho menos —treinta y nueve años para ser precisos— a las autoridades de la ciudad se les ocurrió que había que formalizar una circunstancia vigente de hecho: la divisoria barrial. Y nada mejor que la fecha fundacional del 11 de junio para labrar las actas. Así que, previa fundamentación, rubricaron los límites que cuatro años más tarde —1972— tendrían algún retoque y sanción definitiva.
Y había que fundamentar para acordar alambradas porque el despliegue de las patrias chicas barriales no era escaso. Hurgar y decidir sobre las chapas fundacionales, culturales y hasta deportivas que justificaran un límite barrial fue la ecléctica tarea que debieron asumir los legisladores. El discurso previo al articulado revela las dimensiones de las amistosas, y a veces no tanto, controversias “aduaneras”.

Buenos Aires, 11 de junio de 1968.
CONSIDERANDO:
Que la Ciudad de Buenos Aires, fundada por Don Juan de Garay el 11 de junio de 1580, ha ido creciendo sin tregua y sin pausa [...]
Que, dentro de su dilatada extensión, se han constituido núcleos ciudadanos [...]
Que estos barrios ostentan nombres que los distinguen y precisan su ubicación en el vasto ámbito capitalino, que ningún porteño desconoce, a pesar de tratarse de denominaciones fundadas en el uso, la costumbre o la identificación con la parroquia, o con algún edificio notable, o ser recuerdo de la “villa” inicial incorporada en el decurso del tiempo a la ciudad creciente;
Que, no obstante, los barrios porteños carecen de límites exactos, por cuanto se han formado en torno a núcleos primitivos cuyos epicentros, si bien tienen casi siempre características definidas, con su vida propia y sus actividades sociales, culturales, comerciales o industriales peculiares, al expandirse se confunden con los barrios vecinos estableciéndose zonas marginales indecisas;
Que se estima oportuno determinar los límites de los distintos barrios que componen la ciudad a fin de precisar la esfera de acción de las entidades constituidas en ellos, promover el desarrollo de la acción comunitaria en beneficio del progreso y afirmar la perdurabilidad de los nombres caros al espíritu y las tradiciones de la población;
Por todo ello; en uso de las facultades acordadas por la ley 16.897 (B. M. 12.857);
El Intendente Municipal,
SANCIONA Y PROMULGA CON FUERZA DE ORDENANZA:
Artículo 1º - Establécese que los barrios que integran la Ciudad de Buenos Aires están comprendidos entre las avenidas y calles que se detallan a continuación:
[...] BOEDO: Av. Loria, Av. Caseros, Av. La Plata, Av. Independencia.
[...] Art. 2º - La presente ordenanza será refrendada por los Secretarios de Obras Públicas y Urbanismo y de Cultura y Acción Social.
Art. 3º - Dése [...]
IRICIBAR. - Roberto J. Vernengo - Máximo A. Vázquez Llona.*

¿Pero cómo: entonces el Grupo Boedo, los poemas de Manzi y de Centeya, de qué barrio hablaban?
El concepto de pertenencia que barrio pone en juego, responde más a un análisis sociológico que geográfico. La divisoria del 68/72 se ocupó más de este último que del primero.
¿Y cómo era ese Boedo sín límites demarcados anterior a junio del 68?
El Viejo Gasómetro vibraba con los Matadores cuya pertenencia a Boedo se gritaba como nunca antes. Se cumplían veinte años del estreno de “Sur” de Manzi y Troilo. En el mapa, los límites actuales surcados por dos ejes —Boedo-Sáenz y Garay-Vernet— que partían en cuatro la superficie, asignaban a las secciones de Registro Civil de San Cristóbal Sud (sic) el fragmento de Saénz-Boedo, Garay, S. de Loria y Caseros; a la de San Cristóbal Norte: Boedo, Independencia, S. de Loria y Garay; a San Carlos Sud (sic): Garay-Vernet, Av. La Plata, Independencia y Boedo; y, finalmente, a Nueva Pompeya: Boedo-Sáenz, Caseros, Av. La Plata y Vernet-Garay.
Ese “reparto” de lo que consideramos nuestro terruño comenzó a tener polos reconocibles en ambiguos términos tales como alrededores de o la zona de Boedo; y hasta algún osado se animó con la palabreja: barrio, saliendo de la velada alusión en la que no quedaba claro si se refería a una avenida o a la zona. Todavía hay quienes discuten si Manzi escribió San Juan y Boedo antigua —por la avenida— o antiguo —por un barrio aún en ciernes.
Cierto es que la proyección hacia la primera plana la brindó, indudablemente, la irrupción del Grupo Boedo —o de Boedo como dirían los fanáticos del zonalismo— y su controversia con los de Florida. Siendo esta una calle, hay razones para suponer que la otra alusión era para la avenida.
El otro polo, que planteaba un límite insoslayable para futuros delimitadores fue el Gasómetro de Av. La Plata. Cuando en la madrugada del siglo XX el tono altisonante del Carbuña Monti imponía: San Lorenzo, sí, pero que se aclare: de Almagro, definía una identidad barrial efímera, pero identidad “barrial” al fin, del lugar de origen que sólo quedó en las actas fundacionales y en el nombre oficial de la institución.
Ya en las primitivas reuniones del “Dante” tenía vigencia el mote de Gauchos de Boedo, afincando la pertenencia barrial, para culminar la rúbrica con el visceral ¡Sí, sí, señores, yo soy de Boedo! ¡Soy de Boedo de corazón!
Y los Artistas del Pueblo, la Universidad Popular de Boedo, la Peña Pacha-Camac, el Corso de Boedo; una enumeración que pecaría de taxativa si no se advierte que se alude a las de mayor conocimiento público prescindiendo, por razones de espacio, de un listado más completo.
Boedo: un barrio de estirpe, con identidad desde las primitivas épocas de indocumentado, hoy cumple treinta y nueve años desde que le entregaron los papeles.

Mario Bellocchio
(*) Ordenanza Nº 23.698 del 25/6/1968, Boletin municipal de la Ciudad de Buenos Aires Nº 13.336, pág. 7428



Callejeando historia
Martín Malharro y el impresionismo

Hablábamos en los últimos callejeos de los primeros artistas argentinos que, becados por el Estado de Buenos Aires primero y por el Estado Nacional más tarde, fueron a estudiar a Europa, especialmente a Francia e Italia, donde, como en el caso de Juan Manuel Blanes, se formaron en un academicismo ya tardío. Pero no todos tuvieron esa suerte: muchos artistas de la época no consiguieron la beca salvadora y debieron costearse el viaje y estadía a fuerza de enormes sacrificios, o resignarse a seguir como maestros a aquellos que sí lo habían logrado. Sin embargo, una institución creada en 1876 se convertiría en piedra fundamental de la enseñanza artística en nuestro medio: la Sociedad Estímulo de Bellas Artes fundada por los pintores Alejandro y Eduardo Sívori, José Aguyari, Alfredo París y Eduardo Schiaffino, el arquitecto Julio Dormal y el periodista Carlos Gutiérrez, donde se formaría gran parte de la siguiente generación de artistas plásticos. Su primer presidente fue Juan Camaña, antiguo maestro de dibujo de Manuelita Rosas que asimismo se encargó de la escuela de dibujo y pintura hasta su muerte, y entre los profesores encontramos nombres que ya estaban consagrados o darían que hablar en poco tiempo: José Aguyari, Angel Della Valle, Reinaldo Giúdici, Lucio Correa Morales, etc. Estímulo estuvo instalada en un edificio frente a la antigua Plaza Monserrat hasta que en 1898 se mudó a la planta alta de las actuales Galerías Pacífico, edificio construido para la tienda Bon Marché que, debido a la crisis de 1890, nunca había sido ocupado. Lo interesante es que en el entrepiso funcionaba el recién fundado Museo Nacional de Bellas Artes y, en otras dependencias, instituciones como El Ateneo y La Colmena artística, así como varios ateliers¸ lo que permite imaginar el polo artístico que configuraba la manzana en aquellos días. Pero esta nota no pretendía hablar de Estímulo —que merecería varios libros— por lo que sólo agregaremos que en 1905 y por mediación de Joaquín V. González, la institución se nacionalizó como Academia Nacional de Bellas Artes bajo la dirección de Ernesto de la Cárcova. En realidad este callejeo quería hablar de un alumno que fue, durante años, bastante olvidado o, peor, menoscabado en cuanto al papel que cumplió en nuestra plástica: Martín Malharro.
Decíamos que muchos artistas promisorios no consiguieron la anhelada beca del Congreso para estudiar en Europa y ese fue el caso de Malharro. Nacido en un hogar muy humilde de la bonaerense Azul, el 25 de agosto de 1865, tuvo que ganarse la vida desde muy chico. Seguramente tenía dotes naturales pues, instalado en Buenos Aires, se empleó en un taller litográfico donde hacía dibujos para rótulos, etiquetas de cigarrillos, membretes, facturas y tarjetas, y por esa misma época —1890— comenzó a asistir a las clases nocturnas que daba en Estímulo el italiano Francesco Romero, por cuya iniciativa se habían encargado a Florencia calcos en yeso de estatuas clásicas para servir de modelo en los cursos de dibujo. Como en aquellos tiempos las clases dirigentes se interesaban bastante por el desarrollo educativo y artístico del país, a Malharro le surgió un mecenas, el doctor José María Ramos Mejía, que lo invitó a pasar una temporada en una de sus estancias para que pudiera pintar libremente, de donde regresó con una serie de apuntes y estudios. En ese momento varias personalidades intentaron conseguirle la famosa beca pero, al serle negada, Malharro viajó a Tierra del Fuego “porque quería estudiar el mar en aquellas latitudes” y al volver obsequió todos los cuadros, estudios y bocetos que había realizado a sus amigos.
En 1894 conoció al escritor Roberto J. Payró, quien lo presentó a Martiniano Leguizamón —para uno de cuyos libros realizó más de 50 composiciones— y lo hizo ingresar a La Nación, fuente de ingresos seguros donde ilustró viñetas de sucesos de actualidad, retratos de personajes, etc. Pero su afán de estudiar en Europa no lo abandonaba y, haciendo economía sobre economía, consiguió embarcar en 1895 hacia París, donde visitó museos, exposiciones y adhirió al impresionismo que estaba en su cenit. De regreso a la Argentina, ocupó un cargo como maestro en la Inspección de Dibujo y ejerció similar cátedra en el Colegio Nacional Central (actual Buenos Aires), lo que lo puso algo a resguardo de sus crónicas angustias económicas.
El problema fue cuando empezó a exponer. Ya había participado, en 1894, en el salón de El Ateneo, donde presentó la tela El corsario La Argentina aún bajo la influencia naturalista, pero en 1902 la galería Witcomb organizó su primera muestra individual y la crítica le cayó con todo, le negó todo valor a su pintura, lo ninguneó. Pero Malharro no era de arrear con la rienda e inició una furibunda polémica desde las columnas de El Diario, donde entonces trabajaba, y siguió produciendo. En 1908 concreta su segunda exposición individual, también en Witcomb, y la crítica responde con silencio e indiferencia, por lo que Malharro vuelve a escribir, a polemizar y, en la propia sala de exposición y frente a sus cuadros, pronuncia conferencias rodeado de muchos jóvenes alumnos que se unen a su lucha contra el naturalismo y el academicismo.
En 1911 publica un libro, El dibujo en la enseñanza primaria, que marcó un hito en la educación artística y le valió el nombramiento de profesor en la Academia Nacional de Bellas Artes, pero falleció cuando estaba organizando su tercera exposición, inaugurada después por sus parientes y amigos, con tan sólo 46 años. Dicen los que saben que, viendo su última producción, es posible afirmar que Malharro no se hubiese quedado anclado en el impresionismo: era demasiado inquieto, investigador, explorador de nuevos senderos. “De ese contraste (entre la naturaleza y la vida con la Academia) nació mi primera duda —escribió el artista en 1909—, de ahí la primera resistencia contra todo lo que representara un obstáculo a la libre comunión con la naturaleza, a la libre manifestación de mis sensaciones, mis sentimientos o mis pensamientos. De ahí dató la independencia de mi espíritu, la felicidad moral de mi inteligencia, ¡y viví desde entonces mi vida!”. Y el recordado Jorge Romero Brest supo decir: “Porque fue capaz de ser él, no un impresionista más, porque fue capaz de mirar a nuestra naturaleza con ojos y sensibilidad nuevos, porque fue capaz de encauzar a la juventud estudiosa por los nuevos caminos del arte, que significaban su vivificación, porque fue capaz de echar las bases de la educación estética de niños y adolescentes, por eso Malharro merece el puesto de honor que frecuentemente se le niega”.
Al menos, algún edil no lo olvidó y, en 1944, una calle de Saavedra —a caballo con Núñez— fue bautizada con su nombre, corriendo desde San Isidro Labrador (allí donde se encuentra con Cabildo) hasta Vidal, entre Pico y Deheza.

Diego Ruiz



Tinta china

He viajado por mundos desconocidos mucho antes de tener la posibilidad de subirme a un avión. Bajo la presión del plumín aparecía sobre el papel transparente el más lejano de todos los mundos lejanos, China, dibujado, precisamente, en tinta china. Ningún otro viaje real me llevó al centro del misterio de la misma forma que aquél en cuyo transcurso dibujaba ríos negros y límites políticos pespunteados como los cuellos de las camisas de mi padre.
Mi madre hablaba de “la China” como lo más lejano que había en el mundo y yo incorporé tempranamente la noción de que existía en la Tierra un punto más distante que cualquier otro, no importa en qué lugar del globo se estuviera.
Sin embargo, siempre tenía al alcance de mi mano un frasquito de tinta china, un pozo negro del que emergían mapas de todos los países. A intervalos regulares, compraba en la librería de la vuelta una dosis de lejanía para dibujar geografías que figuraban en los libros, pero que jamás había visto. Mi precaria cartografía infantil era un acto de fe. ¿Existía realmente China, el país donde hombrecitos amarillos vestidos con trajes de seda multicolores fabricaban tinta negra? Curiosamente, China estaba lejos, pero la librería que vendía la tinta china estaba a la vuelta de mi casa, sobre la calle Pavón. ¿Cómo le llegaban al librero aquellos frasquitos? ¿Los distribuirían de la misma forma en que distribuían la leche que venía en botellas verdes? ¿Le dejarían grandes tanques de tinta que luego él volcaría en aquellos frasquitos de etiqueta amarilla? ¿Cómo hacían los chinos para fabricar tinta negra para todo el mundo?
Los frasquitos en cuestión, por lo menos los que vendían en la librería de la calle Pavón, tenían en la etiqueta caracteres chinos cuyo trazado era similar al que aparecía en un libro de cuentos junto a dibujos de grullas y hombres de ojos oblicuos y coleta negra, como delineada con tinta china. Los chinos del cuento pintaban con pinceles de forma almendrada aquellos caracteres negros. Los chinos pintaban con tinta china. Además, hacían cometas con forma de pájaro y de dragón. Deduje que no sólo eran los dueños de la lejanía, sino también de los mapas, de los barriletes, de la seda multicolor de sus vestimentas y de todos los caracteres del mundo, incluso de aquellos que no comprendía. Y, por supuesto, de la tinta, que desbordándose en ríos oscuros por geografías desconocidas llegaba a la calle Pavón del barrio de San Cristóbal.
Ante lo insondable del misterio, sólo cabe el silencio. Nunca me atreví a preguntarle al librero si era un chino de ropa multicolor el que le golpeaba la ventana en la madrugada para entregarle los frasquitos de etiqueta amarilla y contenido negro, si llegaba a la misma hora que el lechero, si corría por la calle Pavón remontando una cometa con forma de grulla, si traía en la mano un farolito de papel con forma de acordeón. Si aquel chino lo conocía a Marco Polo y en qué lengua había hablado con el viajero. Si la fórmula de la tinta estaba escrita en chino y por eso ningún país podía comprender cuáles eran sus componentes. El silencio preserva el misterio.
Un día descubrí que la tinta china se fabricaba en la Argentina. Lo leí en el frasquito, en una etiqueta pegada debajo que jamás había visto. Aquella tinta me pareció aguada. Era imposible que cada frasquito de tinta argentina guardara los mismos mundos que aquella que me había acompañado en los primeros mapas. El misterio precisa de la lejanía y China era el mundo más lejano. Descubrí entonces que es casi imposible vivir sin misterio, pero que éste se desvanece a medida que nos acercamos a él. Hay mundos que es mejor conocer a medias, sólo por referencias literarias.
Por suerte, conservo uno de los frasquitos de los primeros mapas. Me rehúso a abrirlo para ver si la tinta se ha secado. Me digo que siempre es bueno creer que conservamos una pequeña reserva de lejanía en un frasco de tinta, en una polvera vieja o adentro de una caja. Siempre es bueno creer que un chino diligente llega puntualmente a nuestro barrio para encerrar en un frasco mapas de países lejanos y que el librero nos permite acceder a misterios fabulosos, de esos que no se desvanecen con la luz del día y que duran tanto como la infancia.

Mónica López Ocón



Comisión Plaza

Constituida la Comisión Plaza, este es el informe de lo producido en las dos últimas reuniones:
Sobre la jornada al aire libre del 12 de mayo en las adyacencias del predio (Carlos Calvo y Loria), y a pesar de la negativa de las autoridades para ingresar al interior del lugar, se opina, en general, que la actividad estuvo bien, que fue muy organizada y que las instituciones pudieron estrechar vínculos e intercambiar opiniones sobre distintos temas.
Aunque a la gente le cuesta movilizarse a un lugar que todavía no es plaza, hubo vecinos que se acercaron a pesar de que viven lejos.
La gente que participa en las mesas de Baires y la Junta de Estudios Históricos, en San Ignacio y Boedo todos los sábados, se movilizó hacia la plaza.
Y personajes como el Tata Cedrón y su Sra. se acercaron y sentaron a su niñita en los bancos de nuestra plaza simbólica.
Por momentos la actividad tuvo picos de entre 80 y 100 personas, una jornada para la que el padre Carlos, de la Parroquia Santa Cruz, había conseguido oficialmente el corte de calle.
Se pintó un mural sobre la calle Carlos Calvo dirigido por los Jóvenes de la Santa Cruz (temático plaza y homenaje a Mugica).
La Radio Abierta coordinada por la Asamblea de Boedo fue el motor constante de toda la reunión.
Se elogió muchísimo al Grupo Caravana y al baile folclórico en el que todos participamos.
Los jóvenes de la Escuela de Psicología Social realizaron una miniencuesta sobre la que se informa aparte.
Luego de la choriceada y buffet, de marcado éxito, la reunión culminó con la intervención del Arq. Aquilino González Podestá, quien se refirió, con su bonhomía habitual, al pasado histórico del predio. Y la actuación, como broche final, del conjunto “Boedo Antiguo”.
La conclusión, en general, fue que esta actividad ayudó a estrechar vínculos entre las instituciones y seguir en la propuesta de vincularnos entre los vecinos de las más diversas formas. Todos acordamos que este trabajo comunitario nos gratifica y que toda experiencia sirve para encarar futuras acciones.

Dos votaciones resultaron pioneras para establecer el nombre de la futura plaza. Una de ellas, la llevada a cabo por la Radio Abierta de la Asamblea Vecinal de Boedo que hizo circular una urna con la consigna ¿qué nombre le gustaría a Ud. que tenga la futura Plaza? dejando constancia de que no sería definitivo un escrutinio que luego reveló, como nombres más votados, a “Alvaro Yunque”, “Boedo”, “Cátulo Castillo” y “Homero Manzi”
La Sra. Rosa María Silva, directora de Jardines de Infantes Nucleados “B” DE 6º también realizó una votación dentro de la comunidad escolar. El nombre propuesto por ellos es “Francisco Reyes”.
La Junta de Estudios Históricos también tiene un nombre sugerido que sería “Mariano Boedo”.

Se acuerda la manera de solicitar participación de las escuelas, colegios y jardines zonales para la elección del nombre de la futura plaza.

La Comisión de Instituciones y vecinos por la Plaza de Boedo, invitan a los maestros y alumnos del barrio a buscar juntos un nombre para la futura plaza.
La idea básica es reivindicar a alguna figura barrial que permita ampliar el conocimiento de los vecinos de Boedo sobre los hacedores de su historia.
Los nombres mas votados, que surjan de este consenso, serán elevados a las autoridades pertinentes a manera de sugerencia de la voluntad de los vecinos.
Se acuerda la confección de un tríptico de distribución masiva con una sintética biografía de los candidatos más votados como guía para la decisión final.
Se realiza la redacción del texto.

Se presenta una propuesta sobre un nombre en general para la plaza (Boedo, se sugiere) que estaría acompañada por varios nombres —todos los votados— a diversos sectores de la misma.

Se instrumentará un stand temático sobre la plaza en la celebración del Día de Boedo en Boedo entre C. Calvo y EE. UU. (1º de julio).

Se propone abrir un blog (página Web) sobre la plaza cuya denominación se acuerda como “Plaza de Boedo” donde cualquier persona pueda recurrir para estar al tanto de la información actualizada sobre el lugar.

Seguimos soñando qué plaza queremos.

Patricia Roselló

Infórmese:
todosporlaplaza@yahoo.com.ar




Qué plaza queremos

De las preguntas formuladas a los vecinos el día 12 de mayo surgen los siguientes datos:
En relación a las necesidades de los vecinos, la plaza debería incluir:
* Baños públicos, juegos para chicos, un espacio techado para distintas actividades (juegos, deportes, etc.), mantener parte de la edificación del predio, juegos para gente de la tercera edad (cancha de bochas y tejo, tableros de ajedrez...), anfiteatro.
* Cuatro vecinos se manifestaron en relación a una plaza abierta o cerrada: 2 por cada opción. Un vecino consideró que sería necesario que la plaza tuviera “seguridad privada”.
* La Plaza, como espacio verde necesario para el barrio, debería cumplir una función Integradora de los vecinos a través de distinto tipo de actividades (exposiciones de fotos sobre la historia del barrio, actividades deportivas, espacio de expresión —por ejemplo: teatro—).
* Algunos vecinos consideraron que la Plaza mejoraría significativamente el contexto. Habría mejor iluminación.
* La mayoría de los vecinos encuestados manifestaron conocer el motivo por el cual se hacía la actividad, aunque otros consideraron que deberíamos hacer más propaganda de las acciones realizadas.
* En relación a la participación de una Comisión de Vecinos que se reúne cada 15 días, algunos vecinos manifestaron interés y se les entregó la dirección del Club donde nos reunimos.
* Hacemos mención a que la mayoría de los interrogados destaca la necesidad del reclamo (que este es un reclamo justo y necesario) y la de reunirse con tal objetivo.
* Desde la Escuela de Psicología Social Dr. Enrique Pichón Riviere estamos planificando ampliar esta tarea a nivel encuesta en el barrio para seguir relevando necesidades e ideas de los vecinos. Para esto convocaremos a estudiantes de la escuela fundamentando el trabajo en relación a la participación de la escuela en la Comisión, a través de una breve síntesis de la historia y situación actual de la plaza y una reseña histórica del barrio.




Vecinos Participativos

El Día del Vecino Participativo se celebra con una ceremonia que se realiza todos los años —en el marco del programa de fortalecimiento de la participación institucional (FOPAI)— para distinguir a los vecinos elegidos por las propias organizaciones barriales considerando su aporte a la participación comunitaria y la mejora de la calidad de vida de sus barrios.
El 11 de junio, a partir de la ordenanza Nº 15.201, se festeja el aniversario de la Segunda Fundación de la Ciudad de Buenos Aires. Ese mismo día se instituyó, por medio de un decreto del 5/8/90, el “Día del Vecino Participativo” que, desde el año 1991, el Gobierno de la Ciudad lleva a cabo ininterrumpidamente.
Este año la ceremonia que reunió a los vecinos de Almagro, Boedo, Caballito, Flores y Parque Chacabuco se realizó en el amplio auditorio de la escuela Intendente Alvear, Castro 954, el martes 29 de mayo.
BAIRES POPULAR recibió, a través de sus miembros, cinco distinciones directas (Liliana Zuntini, Diego Ruiz, Haydeé Ch. de Caffarena, Mario Valdéz y Mario Bellocchio) y una indirecta, ya que fueron distinguidos los jardines dirigidos por Rosa María Silva.
Entre otros vecinos que recibieron la distinción cabe mencionar a Patricia Roselló, Acho Manzi, el Cuarteto Cedrón, el bar Margot, el bar Sur, Silvia Martínez y Alicia Larreategui, por nombrar sólo a los que son de nuestro conocimiento más cercano. A todos nuestra felicitación.
Un párrafo para la organización que comenzó brillantemente con el show de “Yotivenco”, el conjunto que dirige el talentoso Rodrigo de la Serna.
En la entrega de distinciones, en cambio, predominó la notoria falta de coordinación que privó de algo esencial al espíritu del acto: la interrelación, el conocimiento entre vecinos, dada la modalidad de entrega de trofeos en grupos de a diez nombrados en forma masiva donde fue imposible identificar individualmente. Esta experiencia no debería ser desaprovechada para corregir las futuras entregas.




El Mirador de Comastri y su identidad barrial

Algo más sobre los límites barriales de cuya reglamentación nos ocupamos en la nota de tapa. Esta vez se trata de un error que cometimos en la ubicación del Mirador de Comastri que en nuestra nota del número anterior situábamos sobre Villa Crespo cuando en realidad está en los pagos de Chacarita.
La Ordenanza Nº 23.698 de 1968 fue reemplazada por la Nº 26.607 de 1972, introduciendo algunas precisiones y modificaciones sobre la anterior, entre las que se cuenta un triángulo delimitado por Dorrego, Bonpland, Av. Córdoba y vías del ferrocarril San Martín (TBA) que pasó de Villa Crespo (1968) a Chacarita (1972).
Las respectivas ordenanzas refieren:
Chacarita (1968): Av. El Cano, Av. Garmendia, Av. Warnes, Av. Dorrego, Bonpland, Av. Córdoba, Dorrego, Av. Alvarez Thomas.
Chacarita (1972): Av. El Cano, vías Ferrocarril General Urquiza, Av. del Campo, Av. Garmendia, Av. Warnes, Av. Dorrego, vías del Ferrocarril San Martín, Av. Córdoba, Av. Dorrego, Av. Alvarez Thomas.
Villa Crespo (1968): Bonpland, Dorrego, Av. Warnes, Paysandú, Av. San Martín, Av. Angel Gallardo, Estado de Israel y Av. Córdoba.
Villa Crespo (1972): Vías del Ferrocarril General San Martín, Av. Dorrego, Av. Warnes, Paysandú, Av. San Martín, Av. Angel Gallardo, Estado de Israel, Av. Córdoba.
La ubicación del Mirador cambia de barrio con la modificación de la legislación. Ello no excusa del error por el que pedimos disculpas.
Deseando que el aludido triángulo no emule al “de las Bermudas” con desapariciones indeseadas, nos permitimos volver a ofrecerles, a continuación, una nota —que hoy cumpliría cinco años— con la que Rubén Derlis reflexionaba, con humor y amor barrial, sobre los límites impuestos.

Mario Bellocchio




Algunas apreciaciones sobre cuestiones fronterizas

Siempre albergué la sospecha de que si a los vecinos del barrio de Boedo en su límite con avenida Caseros, y principalmente a los que habitan el extremo nordeste, es decir, en Sánchez de Loria, se les preguntara cuál es su barrio, acaso no duden en decir que Parque de los Patricios, ya que por tener el parque propiamente dicho justo enfrente, grande debe ser la influencia de ese barrio en los moradores fronterizos de Boedo; tal vez algo similar ocurra con los que sientan sus reales en el ángulo noroeste de Caseros y avenida La Plata: acaso se identifiquen más con Pompeya o con Parque Chacabuco, puesto que allí coexisten tres fronteras, pero también puede que no sea así y se asuman plenamente boedenses, dado que la presencia del Gasómetro sanlorencista primero, y posteriormente el fuerte recuerdo del estadio en el imaginario colectivo, marcó de manera indeleble una de las características del ser de Boedo.
De no haber ocurrido tal como lo planteo, no sería como para desesperarse: el influjo de un barrio sobre otro en zona fronteriza siempre es muy fuerte en los habitantes de los límites, tanto que no pocos comparten un amor por ambos sin alienación ni dicotomías. Porque muchas veces lo hemos dicho: una cosa es el barrio que fija la ordenanza munícipe y otra el barrio que se siente. Lo mismo puede ocurrir, y siempre hablando de Boedo, en los algo más de trescientos metros que comparte de frontera con Caballito.
Pero lo que sí creo está libre de toda sospecha y no dudaría en afirmar es que una gran parte de los vecinos que viven desde la avenida Belgrano hasta Independencia —frontera entre Almagro y Boedo— se sienten más de este último que del primero, al menos los de una amplia franja que va desde la calle Treinta y Tres Orientales hasta Virrey Liniers, aproximadamente. Tal vez podría dudar en darles filiación boedense —soy consciente de que son de Almagro—, a los habitantes de ambos extremos, pero no tengo la menor duda de que aquellos que habitan la franja más pequeña desde Castro Barros hasta Maza y siempre desde Belgrano al sur se sienten de Boedo y no quieren otra cosa; este sentimiento de pertenencia se hace más fuerte e irreductible a medida que nos vamos acercando a Independencia. No sé de nadie que viva en Agrelo, pongo por caso —y siempre dentro de esta última franja— que no diga que es de Boedo, barrio que, como todos sabemos, comienza doscientos metros más hacia el sur.
Y esto no es así por capricho de vecinos empecinados; tiene una razón de ser que viene desde muy lejos: desde cuando Boedo era sólo una calle ancha, si bien la más importante entre otras que crecían simultáneamente, cuando las manos gringas derrotaban el malezal, y ya lo iban llamando barrio —sin intención peyorativa—, porque desde su nacimiento respiraba con autonomía. Y si bien fue necesario mucho empeño tesonero, en cambio no necesitó demasiado tiempo para mostrar que poseía vida propia: una dinámica cultural y un desarrollo comercial lo fueron definiendo con nítidos contornos; todo lo que se gestaba dentro de estos límites imprecisos para los de afuera, visibles para los de adentro, sería el espíritu y la materia que harían realidad al futuro barrio, que aún faltaba mucho para que se lo oficializara, pero que su gente sentía y nombraba como tal, por más que en sus inicios se lo conociera como Parroquia de San Carlos Sud y mucho después Almagro. No importó, tanto los primitivos boedenses como los que lo siguieron no convalidaron estas denominaciones: para el natural de este fragmento del sur, siempre fue Boedo.
Lo que resulta increíble es que enclaves boedenses de siempre —sin apelación posible—, no pertenezcan al barrio por cuestiones oficiales. Alguna vez estos errores deberán ser enmendados. La escuela más antigua (que todos los que pasamos por sus aulas llamamos “el colegio de Boedo”), según plano de la ciudad, está en Almagro, ya que se encuentra en la avenida Boedo antes de que ésta salve Independencia y entre en el barrio oficializado. Entonces, el primer establecimiento educacional que tuvo —y tiene— el barrio de Boedo se halla en el barrio de Almagro. Como si la Sorbona —sin comparar niveles educacionales, desde luego— estuviera en Roma.
La antigua fábrica de cigarrillos “La popular”, luego Massalin & Celasco, y mucho antes de todo esto taller de confección de Gath & Chaves, y hoy un centro cubierto de recreación deportiva, poseía una hermosa torre que remataba en una bella escultura; antaño, su gran reloj iluminado servía para poner en hora los relojes del vecindario y su carillón alertaba a su tiempo y a cada cual convocándolos a sus quehaceres: al amanecer llamaba al trabajo, al mediodía nos reunía para el almuerzo familiar y media hora después nos apuraba a la escuela, al atardecer reunía a los novios para la cita junto al buzón, y en las madrugadas aceleraba los pasos del trasnochador. Este gran ojo luminoso con campanas de alerta —el reloj de Caravanas, como lo conocía todo Boedo por la marca de los cigarrillos que allí se elaboraban— sobrevivió hasta fines del siglo XX, aunque ciego y mudo, en la esquina de México y Maza, que, según plano oficial de los barrios de la ciudad, pertenece al barrio de Almagro. Sus campanadas sobresaltaban a los vecinos de varias cuadras a la redonda —todos boedenses—, jamás su tañer se oyó en Rivadavia y Medrano, centro de la almagredad. Decir que esta esquina es de Almagro, es hablar en lunfardo en Beijing y pretender que nos entiendan.
Y un último ejemplo, para no abundar. En un excelente y documentado libro que leí con fruición: Almagro en el intento, de Omar Pedro Granelli, el autor hace un relevamiento de destacados almagrenses. Entre esta nutrida lista hay personajes que, sin dudar, catalogaría como boedenses. Uno sobre todo en especial: el poeta Atilio Jorge Castelpoggi, que fue de Boedo de y durante toda la vida. Siempre vivió fronteras adentro de la avenida Independencia —pleno Boedo y sin chistar—; en los últimos años se mudó a un noveno piso de Boedo 350, casi Belgrano, donde siguió goleando con viril poesía el arco de los autoderrotados, hasta que la Muerte —que jamás paga un pase— lo llevó de goleador poético para su equipo. Y por este último domicilio Granelli lo ubica como almagrense; para ello seguramente el plano de la ciudad le vino de perillas; pero uno no vive en un plano, y menos Castelpoggi, que respiraba boedad por todos sus poros. (Entre paréntesis me digo que falta en esa nómina Alfredo Carlino, que nació en Yapeyú y México —que también sería Almagro según el remanido planito— y que ahora habita en 24 de Noviembre e Hipólito Yrigoyen, sin que por ello el poeta sea de Balvanera, ya que él se sabe y se siente boedense de toda la vida.) Creo que en estos casos —y perdone el autor de ese hermoso libro— nada mejor que preguntarle al interesado —cuando ello aún es posible— qué barrio asume como propio, porque, a riesgo de exagerar, diría que viviendo en otro país, e incluso habiendo tomado carta de ciudadanía, nunca se dejará de ser argentino, y si se es de Boedo, mejor ni hablar.
Siempre los límites barriales se han prestado a confusión, tal vez porque los planos municipales se pergeñaron sobre tableros de dibujo de acuerdo a pautas burocráticas marcadas por las intendencias de turno, haciendo poco caso —o tal vez ninguno— de los sentimientos de aquellos que viven y palpitan la intensidad de un territorio que sienten como propio, y en este sentir, las diferencias de unas cuadras generan ciertas ansiedades con respecto al lugar de pertenencia. Y creo no equivocarme; si alguien no está de acuerdo con esta teoría —salgo de Boedo para no parecer boedotemático—, le sugiero que le diga a cualquier vecino de Coronel Díaz y Soler que él vive en Recoleta y no en Palermo, como seguramente cree; o a otro de Virrey Olaguer y Feliú y Ciudad de La Paz que él pertenece a Colegiales y no a Belgrano, como tal vez siempre supuso. Y después me cuenta.

Rubén Derlis



San Lorenzo
Devolución de un predio

Aprobación en primera lectura

El jueves 17 de mayo, se llevó a cabo la votación, en primera lectura, en la que la Legislatura de la ciudad aprobó la restitución de un predio en el barrio de Boedo, en terrenos que había ocupado el Viejo Gasómetro de avenida La Plata, al Club Atlético San Lorenzo de Almagro, para ser utilizado como Sede Social, Deportiva y Cultural.
La aprobación en primera lectura da comienzo al proceso de restitución del predio ubicado en Salcedo 4220, entre Las Casas e Inclán, y claramente asigna su utilización “como Sede Social, Deportiva y Cultural”.
Las comisiones de Turismo y Presupuesto de la Legislatura se encargaron de elaborar el texto de la norma —aprobada por 41 votos— basándose en las propuestas del diputado Francisco Talento y del jefe de Gobierno —responsable del veto de una legislación anterior sobre el mismo tema—.
Quedan por delante: el llamado a audiencia pública para que la ciudadanía pueda expresarse sobre el tema y la votación en segunda lectura, en la que se espera la sanción definitiva de la Ley.




La industria de la imbecilidad

Debemos confesar que nos formaron bajo una educación bizarra. En los últimos años no hay duda de que los gobiernos se encargaron de avances tecnológicos, de guerras, de la opresión que domestica. Trivialidad, bufonadas de lo cotidiano que petrifican lo sensible. Etiquetas fraudulentas cubrieron el sentido común en todo el planeta y un automatismo robótico generó la fatuidad vaciando todo contenido. Y aquí estamos, querido lector, aquí estamos. En el dogma de la ambición, la urgencia y la infelicidad.
G. C. Lichtenberg, a leerlo, ya lamentaba que la historia se compusiera únicamente del relato de los hombres despiertos. En 1951, Jean Schuster escribió: “Cuando, una noche, todos los explotados sueñen que es preciso terminar y cómo terminar con el sistema tiránico que los gobierna, entonces, tal vez, la aurora surgirá en todo el mundo, sobre las barricadas”. No deja de ser bello. Utópico y bello. Las familias bien constituidas no pensarán lo mismo ni las escuelas dominicales ni los espectadores que deliran con participar en Gran Hermano o Bailando por un sueño. Así es, todo mezclado, ricos y pobres, todo mezclado. El espíritu es otra cosa. De eso saben los artistas, los amantes y los solitarios. Sutil, el tema, cálida lectora.
¿Cómo hacer? nos preguntamos una y otra vez. La lectura puede ser un camino. Hay otros, sin duda. La lectura debe emocionarnos, de lo contrario nos embalsama, nos fosiliza. Alguien dirá que no es una obligación leer. De acuerdo. Alguien dirá que hay gente feliz sin libros y sin ópera y sin pintura. No nos oponemos. Ahora bien, ¿qué gente es? ¿Cuál es la felicidad, el gozo, el placer de sus vidas? ¿Cómo medirlo, cómo sentirlo, cómo saberlo? Bien, sigamos. Uno no dice que nos da felicidad la lectura. También nos aproxima al dolor, a la angustia, a la existencia. A una realidad diferente. Teóricamente nos hace más profundos, más humanos. Por otra parte, advertimos que sobrevive la mediocridad y sucumbe la mirada crítica. Se perpetúa la industria de la imbecilidad.
La humillación implantada por los grandes medios de comunicación se convierte en orgullo. Mojamos la medialuna con placer mientras vemos crímenes, violaciones, casas destruidas y pornografía. Hay gente feliz sin libros, qué duda cabe. Está lo formal y lo vulgar, los profesionales que se lavan los dientes con prolijidad, se miran al espejo y sonríen. En el fondo una sociedad que ostenta apatía, movida por fuerzas de una ignorancia supina. La maquinaria está en marcha una vez más. Con nuevas técnicas, con formas disimuladas. Coordina una voluntad envenenada. El resentimiento, el sentido de inferioridad. Mientras tanto lo pasamos lo mejor posible. Cerramos los ojos, la culpa está en otra parte, la responsabilidad también. ¿Somos infieles? ¿A qué somos infieles? Y eso de la fidelidad ¿cómo se construye? Y la felicidad, ¿qué es la felicidad? Esta sociedad -tal vez no quiera verlo, tal vez le moleste lo que hoy escribo, tal vez me odie sin conocerme- esteriliza hasta el vacío absoluto. Después vienen los delirios colectivos, la señal de los tiempos, las fachadas monótonas, los almuerzos familiares, los cumpleaños de quince. La broma deja de ser graciosa, la adulación se convierte en hábito, la fatuidad un latido de nuestro corazón. Pero en el fondo —usted sabe tan bien como yo— la verdad está en el amado y en la amada, en el instante en que sus miradas se aíslan de la Tierra , en el momento en que sus cuerpos flotan. Y son primitivos, lúcidos, rebeldes.
Nuestro querido John Berger lo explica mejor: “El perfume me devuelve a mi primera infancia, al primer jardín que conocí, y de pronto, desde aquel tiempo tan lejano, vuelven ambos olores, desde mucho antes que el lilio o la mierda tuvieran nombre para mí”.

Carlos Penelas




En La Boca: tornillos alrededor del maestro

Por primera vez aparecieron las paradas del 29 y el 53. Y por primera vez pasé frente a la puerta, en la ochava, del café y bar Roma, en la esquina de Almirante Brown y Olavarría. Caminaba, y, como corresponde, hacía unos momentos, había visto Casa Amarilla desde el colectivo y el estadio de Boca desde el bondi.
Llegué en transporte público de pasajeros hasta Pedro de Mendoza, a unos metros del esqueleto negro puente y desde un cuarto piso sobre la negrura Riachuelo miré sobre costanera y agua o lo que queda de ella, miré sobre algún barco y quizá sobre un puñado de pájaros que volaban rasantes sin importarles la contranoche tan cerca del pecho.
En el cuarto piso con balcón vive Salvador Linares, crítico de arte, un hombre de la cultura, pero, por sobre todo, un amigo, un buen tipo, galardón que no está a mano de cualquier atontado en estas épocas destempladas. No se lo dije, pero yo estaba en La Boca, en sábado a la tarde, debido a su escritura. Llevé papel impreso, eso que siempre lleva encima, eso que siempre transporta cualquier escriba o lector: libros, periódicos, revistas, puro intercambio. A las tres me esperaban en una esquina, o pensé que así iba a ser, y la visita fue corta.
Al final de cuentas, las tres de la tarde llegaron con el aroma de la demora y entonces tuve una hora para caminar. Fue cuando vi por primera vez las paradas del 29 y el 53, cuando el Roma, porque a la ida sólo pensaba en la mujer con la que me iba a encontrar.
Una piba rubia caminaba por la vereda de enfrente. Un grupo de trabajadores se aplicaban al arreglo de una vereda. Uno de ellos detuvo las actividades e inició el silbido característico que nace cuando grata damisela se desliza en las cercanías. Pero es sabido que hoy es la distancia la que autoriza el silbido. Decir qué linda refugiado en la distancia, decir qué linda con la bocina del auto, gritar qué linda desde la velocidad de un camión. Un intento de decir que en nada puede cambiar el paisaje, pero el hombre se muestra feliz, realizado, cuando, en definitiva, ella no se entera.
Ropa en los balcones, en los viejos balcones de un edificio, en su frente, pintado de un rosa sucio, se lee su nombre; alguna vez el edificio fue nido para La Victoria en letras verdes, no hay más datos, persiana baja y silencio, ¿qué habrá sido La Victoria? Sólo ropa en los balcones y el sol de la tarde. Cerca de esta victoria olvidada sigue en su lugar la Casa Natale de pastas frescas, ni muy vieja, ni nueva, en el mientras tanto de los días, ni ametrallada de dicroicas ni de moho.
Otra vez aparecen las paradas del 29 y el 53, y entonces, en la cercanía del puente negro, alcanzo a leer el cartel: Obras públicas de la Ciudad: Reacondicionamiento y puesta en servicio del transbordador Nicolás Avellaneda. De puro óxido el paisaje, un portón bajito de dos hojas se abisma al borde del Riachuelo, nada más. Cemento y madera podrida en los alrededores, en los cimientos del puente; botellas plásticas vacías como posible marca de nuestra época, marca que flota en un mismo lugar y sin para qué. Ramas muertas y árboles creciendo desde la mugre flotante y la madera, pilotes solitarios, no logro imaginar a qué construcción pertenecieron. Las palomas velan los restos del animal.
Dos botes cruzan el Riachuelo, en la otra orilla, el otro puerto, hay una pequeña casilla de madera pintada de amarillo. La piba rubia que nunca escuchó el silbido del hombre que arreglaba la vereda caminó por la rampa hacia el bote. Las barandas están pintadas de varios colores: naranja, amarillo, verde, azul, tienen un tramo cubierto con un techo plástico, y el bote es de color rojo y verde. Un muchacho de barba, de unos treinta y cinco años, recibe las monedas que la piba rubia paga para llegar al otro lado. Alrededor de ellos flotan los desperdicios y los sonidos metálicos desprendidos del otro puente; a la izquierda de la pantalla, señor, señora, el puente joven se queja desde sus metales bajo el veloz paso de un camión de Cliba.
Salvador Linares me invitó a La Boca desde las páginas del periódico de la SAAP (Sociedad Argentina de Artistas Plásticos) del mes de mayo: Lo que más desorientaba a la “intelligentzia” vernácula era comprobar cómo alguien —desde un origen y un lugar tan humilde— se atrevía a ser totalmente original a partir de sus propias vivencias y conclusiones prescindiendo de las academias y las influencias europeas. Los encargados de proclamarlo estaban ante el primer auténtico pintor nacional y no se daban cuenta. Sí, en cambio, los hombres comunes y los intelectuales del campo popular. Ellos supieron, desde un primer momento, que asistían al surgimiento de un artista argentino de proyección universal. Quinquela Martín (1890-1977) entraba en escena: La Boca que recorrió Quinquela en su infancia, era tan gris como es Barracas hoy, unas cuadras más allá. Si bien su colorido se manifestaba incipiente en algunas de las casas de chapa pintadas con el sobrante de las pinturas de los barcos, la explosión policromática que hoy ostenta, es un montaje ideado por el artista para que el barrio se asemejara a sus telas. Así La Boca se parece a sus cuadros, y no al contrario. El mismo cuenta —y hay quien lo recuerda— que periódicamente distribuía pintura entre los vecinos e instrucciones de dónde y cómo tenían que aplicarla; lo mismo que para su conservación hace hoy la comuna. Linares afirma: Esa constituye otra de sus virtudes imponderables: habernos convencido que su visión era la genuina imagen de esa ribera que abraza la Vuelta de Rocha y no la menos deslumbrante que en realidad enfrentamos. [...] Quinquela no olvidó que era más que nadie un hijo del pueblo y cuando le llegó el triunfo quiso compartirlo con él de una manera concreta. Así comienza su obra filantrópica con la donación de diversos establecimientos educativos y de salud destinados principalmente a niños y jóvenes, haciendo valer una de sus frases: “Los hombres no valen por lo que tienen, ni siquiera por lo que son, valen por lo que dan”.
La gran muestra de la obra de Quinquela estuvo colgada hasta el 3 de junio en el museo que lleva su nombre, donde también funciona una escuela, y que fuera domicilio del pintor. Linares informa que la muestra no tuvo espacio en los medios de comunicación; quizá, se me ocurre, otra hubiese sido su relevancia si el artista se hubiese dedicado a las instalaciones y al concepto.
Entre las pertenencias del pintor, puede observarse el atuendo que usaba Quinquela a la hora de entregar la orden del tornillo: vieja casaca y gorro de azul y oro militar cuyos botones fueron cambiados por tornillos. En la misma vitrina reposa un ejemplar de tornillo de madera, casi medio metro de altura alcanza la distinción, tornillo atornillado en una sola pieza a la base, a un lado de ésta descansa un gran destornillador; era todo lo necesario para distinguir a aquellos que se destacaban en el arte popular; la ceremonia de entrega se realizaba en medio de una comilona de fideos.
La invitación de Linares siguió su curso y me llevó, días después y sin previo aviso, hasta el escritor Joaquín Gómez Bas (1907-1984), amigo de Quinquela, a su inolvidable novela La comparsa y a uno de sus momentos. Calixto Ribas, el personaje de la historia, relata: [...] Al sábado siguiente me llevó al lugar prometido. Café Tortoni. Bajé con paso indeciso la escalera del sótano, almohadillada con alfombra de esterilla. Sobre la pared del recodo unas letras enmarcadas informaban sobre la finalidad de la cueva. “La Peña. Agrupación de Gente de Arte y Letras”. Alrededor de unas mesas cuadradas se apretaba la concurrencia dicharachera, los rostros esfumados en la compacta humareda del tabaco. En abundancia, cuadros y esculturas de distintos tamaños y tendencias. Ante las recomendaciones de Bardisone a favor de la pianista que hacía su presentación, Calixto Ribas encasilla a los oyentes: [...] Tilingas en posición de embeleso, viejas juanetudas respirando profundo y abanicándose la papada, jovencitos con el rostro ciano reblandecido con los ojos fijos en la porción de pianista que rebasaba del área del taburete. Entre ellos, los artistas de la plástica y de las letras, localizables por las crenchas al descuido, por la chalina llorosa o por la pinta de conductor de carroza fúnebre. Bardisone le presenta al mismísimo Quinquela, antes lo informa de que el quía Es el que diseca el bacalao en este antro. Calixto lo describe: [...] Cráneo ovoide, mondo y reluciente; ojos inquisidores, con apagones de mansedumbre; pómulos agresivos; abundante nariz picuda, y en toda su prestancia un no sé qué de andaluz señorito que alterna con el populacho sin olvidar su abolengo. Bardisone había avisado que Calixto quería decir algunas palabras en la peña, entonces Quinquela lo advierte: [...] Aquí no le llevamos el apunte a los recitadores. Tienen que ser versos propios. Cada poeta dice lo suyo... Corto, ¿eh? Cinco minutos. La gente no aguanta más. Se duermen todos...
El recorrido se termina, la muestra de Quinquela (plenitud en la serie del fuego, en las obras no tan vistas, en la mayoría de sus aguafuertes) sin difusión; los libros de Gómez Bas (Barrio gris, Oro bajo, Suburbio) sólo para buscadores en librerías de viejo; y las botellas plásticas, vacías sobre la noche del petróleo, algunos de los ingredientes hacedores del combo oferta de la época.

Edgardo Lois




NO HABRA MAS PENAS NI OLVIDO

¿Cómo puedo explicarles tal rareza
a cuantos ven la fama, las modas, el olvido,
el estruendo que pasa?
¿Quién fue Gardel?
O más: ¿quién sigue siendo?
Media vida en la muerte. Y no se nota
porque vuelve a cantar todos los días.
Pero el misterio es otro.
No es la suma
de la técnica a secas, de las cifras,
de algún pobre recuerdo interesado.
Es el empuje de su voz que salta
viejos tiempos y músicas y letras
para dar en el blanco, donde duele.

Gardel es la memoria del tango, ese chispazo
que nos arruga el corazón y canta.

Rafael Alberto Vásquez




Editorial:
La elección

Una vez más —y reconfortados de que así sea— hemos podido expresar nuestra voluntad ante las urnas. Los seudoencuestadores —los mismos gurúes de siempre, prestos a la información conveniente— han vuelto a equivocarse, aunque ahora, como siempre, tendrán a mano las explicaciones del caso: que los indecisos se volcaron a..., que no estaba previsto que...
La realidad salida del cuarto oscuro es, paradójicamente, clara: los finalistas para esta contienda son Macri y Filmus. Uno, reafirmando que la tercera es la vencida, logró treparse a un porcentual que no estaba ni siquiera en la mente del más optimista de sus adeptos. El otro, remontando la pendiente a la que lo sometió la presurosa convocatoria del actual jefe de gobierno.
Y un perdedor: el multimediático Telerman, al que no le alcanzaron las facilidades que da el ejercicio del poder, ni la catarata de cortes de cinta de última hora, ni la presurosa convocatoria, para disimular sus contradicciones, su regodeo con el poder heredado de manera confusa, cuando menos. Entre las reflexiones sugeridas surge una para el futuro inmediato: ¿ahora qué hacemos con los cinco largos meses para la entrega del poder? Es obvio que no estaba en los cálculos perder esta partida.
Un párrafo para nuestra izquierda, nuestra bulliciosa y empeñosa izquierda: ¿no habrá llegado el momento de hacer autocrítica y abandonar antinomias que no lo son, sutilezas antagónicas, matices de egoísmo personalista para darle algo de vigor a ese 7 a 8 % atomizado y estéril? O que alguien demuestre la eficacia de colocar uno o dos legisladores, cuanto mucho, que, ante la carencia de cohesión, terminan haciendo la suya en el entorno hostil.
Queda por delante la instancia de la segunda vuelta. La herramienta democrática para lograr la mayoría absoluta se presenta complicada para el ala progresista, si es que perdura el término. La dura pendiente de los 22 puntos de diferencia presenta agudas dificultades para el repecho, aunque la dualidad que ahora cobra vigencia, la reducción a dos de la multitud de ofertas electorales, brinda una oportunidad, que no debe ser desaprovechada, de exposición clara de propuestas y antagonismos.
Y después..., a pronunciarse nuevamente, responsablemente, generosamente, optando entre lo ofrecido por quien esté más cerca de la ciudad que queremos. Es lo que hay, dirían con crudo realismo los más jóvenes. Y la pelea hay que seguirla dando en el ámbito más propicio que podamos conseguir.

Mario Bellocchio




CULTURA GRATUITA

BAIRES POPULAR
Muestra de fotografías BOEDO y LA BOCA EN LOS 80
en el Café Margot, Boedo y San Ignacio.
Los parroquianos del “Homero Manzi” se entrecruzan con el paisaje boquense y su pintoresquismo, hace un cuarto de siglo.
Expone: Mario Bellocchio
Inauguración: lunes 18 de junio
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Todos los sábados de 11 a 14:
Mesa de publicaciones: ABC, Desde Boedo, Ediciones BP, Papeles de Boedo y otras publicaciones y ediciones barriales. En la vereda del Café Margot. Material fotográfico (Boedo antiguo) de la colección “Desde Boedo”, restaurado por Mario Bellocchio.

Primer sábado de cada mes a las 17: presentación del ciclo
Buenos Aires esquina Boedo, en Esquina Osvaldo Pugliese (C. Calvo esq. Boedo). Presentaciones, charlas e ilustración musical.

Entérese y participe en nuestras actividades culturales:
periodicodesdeboedo.blogspot.com
bairesp.blogspot.com


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DE JULIO A DICIEMBRE
CICLO DE CINE GRATUITO EN “LA BALEAR”
El imprevisto cierre que soportó la Casa Balear —ya superado— obligó a la postergación del inicio del ciclo de cine programado juntamente con el CGPC5. BAIRES POPULAR ofrece las disculpas del caso e invita a los vecinos a participar, los primeros viernes de cada mes hasta diciembre, en la proyección gratuita de importantes películas nacionales.
Iniciamos el viernes 6 de julio a las 19.30 con “Luna de Avellaneda”.

EL PRIMER VIERNES DE CADA MES A LAS 19.30
En Colombres 841
Presentan: BAIRES POPULAR - CASA BALEAR DE BS. AS. - CGP COMUNAL 5

6 DE JULIO: Luna de Avellaneda (2004), Dir. J. J. Campanella.
Cortometraje: Palma (de Mallorca), una ciudad en azul.
3 DE AGOSTO: Tiempo de valientes (2005), Dir. Damián Szifron.
Cortometraje: Parques nacionales.
7 DE SEPTIEMBRE: Derecho de familia (2006), Dir. Daniel Burman.
Video: Ibiza y Formentera. Documental sobre ambas islas.
5 DE OCTUBRE: El abrazo partido (2003), Dir. Daniel Burman.
Cortometraje: Días de vino. Industria vitivinícola en Mallorca.
2 DE NOVIEMBRE: El último payador (1950), guión y dirección de Homero Manzi. Homenaje en el centenario de su natalicio. Protagonizada por Hugo del Carril.
Cortometraje: Un país en la mochila. Mallorca. Documental sobre la mayor de las Islas Baleares.
7 DE DICIEMBRE: Historias mínimas (2002), Dir. Carlos Sorín.
Cortometraje: Un país en la mochila. Menorca.

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BAIRES POPULAR, los periódicos ABC y DESDE BOEDO y la revista HISTORIAS DE LA CIUDAD participan en la
PRIMERA FERIA DEL LIBRO DE HISTORIA DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES
conmemorando su FUNDACION
PATIO de la CASA DE LA CULTURA (p. baja)
Av. de Mayo 575 y/o Rivadavia 576
ENTRADA LIBRE Y GRATUITA

Exposición y venta de libros de historia de la Ciudad de Buenos Aires
organizada por la Junta Central de Estudios Históricos juntamente con el Ministerio de Cultura GCABA, del 11 al 16 de junio de 10 a 17.

CICLO DE MUSICA
“Buenos Aires y su música”. Patio de la Casa de la Cultura, 13 hs.
LUNES 11: Esteban Riera (Tango)
MARTES 12: Quique Condomí (Fusión Ciudadana)
MIERCOLES 13: David Sotelo (Candombe y...)
JUEVES 14: Antonio Birabent (Rock)
VIERNES 15: Miguel de Caro (Tango)
SABADO 16: Coco Romero y La Matraca (Murga)

CICLO DE CINE
“Buenos Aires en el cine”. Sala de Proyecciones, Casa de la Cultura, 17 hs.
LUNES 11: “Pizza, birra, faso”. (1997)
MARTES 12: “El abrazo partido” (2003)
MIERCOLES 13: “Sol de Otoño”. (1996)
JUEVES 14: “Derecho de Familia”. (2005)
VIERNES 15: “Moebius”. (1996)

EN EL SALON DORADO:
Espectáculos de Tango a las 19 hs.
Lunes 11: Adolfo Gómez Trío con Alberto Podestá.
Miércoles 13: Quinteto Típico Buenos Aires con Gabriel Domínguez.
Viernes 15: Daniel Viacava Trío con Karina Rivero

ORGANIZAN:
Ministerio de Cultura - Subsecretaría de Patrimonio - Comisión de Patrimonio -
Instituto Histórico - Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken - Junta Central de Estudios Históricos de la Ciudad de Buenos Aires.


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MUSEO MONTE DE PIEDAD
(Boedo 870, 2º piso por escalera)
Tel.: 4 931-8204/ 4 931-1605; Fax: 4 932-4680,
E-mail: museo@bancociudad.com.ar

HORARIOS DE VISITA AL MUSEO:
Lunes, miércoles y viernes de 10 a 17.
Martes y jueves 10 a 20.
VISITAS GRUPALES: concertarlas telefónicamente.

CURSOS en el Museo Monte de Piedad
Seminario: TEATRO ARGENTINO

“La conmoción de la vida”. De la Ranchería a Teatro Abierto.
A cargo del Profesor Leonardo Busquet
Del 31 de mayo al 19 de julio, todos los jueves de 18 a 20 hs, en el auditorio del Museo Monte de Piedad -Av. Boedo 870, 2º Piso.
Cupos limitados - Informes: a las direcciones del encabezado

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MUESTRA COLECTIVA
de documentalistas de Acción Fotográfica
Librería “El gato escaldado”- Independencia 3548
Desde el 30 de mayo al 30 de junio
AF - www.accionfotografica.com.ar

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ESPECTACULOS EN BARES NOTABLES
Los espectáculos se realizarán en el marco del programa de revitalización de los Bares Notables perteneciente a la Comisión de Protección y Promoción de los Cafés, Bares, Billares y Confiterías Notables, que coordina la Subsecretaría de Patrimonio del Ministerio de Cultura de la Ciudad.
Informes:
programacionbaresnotables@buenosaires.gov.ar

* JAVIER DI CIRIACO (Tango) - Viernes 8 y 15 de a las 20.
EL PROGRESO. Montes de Oca 1700 (Barracas). Tel.: 4 301-0671

* CUARTETO CATENACHO (Tango Instrumental) - Viernes 9 y 16 a las 18.
CAFÉ DE GARCIA - Sabria 3302- (Devoto) - Tel. 4 501-5912

* ARCANO (Folklore). Domingos 3 y 10 a las 19.
BAR OVIEDO - Lisandro de la Torre 2407 (Mataderos) - Tel 4 687-8690

CICLO FAMILIAS NOTABLES
* LITO VITALE Y LILIANA VITALE (Hermanos) - Viernes 1º a las 19
36 BILLARES - Avda. de Mayo 1265/71 (Monserrat)

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LA ORUGA
Biblioteca pública de La Oruga:
todos los sábados de 16 a 19 hs en la plaza de México y Jujuy.
E-mail: laorugacolectivoautonomo@yahoo.com.ar
Página web: www.laorugaweb.com.ar

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TEATRO LEIDO
Ciclo de presentación de las últimas obras del grupo de dramaturgos que integran Susana Torres Molina, Susana Gutierrez Posse, Susana Poujol, Víctor Winer, Héctor Lewy-Daniel, Jorge Huertas, entre otros, como teatro semimontado con actores como Rita Terranova, Carlos Belloso, entre otros.
Los 2os. lunes de cada mes en distintas bibliotecas públicas
Consultas: 4 811-0867 int.102 - ENTRADA LIBRE Y GRATUITA
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ACADEMIA DE HISTORIA DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES
“Buenos Aires, hacia el Bicentenario”
Casa del Virrey Liniers, Venezuela 469
Los martes de 19 a 20.30 hs

Martes 5 de junio: Elisa Radovanovic y José María Peña : La ciudad colonial, escenario urbano y arquitectónico
Martes 12 de junio: Enrique Mario Mayochi: Cultura y Educación en el Buenos Aires de las invasiones.
Martes 19 de junio: Carlos Moreno y María del C. Magaz: Artes y Oficios en la primera década del siglo XIX.
Martes 26 de junio: Daniel Schávelzon, Maxine Hanon y Sandra Condoleo: La vida cotidiana porteña.

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Junta de Estudios Históricos del barrio PARQUE CHACABUCO
Ciclo de conferencias
(el tercer jueves de cada mes a las 19)

Jueves 21 de junio:
“Tango y medicina”, por el Dr. Donato De Palma.

Jueves 19 de julio:
“El pintoresco Clemente Onelli en Buenos Aires”, por el Dr. Carlos Trueba.

Jueves 16 de agosto:
“La música en el barrio P. Chacabuco”, por el maestro Mario Valdéz.

SAN JOSÉ DE CALASANZ 1059
(Salón de la parroquia Santa Isabel de Hungría)
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Presentación del libro de
Carlos Penelas
El Centro Betanzos / Ediciones se complace en invitarlos a la presentación del libro Romancero de la melancolía, de Carlos Penelas,
con ilustraciones originales de Juan Manuel Sánchez.
Interpretará fragmentos del poemario Onofre Lovero.
Actuará, especialmente invitado, el Grupo de Música Tradicional de la Fundación Xeito Novo.
Sábado 23 de junio a las 19, en el Salón Geno Díaz
del Centro Betanzos de Buenos Aires, Venezuela 1536.
Al finalizar, se servirá un vino de honor.

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CONCURSO “UN POEMA PARA HOMERO”
BAIRES POPULAR llama al concurso de poesía “Un poema para Homero”,
en conmemoración de los cien años del nacimiento de Homero Manzi.
Primer premio: $ 500 y medalla;
Segundo premio: medalla.
También se otorgarán menciones.
La participación en este certamen no tiene costo alguno. Las bases pueden retirarse todos los sábados (de 11 a 13,30) en la mesa de Baires Popular: Boedo y San Ignacio esquina del café “Margot”; en la librería “El gato escaldado”, avenida Independencia 3548, Capital (de 10 a 13 y de 15,30 a 20,30); o pedirlas por correo electrónico a:
o “bajarlas” del blog:
La recepción de material cierra el 31 de agosto de 2007.